Las 7 Leyes Metafísicas ; Principio de Correspondencia

Principio Correspondencia

LEY DE CORRESPONDENCIA – MI MUNDO INTERIOR, CREA MI MUNDO EXTERIOR.
“Como es arriba, es abajo, “Como es adentro, es afuera”.
Esta ley de correspondencia a mi parecer es básica y una de las más importantes, para que tener coherencia en todo lo que hago y recibo de la vida.
Establece que lo de afuera es una proyección de lo de dentro. Tu mundo exterior es un fiel reflejo de tu mundo interior.
Lo que es arriba es una proyección de lo que es abajo y viceversa.
Esta ley declara que puedes saber lo que está pasando dentro de ti con solo fijarte en lo que está pasando a tu alrededor.
Y puedes conocer cómo es el universo y otras dimensiones, tan solo observando tu interior.“Conócete a ti mismo y conocerás el universo”.
La Ley de la Correspondencia tiene aplicaciones sin fin. Por ejemplo: considerando en un hombre el cuerpo físico como el “abajo” y su mente como el “arriba” decimos: “como es el pensamiento de un hombre así es su cuerpo”.
Puede ser: “mente sana en cuerpo sano”, o cuerpo enfermo como manifestación de pensamientos distorsionados.
Afortunadamente en las enseñanzas de Hermes “el tres veces sabio” la enfermedad viene de la mano con el remedio: “Cambia el pensamiento y sanarás tu cuerpo”.

En el cuerpo humano todo es mente. Cada célula es inteligente y guarda la información que precisa. Además tiene la habilidad de comunicarse instantáneamente con las demás células. Estas capacidades son reales, pero no podemos verlas ni tocarlas.

Por ejemplo: nos hacemos daño en el dedo gordo del pié e inmediatamente el sistema nervioso y el cerebro lo saben. Como resultado el dedo golpeado recibe la dosis adecuada de aquello que necesita para cicatrizar la herida y combatir una posible infección.

De la misma manera, en el universo también sucede esta compensación regenerativa, Todo es Mente, combinados con la fuerza del sentimiento, contenido en nuestro espíritu.

Cada célula del macrocosmos, llámese hombre, planeta, sistema solar o galaxia, posee proporcionalmente el grado de inteligencia que necesita. La interconexión entre ellas y la Mente que las gobierna también es perfecta: el Todo afecta las partes y las partes influyen a su vez en el Todo.

Puede ser que un hombre sea más pequeño que la más microscópica brizna de polvo en la galaxia, pero si un ser humano cambia, invariablemente estará alterando la esencia misma de todo el universo.

Con gratitud. Carolina Salameh

 

 
 
 
 
 

Relaciones humanas, fractales, y la ley de las dependencias

por David Topí · 

Hace unos 2.500 años, un filósofo indio llamado Kapila formuló una doctrina que explicaba los orígenes del universo, y toda la vida consciente del mismo. Sus conceptos incluían la teoría del «quinto elemento», conocida por muchos gracias a la alquimia y varios textos herméticos, y precedían a las enseñanzas de Aristóteles y Platón. La filosofía de Kapila se denomina samkya, y se erigió en una de las seis escuelas de la filosofía india clásica, siendo tan importante su incidencia que tuvo consecuencias trascendentales en el pensamiento metafísico budista y la filosofía griega, y extendiéndose hasta la Edad Media a través de los alquimistas europeos. Las huellas de la filosofía samkya aparecen en enseñanzas tales como las diferentes escuelas rosacruces, el “cuarto camino” de Gurdjieff, la masonería, la teosofía, el gnosticismo, etc.

Kapila decía que la conciencia pura e indiferenciada ha existido siempre, que ha estado irradiando eternamente, sin principio ni fin, a través del espacio y el tiempo, expresándose a través de una serie de principios que, en conjunto, podemos generalizar como energía consciente en movimiento. Para manifestar lo que entendemos por la “Creación”, la energía se condensa en cinco estadios o formas diferentes (elementos), que actúan como bloques de construcción de toda manifestación material, en diversas permutaciones y combinaciones. Estos elementos, todos los cuales proceden del primero de ellos, que los griegos llamaron éter, o en sanscrito se llamaba akasha, son el Aire, el Fuego, el Agua y la Tierra.

Esta antigua lista de elementos es un método rápido para clasificar toda la materia manifestada, y es la base de muchas enseñanzas esotéricas, alquímicas, mágicas y ocultistas de manipulación de la componentes de la realidad según su estado, cada uno con unas propiedades determinadas, que se denominan colectivamente tattwas, un término que viene a designar todas las cosas que poseen esencia, y hay sistema completos destinados a estudiarlos y aprender a manipularlos a voluntad. Todo lo que podemos percibir en nuestro plano terrenal se compone de uno o más de estos cinco elementos combinados de varias maneras y en diferentes proporciones. Así mismo, es también la base para la medicina tradicional china, intercambiando y modificando alguno de los nombres de los elementos, y de otras filosofías orientales derivadas de las escuelas místicas de la india.

De la misma manera que estos cinco elementos se combinan para darnos los bloques básicos de construcción de la realidad (partículas cuánticas, partículas subatómicas, átomos, etc.), y nada puede existir sin que haya una relación interdependiente de los mismos para conseguir cualquier otra cosa, los seres humanos nos relacionamos para generar la experiencia de la vida humana, y nada se puede conseguir sin la existencia de estas relaciones.

La relacionalidad de la vida humana

En los años 80, un filósofo llamado James Care escribió que la manera en que las personas solemos ver el mundo hoy en día está totalmente en contra a como la vida nos ha creado para verla [originariamente, antes de las varias manipulaciones genéticas sufridas]. Las relaciones humanas entre dos personas, por ejemplo, están basadas en una interacción que suele durar una duración finita de tiempo, que tiene una serie de reglas y normás para que se lleve a cabo, y en la cual, en muchas ocasiones, de esa interacción sale alguien que gana algo, y alguien que pierde algo (en ello se basan los deportes, el mundo financiero, educativo, la economía en la que se sustenta nuestro día a día, etc.). Es un tipo de relación en el que siempre prevalece el individualismo y el servicio a uno mismo. Sin embargo, decía James Care, este individualismo y las sociedades basadas en el mismo no son más que una ficción, ya que no existe tal cosa como un único individuo separado de su contexto y aislado, que pueda existir y desarrollarse como tal sin apoyarse en los demás y necesitarse mutuamente, sino que toda la experiencia humana está constituida por roles y relaciones entre nosotros, ya que vivimos en el mundo, y somos parte del mundo, o, como dice un mantra que suelo usar mucho para recordar mi porqué en esta encarnación: “soy una célula en el cuerpo de la humanidad, y estoy al servicio de la totalidad”.

Todos dependemos de todos

No hay nada que el ser humano pueda llevar a cabo sin tener en cuenta los elementos y personas que le rodean. Sabemos, y hemos hablado en otros artículos y conferencias, que es el programa ego de gestión de nuestra psique lo que nos da la ilusión de la separación y de la individualidad, y lo que nos hace vernos como seres aislados, pero todo lo que hacemos y somos depende de todo lo demás, y nada puede ser hecho o alcanzado sin tener en cuenta las relaciones con objetos, elementos y personas involucradas, por lo que la filosofía de vida que está más alineada con nuestro propósito y función no es nunca la filosofía de la individualidad, sino la de la relacionalidad e interdependencia de todos con todos. En este aspecto, todos necesitándonos a todos, y todos trabajando con todos, es una forma de existencia que fluye con los principios de la vida que rigen el planeta, sin principio ni fin, un tipo de relación con el entorno, los otros reinos de la naturaleza y el resto de la raza humana donde el enfoque está puesto en reforzar los lazos y las conexiones de las que penden nuestros crecimientos mutuos, para poder resolver situaciones cada vez más grandes con la fuerza de la unidad.

Para solventar paradojas a la hora de entender bien el concepto de individualidad contra el que James Care escribe, hemos de ver a esta principalmente como un componente en el trabajo personal de mirar hacia nuestro interior para conocernos mejor, sanarnos, desprogramarnos, autoevaluarnos y observarnos, etc., ya que es el único aspecto que nadie puede mirar o hacer por ti, y del que no dependes de nadie para poder hacerlo, pero si que puedes necesitar a los demás para ayudarte a ello. Pero, perfectamente alineado, resulta también que el trabajo de cambiar en nuestro interior para poder cambiar el mundo exterior pasa también por ver esa ilusión de individualidad en lo más recóndito de cada uno, y ya cuando hemos removidos unas cuantas capas de filtros, velos y programas mentales, aparecen atisbos de que viajando hacia el interior de ti mismo para cambiarte y crecer, llegas al corazón de los campos de consciencia que unen todas las cosas y todas las personas, volviendo a darte cuenta que el mundo exterior, de nuevo, cumple con las ideas a rajatabla de que todo depende de todo, y que los límites que nos ponemos para definir donde termino yo y donde empiezas tu son solo una construcción de la mente, en la parte más terrenal de los múltiples niveles que componen nuestra existencia.

La ley de correspondencias

Los antiguos filósofos ya se dieron cuenta de que si todo depende de todo y todas las personas dependen de todas las personas, debe haber algún tipo de ley cósm
ica o universal que rija estas dependencias. Hace un par de años, en este otro artículo, ya explicamos porqué se corresponden ciertas cosas con ciertas otras cosas, basándonos en la ley de las octavas.

Habréis leído hasta la saciedad que lo que buscas “ahí fuera” lo tienes entrando “hacia dentro”. Porque es lo mismo. No es que seamos parte del universo. Es que todo el universo es parte de nosotros, está en nosotros. El más absoluto infinito se concentra en la parte más pequeña de cada una de nuestras células. ¿Es esto correcto? ¿Cómo puede algo “finito” como nosotros, un ser humano, “ser” algo infinito como el Universo?

Fractales infinitos

La respuesta está en lo que se llama un fractal. Un fractal es una representación geométrica que puede ser dividida hasta el infinito y conserva su misma forma, estructural, potencial, etc. Fijaros en la figura siguiente. Es la conocida estrella de David, símbolo de muchísimas culturas que se pierden en la antigüedad (y mal apropiada por alguna actual). Imaginaros una de vuestras células, la más pequeña, como el círculo que rodea la figura. Este espacio es finito, está acotado, es fácil de entender que tiene límites. Ahora insertamos una figura geométrica en su interior, un triángulo equilátero, mejor dicho, dos. Uno hacia arriba, y otro hacia abajo. Buscamos una representación geométrica que nos explique cómo el infinito puede estar contenido en algo finito, y este es el modelo que lo explica.

¿Y por qué dos triángulos y no otra cosa? Porque representan la dualidad de nuestro universo y la doble polaridad de todo lo que existe. Existimos en una realidad en la cual percibimos que no existe blanco sin negro, ni frío sin calor, una cosa y su contrario, por eso este símbolo representa la dualidad. ¿Es correcta esa percepción? No. Todo funciona por triadas, y al ser humano le falta ver la realidad a través de la tercera energía o polaridad, la energía neutra o equilibrante, pero por la manipulación de la esfera de consciencia sufrida en los albores de nuestra creación no podemos ver los tres componentes que forman todo lo que existe, y por eso vivimos bajo la ilusión de la dualidad.

Volviendo a la figura, en estos momentos seguimos teniendo un espacio finito (el interior del círculo) acotado por la circunferencia que representa ser un átomo nuestro, una célula o nuestro cuerpo entero, el límite que defina no tiene importancia. ¿Cómo metemos algo infinito en ello? Si para cada uno de los nuevos triángulos resultantes vamos añadiendo más triángulos, dividiendo estos que ya hemos creado, tal y como veis en la figura siguiente, volvemos a obtener nuevas estrellas de David de tamaño menor, pero siempre totalmente completas, con las mismas características y propiedades que la estrella “madre”, los mismos ángulos, las mismas proporciones, etc.

Cada una de esas divisiones crea la misma forma que el dibujo original, y lo que es mejor, podemos seguir así hasta el infinito, porque cada estrella nueva que se crea, puede ser dividida de nuevo hasta donde queramos, suponiendo que pudiéramos tener un microscopio tan potente que nos permitiera ver esas subdivisiones tan pequeñas hasta el infinito. Y, además, para cada nivel en el que dividimos, tenemos un nuevo círculo que lo rodea que representa el límite ilusorio de algo acotado que tiene ese subnivel.

Todo conectado con todo

Gracias a este proceso existe el infinito dentro de un espacio finito y esta es la respuesta que nos permite entender cómo todo el universo puede estar dentro del más pequeño de nuestros átomos, porque cada célula nuestra es un fractal que está conectado con todo el universo que existe en la célula, persona o silla de al lado (tal y como están conectadas entre sí todas las mini estrellas de David que salen en la figura). Es la ley de la correspondencia hacia arriba, o hacia abajo, hacia dentro o hacia afuera, es el modelo de las relaciones humanas, de la vida, de la consciencia, en cualquier plano, en cualquier dimensión, en cualquier nivel.

El infinito, el universo y todos sus planos existenciales están en nosotros y una parte del Todo no puede existir sin la parte de al lado. No existe individualidad como tal, como concepto de una parte aislada del resto que pueda hacer algo sin la concordancia y existencia del resto de partes que forman el conjunto mayor al que pertenece. Y, por el mismo motivo, no existe acción, por pequeña que sea, que una de las micro-micro-figuras fractales realizara, que no afecte si o si a todo el conjunto, de ahí que no hay pensamiento, acción o energía movida, creada o emitida por el ser humano, que no tenga repercusión, en su justa medida, en todos y cada uno del resto de fractales de la Creación. El “efecto mariposa”, del cual seguro habréis oído hablar, nace de este concepto.

Todo está conectado, todo es interdependiente, todo afecta a todo, y quizás lleguemos a tener todos esta visión del mundo, en algún momento de nuestro periplo evolutivo como especie. Requiere algo que pocos humanos han llegado hasta el momento a ser conscientes en cada momento de sus vidas, pero es una de esas cosas que esperan a ser descubiertas más allá del velo de la ilusión de nuestra realidad percibida, manipuladamente, como individual y separada de todo lo demás.

PRINCIPIO DE CORRESPONDENCIA

El estudio del principio del mentalismo nos enseñó que con nuestro pensamiento creamos nuestra realidad. El segundo principio, denominado “de correspondencia”, te permitirá entender cómo y por qué a veces creamos situaciones negativas o desfavorables; por qué atraemos a personas que nos mienten, nos engañan, nos roban dinero, y demás. La comprensión de este principio es la clave para encontrar soluciones a esos problemas. De acuerdo con el libro El Kybalión, el principio de correspondencia dice textualmente “Como es arriba es abajo; como es abajo es arriba”. En el Universo todo se corresponde entre sí: tal como es aquí abajo, va a ser allá arriba; cuando uno logra entender todo lo que ocurre en el mundo material, entonces podrá entender todo lo que sucede en el mundo espiritual. Este principio es un auxiliar de la mente que nos permite entender lo que ocurre en el resto del Universo conociendo solamente una de sus partes. Si se estudia el funcionamiento de una estrella, como consecuencia se entenderá el funcionamiento de las galaxias. Si se estudia el comportamiento de un habitante de una sociedad, se podrá llegar a entender cómo funciona dicha sociedad. En síntesis, estudiar una parte del todo nos permite comprender el resto. Este es el principio de la analogía que nos da la posibilidad de entender la relación presente entre los distintos planos de existencia. Cuando llevamos este principio al nivel humano, podemos modificar las palabras y decir. “Como adentro es afuera; como afuera es adentro”. Todo lo que sucede alrededor de una persona refleja lo que le está ocurriendo por dentro. Esto significa que cuando una persona es desordenada con sus cosas, está demostrando su desorden interno. Por el contrario, quienes están en el otro extremo y son muy rígidos con el orden están reflejando una rigidez mental en sus ideas. Lo de adentro es como lo de afuera, y viceversa. Si se analizan las condiciones de vida que rodean a una persona determinada, se puede saber qué es lo que tiene en su mente. Las personas estructuradas lo son también mentalmente, del mismo modo, aquellos que se comportan de una manera caótica o contradictoria, tiene ideas de este tipo. Este principio sirve para
detectar mentiras. Cuando una persona está mintiendo, el cuerpo genera cierta incomodidad que en general toma la forma de picazón en la cara. Los niños tienden a llevarse la mano a la boca después de decir una mentira: los adultos también se llevan la mano a la cara pero para arreglarse el cabello, las cejas, o para rascarse la nariz. Esto no significa que ocasionalmente una persona pueda tener picazón en la cara sin estar mintiendo. La clave es la siguiente: cuando una persona está prometiendo o afirmando algo importante y luego se rasca la cara, está mintiendo. Por ejemplo, si alguien está prometiendo amor eterno, devolver dinero, cumplir con cierto compromiso, ser fiel; o si está contando su propia historia, asegurando que no hizo nada, afirmando su inocencia o describiéndose a sí mismo, y se lleva la mano a la cara, entonces puedes dudar de lo que dijo. De acuerdo con este principio funcionan las máquinas detectoras de mentiras. La mentira produce una especie de “cortocircuito” interno y se refleja creando una incomodidad en el cuerpo; por lo general, una picazón en el rostro. El movimiento de los ojos también acompaña a la secuencia de los pensamientos. Cuando los ojos miran hacia arriba, se está trabajando con imágenes. Si se mira hacia arriba y a la derecha, entonces se activa la parte creativa de la mente y se crean imágenes nuevas. Por el contrario, cuando los ojos se mueven hacia arriba y a la izquierda, se está activando la memoria y entonces se recuerdan imágenes. Cuando a una persona se le formula una pregunta y mira hacia la derecha, está inventando una respuesta. Pero si, por el contrario, mira hacia la izquierda, está recordando algo que hizo. Si vas a contratar a una persona para trabajar contigo y le preguntas si ya tiene experiencia en determinado tipo de trabajo, sabrás si te está diciendo la verdad o no según el movimiento de sus ojos. Si la persona mira hacia arriba y a la derecha antes de responder, estará creando una respuesta porque no tiene experiencia. Si mira en la dirección opuesta, estará recordando algún trabajo anterior. Se puede activar un funcionamiento cerebral determinado en forma intencional. Cuando necesites recordar algo en particular, puedes mover tus ojos hacia arriba y a la izquierda. Eso te ayudará a traer a tu memoria más fácilmente la información que quieras recordar. Cuando no encuentres la solución a un problema, podrás mover tus ojos hacia arriba y a la derecha para activar tu parte creativa: de esta manera. Imaginarás nueva soluciones. El principio de correspondencia es útil, además, para ayudarnos en momentos de crisis. Si en un momento determinado te sientes deprimido, angustiado o preocupado, arreglarte físicamente o mejorar tu aspecto personal externo inmediatamente influirá en tu estado interno. Si tu vida es muy caótica y problemática, comienza por poner en orden tu escritorio, tu guardarropas o tu dormitorio. El orden en lo externo te ayudará a encontrar orden en lo interno. Ejercicio: Desprenderse del pasado Este es un ejercicio muy importante que se debe repetir cada seis u ocho meses, o cada vez que se considere necesario. Es conveniente desprenderse de todos lo utensilios o artefactos que funcionan o que no se utilizan en la casa. No es bueno conservar ropa que no se va a usar, libros o revistas que no se van a leer u otros objetos que no cumplan una función útil. Se puede vender, donar o regalar aquello que uno no necesita más. Es importante dejar lugar para lo nuevo. Tiene que haber cierto espacio vacío en la casa porque de lo contrario, lo nuevo no puede entrar. Si se acumulan muchas cosas viejas en la casa significa que se vive atado al pasado, a los recuerdos, y eso no permite el cambio. Se debe conservar solamente aquello que es útil, positivo y necesario. Hay objetos antiguos que pueden ser muy útiles, no interpretes que lo viejo es malo porque, definitivamente, no es así. Solamente aquello que ya no te sirve puede llegar a ser malo. Despídete de todo lo que ya no usas con amor. Bendícelo y hazlo circular. De acuerdo con lo que llevamos por dentro, atraemos a personas y situaciones. Esto significa que todo lo que nos ocurre, bueno o malo, está reflejando pautas de pensamiento guardadas en nuestra mente. Las personas buenas, que nos quieren y ayudan reflejan la parte más favorable de nuestra conciencia, mientras que aquellos que nos generan problemas, nos envidian o pelean con nosotros están reflejando la parte más oscura de nuestra propia conciencia. Dicho de otra manera, las personas que son más negativas solamente vienen a nuestra vida para “hacernos el favor” de recordarnos que tenemos ciertas pautas mentales que sanar. Si una persona tiene una pareja que la maltrata, le miente, la engaña y demás, esa pareja está reflejando lo que la otra persona cree del amor o asocia a la idea del amor. La solución en este caso no es cambiar de pareja, sino cambiar de idea. Si el cambio no se produce por dentro, entonces la persona volverá a elegir otra pareja que volverá a maltratarla. Esta idea es difícil de asimilar porque es más fácil encontrar al “culpable” fuera de nosotros. Cada uno tiene al perfecto culpable de su propia infelicidad: su pareja, alguno de sus padres, sus hijos, su jefe, sus amigos, sus vecinos, si eso no alcanza, se culpa al presidente, al mal tiempo, a la economía, a la mala suerte. Para crecer, primero debes aceptar la responsabilidad de tu propia vida. De esta manera evitarás encontrar un culpable externo a tus propios problemas. Tampoco es necesario que te sientas culpable por lo que te sucede. Sólo tienes que sentirte responsable, saber que algunas pautas de pensamiento erróneas te están llevando a elegir mal. Una vez que cambies tus pensamientos, cambiarás tu vida. A partir de ahora, cada vez que surja algún problema es conveniente que te preguntes a ti mismo “¿Qué significa esto de en mi vida? ¿Por qué o cómo estoy creando esta situación?”. De ésta manera, descubrirás la creencia que te ha llevado a vivir tal situación. Para cambiar dicha creencia deberás poner en práctica todo lo aprendido en el principio de mentalismo (palabra, imagen y sensación). Cuando una creencia nueva y positiva se afirme, en tu conciencia, aparecerán las personas o las situaciones externas que te lo confirmarán. En síntesis, puedes considerar tu situación actual como un espejo de tu estado interno. El ego y el espíritu Según el principio de correspondencia todo lo que ocurre en los planos superiores también ocurre en los planos inferiores. Cuando ponemos en práctica este principio nos encontramos con que nuestra vida es el reflejo de lo que llevamos adentro. Las personas buenas y amables que atraemos son las encargadas de manifestar la parte más positiva de nuestra conciencia, mientras que por otra parte, aquellos que nos generan problemas vienen para ayudarnos a que reconozcamos la parte de nosotros que necesita curación. En nuestra mente conviven dos maestros: el ego y el espíritu. Son dos voces que nos hablan desde nuestro interior y sus mensajes son completamente opuestos. Esas voces se encuentran debatiendo entre sí para tratar de convencernos de qué camino tomar. Es nuestra función elegir a quién queremos escuchar. No podemos seguir los dictados de ambos a la vez porque sus mensajes son muy diferentes. Lo que vamos a manifestar externamente estará de acuerdo con el maestro que elegimos escuchar. El ego es el conjunto de pensamientos que nos definen como individuo y contiene toda nuestra historia. En él se resume la influencia de nuestros padres, maestros, parientes, amigos; de las personas que frecuentamos socialmente, la cultura y la sociedad a la que pertenecemos. El ego resume todo lo que crees acerca de ti mismo; todo aquello que has aceptado como verdadero a lo largo de tu desarrollo hasta el presente. Tu ego te dice que tienes cierta apariencia física, un determinado color de piel, cierto nivel cultural, que perteneces a un estrato social y demás. En síntesis, es el conjunto de pensamientos que te describen a ti mismo. Pero el problema del ego
es que lo que él cree es una idea limitada de ti mismo. El espíritu, por otra parte, te recuerda que eres un ser espiritual perfecto, eterno y poderoso, que está viviendo una experiencia terrenal, el espíritu también te recuerda que nada ni nadie puede hacerte daño, mientras que el ego te lleva a identificarte con tu cuerpo físico y te hace sentir vulnerable. El ego te hace pensar que eres un ente separado de los demás, mientras que el espíritu cree en la unidad y te recuerda que todos estamos conectados. Dicho de otra manera, el espíritu te recuerda que el Hijo de Dios es Uno solo y que todos juntos formamos parte de El. El mecanismo principal del ego es la culpa; el del espíritu es el perdón. Para que puedas entender mejor esto, te pondré un ejemplo. Imagínate que te encuentras atravesando una crisis en tu vida afectiva; tu pareja te ha defraudado y los problemas que tenías no se han resuelto. El ego siempre habla primero, con voz más fuerte y con muchas palabras. Tu ego te recodará entonces lo tonto que fuiste al elegir a esa persona, el tiempo que has perdido, la mala suerte que acompaña tu vida sentimental, todo lo que has dado y lo poco que has recibido y demás. Como si esto fuera poco, el ego también te hará ver cada uno de los defectos del otro con mucha claridad. De esta manera, te convencerás de que tu pareja es la “culpable” de tu infelicidad. Los mensajes del ego generan ansiedad, miedo y culpa. La condenación está siempre presente: culparás al otro, te culparás a ti mismo, o a ambos a la vez. Mientras que el ego genera toda clase de pensamientos atormentadores, el espíritu nos recuerda que todo lo sucedido era perfecto y necesario para tu evolución, que no hay culpables ni castigos, que todo forma parte de un proceso de aprendizaje. Los mensajes del espíritu son consoladores y muy reveladores porque, gracias a ellos, entendemos la razón por la cual nos sucede aquello que nos sucede. Cuando una relación sentimental comienza basándose en los mensajes del ego, la persona piensa de qué manera puede beneficiarse con él, pero esto lo lleva a prestar atención a su dinero, nivel cultural, imagen física y al probable beneficio social que recibiría por estar a su lado. Cuando una relación se basa en los mensajes del espíritu, la persona piensa de qué manera puede ayudar al otro, en qué puede servirle. La primera situación se basa en la idea de obtener; la segunda, en la de dar. El espíritu sabe que no tiene nada que perder y te recuerda que tu misión en el planeta es brindar amor. Si das verdadero amor, entonces no tienes nada que exigir, reclamar o perder. cuando nos identificamos con la fuerza del espíritu reconocemos en primer lugar que aquella persona atormentada forma parte de nosotros mismos; su problema de alguna manera está reflejando también el nuestro, si no ella no estaría en nuestra vida. Siguiendo las indicaciones del espíritu podremos llegar a hacer algo por esa persona sin complicarnos ni sacrificarnos. Existen personas que se encuentran muy dominadas por su ego y necesitan de sus mecanismos para entender un determinado mensaje. Con estas personas no sirve que seamos demasiado permisivos o buenos. Ellos entienden que perdonar es un gesto de debilidad. En estos casos hay que mantenerse en una posición firme y, por lo general, la palabra más adecuada es “no”; a veces, debemos tomar distancia y no podemos mostrar nuestros mejores sentimientos hacia ellos. Sólo si nos mantenemos en una posición firme podremos ayudar al otro a salir de su posición. El ser demasiado bueno nunca conduce a un resultado positivo. Todo debe darse en su justa medida y en el momento adecuado; por tal motivo, necesitamos de la guía de nuestro espíritu.

En mi caso personal, he aprendido que a veces se ayuda más diciendo “no” que haciendo algo que no deseamos hacer. Desde entonces digo: “metafísica si; tonto, no”. Si alguna persona tiene la facultad de quitarte la energía o de cargarte con sus problemas, es una señal de que aún estás débil y tienes trabajo por hacer. Cuando logres vibrar en sintonía con tu espíritu, descubrirás que tu poder es más fuerte que cualquier problema tuyo o ajeno; que no existe nada que no puedas resolver. El ego crea todo tipo de miedos; al abandono, a las enfermedades, a la falta de dinero a la soledad, a las crisis, a las catástrofes naturales, y a cualquier otro tipo de fantasma que pueda aterrorizarte. Si escuchas a tus miedos, es probable que vivas encerrado en tu casa, aferrado a las mismas personas de siempre, con temor a perder tu trabajo o a no ganar lo suficiente. El miedo siempre produce alguna forma de paralización, de limites, y te lleva a vivir encerrado en lo que se llama “zona de confort” o de lo ya conocido. Si te encierras a vivir en esa zona, no creces por que tus experiencias son siempre las mismas: hablas con la misma gente, frecuentas los mismos lugares, comes la misma comida y demás. Por el contrario, el espíritu te conduce a tener fe. Cuando uno tiene fe y confianza en la vida, actúa con seguridad, se atreve a emprender nuevas empresas, a tratar con gente desconocida, a vivir ciertas aventuras y principalmente se anima a hacer todo lo necesario por crecer. Según el principio de correspondencia, cada uno de nosotros tiene lo que le “corresponde”, cuando veas a alguien que posea una fortuna, tienes que saber que esa fortuna le corresponde, lo entiendas o no. También es cierto lo contrario: cuando veas a alguien que vive en al pobreza, esa pobreza le “corresponde”. Esto no significa que exista una selectividad en la mente de Dios. El no ha seleccionado quién va a ser rico y quién va a ser pobre. La selectividad existe solamente en las mentes de los humanos; cada uno ha elegido ser rico o ser pobre. La pobreza no es problema de dinero sino de conciencia. Si tienes problemas de dinero, debes saber que hasta que no cambies tu mentalidad de “pobre” la riqueza no podrá manifestarse en tu vida. Siempre le sugiero a la gente que no preste dinero aquellos que tienen problemas económicos. Si prestas dinero a alguien que tiene una deuda, lo más probable es que solamente lo ayudes a agrandar su deuda original, a partir de hoy, solución es ayudarlo a cambiar su pensamiento, enseñarle a pensar en términos de prosperidad y no de carencias. Las deudas se generan por culpas y son una forma de auto castigo. Si quieres salirte de tus propias deudas o ayudar a otro a hacerlo, deberás aprender a perdonar. La mayoría de las deudas se generan por querer acceder a cosas que todavía no están ganadas en conciencia. Esto significa que estás apurando el proceso e internamente aún no has aceptado aquello que estás adquiriendo en el plano físico. Las tarjetas de crédito te “ayudan” a endeudarte porque te permiten acceder con rapidez a tu deseo. Cuando el deseo y la conciencia están de acuerdo, puedes acceder a lo que quieres sin endeudarte. Recuerda que la mente es como un terreno fértil donde siembras tus “semillas” o deseos. Cuando una planta nace, es muy débil y pequeña; pero si las riegas y las cuidas, entonces crecerá como un árbol y el dará flores y frutos. Es imposible que una planta te dé sus frutos apenas nace. Lo mismo ocurre con tus pensamientos. Si los repites, cuidas, visualizas, y los mantienes en el tiempo, se materializan y te dan sus frutos. Además de tener un cuerpo físico, cuentas con lo se llama “cuerpo emocional”. Este cuerpo tiene la habilidad de reconocer en el primer instante en que entras en contacto con alguien si esa persona te hará bien o mal; la mezcla de energías produce una reacción química inmediata, muy clara y acertada. Por eso, siempre debes prestar atención a tus “primeras impresiones”. Desde el primer momento, podrás saber si tu actual pareja, amigo, jefe, vecino, o una persona que frecuentes serán una influencia positiva o negativa para ti. Esto también es cierto con la energía de ciertos lugares. Hay lugares en los cuales te sentirás más cómodo; hay otros que querrás abandonar inmediatamente después de haber llegado. H
azle siempre caso a la sensación que recibas. Es probable que tu lógica te señale un montón de razones en contra de lo que estás sintiendo; sin embargo, tu ser interno va más allá de la lógica y puede ayudarte a evitar problemas futuros. Quizás al leer esto último recuerdes alguna situación en la que sentiste de antemano que cierta persona o lugar no eran adecuados para ti; sin embargo, no le hiciste caso a esa percepción y más tarde sufriste las consecuencias. A través de la proyección el ego perpetúa su existencia responsabilizando a otras personas por nuestra infelicidad. P. De lo anterior puede deducirse que nunca nos enojamos por lo que los demás hacen. La única razón por la cual reaccionamos así es porque frente a ciertas conductas o eventos se despiertan nuestras propias heridas emocionales. Dicho de otra forma, las personas que te hacen enojar te están dando la oportunidad de que seas conciente de la parte de ti mismo que tienes que sanar. Esto es también cierto cuando sientes angustia, depresión, miedo, o cualquier otra emoción negativa que te resta paz. Puesto que el ego siempre busca justificarse de mil maneras, siempre encontrarás muchas razones muy lógicas para culpar a los demás del dolor que te producen, sin embargo, no hay nada más lejos de la verdad que culpar a otro por nuestro dolor. El mecanismo de proyección puede llegar a ser muy absurdo. Hay personas que culpan de su mal humor al tiempo, al gobierno, a la televisión, a los vecinos, a los animales, a la iglesia y a cualquier otra cosa que tu mente pueda imaginar. Ellos se convencen de que si la situación fuera diferente, serían felices. En esto radica la gran mentira que se produce por el fenómeno de la proyección, si crees que tu vida va a ser más placentera si cambia el gobierno, lo más probable es que esto último ocurra y tú sigas quejándote. Hay otros que culpan de su infelicidad a la pareja que tienen en ese momento; si es tu caso, lo más probable es que pienses lo feliz que serías si tan solo dieras con la persona adecuada. Tu felicidad no depende de nada externo. Si sufres por algo; es porque tiene que sanar algo en tu interior; en cuanto lo hagas, la molestia desaparecerá. La solución comienza a aparecer cuando, en vez de quejarte, comienzas a preguntarte por qué te duele o molesta lo que hace el otro; cuál es la parte de ti mismo que hace eco a las palabras o acciones de afuera. Cuando empiezas a reconocer que el verdadero problema está dentro de ti, empiezas a activar los mecanismos de curación. De acuerdo con el principio de correspondencia, cada uno de nosotros atrae a personas o situaciones problemáticas con el fin de reconocer las propias heridas sin sanar. En conclusión, cada vez que alguien o algo te saque de quicio, el Universo te está dando la oportunidad de curar una herida interna. Llegado ese momento, es conveniente que hagas dos cosas: en primer lugar, debes preguntarte qué significa eso en tu vida, sin buscar culpables, interrumpiendo el fenómeno de la proyección: en segundo lugar, debes conectarte con tu espíritu, a través de tus propias palabras, pidiendo curación. Puedes decir algo como lo siguiente: “Me siento muy molesto por lo que me ha hecho…; sé que siento dolor porque se ha despertado una herida en mí; necesito curación. Pido a todo el Universo que me ayude a sanar esto. Pido la sanación completa de mi ser”. Al pedir ayuda todo tu ser se vuelve receptivo y permite que las fuerzas del Universo puedan ingresar en ti produciendo la curación. A veces, podemos llegar a entender cuál es la herida y cuál fue su origen. Otras veces, jamás nos llegamos a enterar. En última instancia, lo más importante es la sensación de paz que nos llega una vez que nos hemos sanado. El karma no es más que otra creación de nuestro ego. De acuerdo con eso, tenemos que “pagar” por los errores que cometimos. Por lo general se asocia al karma una forma de castigo. Cuando empieces a escuchar a tu espíritu y comprendas que no tienes nada que pagar dejarás de penalizarte. Tu espíritu te recordará que sólo has cometido errores y que éstos se pueden corregir. La frase bíblica “ojo por ojo, diente por diente” ha sido muy mal interpretada. Se la ha tomado como la ley de la venganza: si alguien te hace algo, tienes el derecho a hacerle lo mismo. Si ésta es tu interpretación has caído en un error. La Biblia quiere enseñarnos que si le quitas un ojo a alguien, luego te tocará perder un ojo a ti, por que de esa manera aprenderás las consecuencias de tus propios actos. La Biblia enseña a perdonar y a amar, no a vengarse. Para ello existe lo que se denomina “justicia divina”. Más adelante, estudiaremos en profundidad todo lo referido al karma al tratar el principio de causa y efecto. Ejercicio: Concentración en un deseo Al estudiar el principio del mentalismo, has aprendido a hacer una lista de deseos u objetivos. Si no la has hecho, ésta es tu oportunidad. Tienes que enumerar por lo menos diez objetivos concretos que quieras manifestar. En esta oportunidad, vas a elegir el objetivo principal, aquel que para ti sea absolutamente número uno. Luego vas a escribir este objetivo en forma de afirmación. Se llama afirmación a la oración que se escribe en tiempo presente y en forma positiva. Si tu deseo es tener una pareja, entonces tu afirmación puede ser: “El Amor Divino atrae hacia mi a la pareja perfecta, estable, duradera y feliz. Ahora acepto todo el amor que me merezco”. Si tu deseo es tener más dinero, entonces puedes afirmar: “El dinero viene fácilmente hacia mi y mis ingresos aumentan cada día”. Vas a escribir la afirmación que elijas en una tarjeta que colocarás dentro de tu billetera. De esta manera, cada vez que la abras para pagar algo, tu mente volverá a leer la afirmación. También vas a escribirla en tu agenda, en tu cuaderno de estudio o trabajo o en una tarjeta, para tenerla al lado de tu cama, en el espejo del baño y en todos los lugares que frecuentes. La idea es impregnar tu conciencia de todas las maneras posibles. Es mejor que los lugares que elijas sean privados y que los demás no se enteren. No hables de tus objetivos; no los gastes en palabras. Si necesitas discutirlos con alguien, busca hacerlo con las personas que alimenten, tu fe y no con aquellas que te desalienten. Meditación Busca una posición cómoda para tu cuerpo. Respira profundamente tres o cuatro veces para relajar tus músculos. Manteniendo los ojos cerrados, repite tu afirmación con lentitud por lo menos veinte veces. Puedes usar los dedos de las manos para llevar la cuenta. A medida que vas repitiendo las diez primeras afirmaciones, es importante que comiences a visualizar el resultado. Cuando empieces la numero once, comenzarás a utilizar el resto de tus sentidos. Imagínate cómo reacciona tu piel, el sonido que llega a tus oídos, el gusto al que sabe tu boca, el olor que percibe tu nariz, y cualquier otra sensación que acompañe el logro de tu meta. Durante el tiempo que dure el ejercicio, experimenta todas las sensaciones que acompañan al resultado que buscas. Es probable que al principio lo único que puedas hacer sea repetir tu objetivo con palabras. Pero si haces un esfuerzo y utilizas el resto de los sentidos, verás como se manifiesta rápidamente en tu vida. La repetición es importante. Recuerda que al principio una afirmación suena demasiado buena como para ser real. El proceso de repetirla te lleva a sembrar una nueva idea en tu conciencia. Si esta idea ya existiera dentro de ti, no necesitarías hacer este ejercicio porque ya tendrías el resultado a la vista. La utilización de la palabra, la imagen y las sensaciones generan la vibración necesaria para lograr la manifestación de esta manera, tomamos tu deseo en el plano material. En este proceso es muy importante la intensidad de tu deseo. Cuando más grande sea, más rápido el Universo se encargará de otorgártelo. No hay pedido que quede sin contestar ni oración que quede sin responder. Tu deseo debe ser siempre intenso, genuino y sincero. Una vez que se cumpla tu deseo, deberás bendeci
rlo, agradecer y pedir algo más grande y mejor. Vivimos en un Universo de abundancia y como estudiante de metafísica, debes saber que estás aquí para manifestar lo mejor de tu padre, un verdadero metafísico vive de manera cómoda, saludable, rodeado de gente que le brinda amor, trabajando en algo placentero, recibiendo abundancia de dinero y disfrutando cada día de su vida.

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