Las 7 leyes Metafísicas; PRINCIPIO DE POLARIDAD

POLARIDAD

El principio de polaridad se encuentra justo en el medio. La comprensión cabal del mismo permite producir grandes cambios en la vida. Si todavía no has visto resultados notables con la aplicación de lo que has estudiado hasta ahora, prepárate para experimentar la magia de la transformación.

El principio de polaridad dice textualmente; “Todo es doble; todo tiene dos polos; todo su par de opuestos; los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son semiverdades; todas las paradojas pueden reconciliarse”. Para comprender mejor el principio de polaridad, lo vamos a estudiar por partes, está claramente explicado que en el Universo donde vivimos todo es doble, todo tiene su par de opuestos. Algunos son blanco/negro, hombre/mujer, calor/frío, arriba/abajo, este/oeste, bueno/malo, rico/pobre, amor/odio, sucio/limpio, culpable/inocente.

Nuestra función es aprender a“armonizar los opuestos”. Venimos al planeta a desarrollar la habilidad de encontrar el justo equilibrio entre los distintos polos. El Kybalión dice que los opuestos son iguales en naturaleza pero que difieren en grados. Para entender mejor este concepto debemos imaginarnos un termómetro. En él vemos cómo el mercurio sube o baja la escala de grados indicando la temperatura del ambiente. Pero aquí surge una pregunta clave. ¿Dónde empieza el frío y dónde empieza el calor? El límite no está en el grado cero. Cuando hace cero grados se siente mucho frío en cualquiera de las dos escalas conocidas (centígrados o Fahrenheit) de acuerdo con los grados centígrados, para algunos el frío comienza a sentirse a los quince grados, para otros, a los diez. La interpretación es completamente subjetiva.

La conclusión final es que no existe diferencia entre el frío y el calor. Los dos son extremos de una misma cosa, son polos opuestos, la única diferencia entre ellos es el grado en el que se están manifestando. Cuando un termómetro marca los grados menores, tenemos la sensación del frío. Pero el contrario, cuando la marca llega a grados mayores decimos que hace calor. Pero en esencia, estamos hablando siempre de la misma cosa: la temperatura.

Veamos otro ejemplo práctico: a veces, cuando amamos demasiado a alguien también pasamos al extremo del odio con facilidad. Después de haber compartido intensamente nuestra vida con una persona, no queremos volver a verla nunca más. Hemos pasado de un polo al otro, como del frío al calor. Cuando alguien afirma que no desea ver más a su ex pareja es porque en el fondo todavía siente mucho amor. Todavía está actuando cuando hay indiferencia, cuando a la persona le da lo mismo ver al otro o no.

Tal como lo afirma El Kybalión, los opuestos son lo mismo. Cuando observamos a una persona muy buena y luego la comparamos con otra que es muy mala, en esencia sabremos que estamos hablando de la misma cosa pero en diferentes grados de manifestación; cada una de ellas está ubicada en un extremo. Todos tenemos distintos grados de bondad y también de maldad. Las personas extremistas, para las cuales todo es o blanco o negro, tienen más trabajo por hacer porque a ellas les resulta más difícil ser parcial o encontrar el punto medio.

¿Cuál es la razón por la cual debemos aprender a armonizar los opuestos? La respuesta es sencilla: encontrar la Unidad en todo. Recordemos lo estudiado anteriormente: en el Universo existe un solo Dios, una sola Fuente, una sola energía un solo amor; por lo tanto la diferencia que percibimos entre polos opuestos no es real. Lo que existe en esencia es la Unidad. Si queremos acceder al estado de paz y armonía de la fuente, debemos aprender a encontrar la unidad en todo lo que nos rodea. Mientras más separación percibimos. Más lejos estaremos de encontrar el amor y la paz de la fuente. Cuanto más lejos percibimos, más se manifiestan los conflictos.

Debemos aprender a reconocer que el “culpable” también es inocente; que nadie es tan bueno ni tan malo como parece; que nada es tan lindo o tan feo como lo catalogamos; que nada es tan caro o tan barato. Cuando empezamos a ejercitarnos para encontrar la unidad en todo, el resultado que se obtiene es la paz.La vibración más alta corresponde al espíritu, por otra parte, la vibración más baja le corresponde a la materia. Ahora sabemos que, en esencia, los dos extremos son la misma cosa. Sólo cuando aprendamos a pararnos en el punto medio encontraremos paz. Dicho de otra forma: no se puede vivir feliz en el mundo material sin tener espiritualidad y no se puede ser espiritual si no se tiene orden en el mundo material. Los dos extremos necesitan ser conciliados para lograr una vida armoniosa.

Lo único que no tiene opuestos es la compasión, que es incondicional, permanente y sanadora. Cuando hablamos de la polaridad amor/odio, por lo general, estamos hablando del amor romántico.

Otra parte de este mismo principio sostiene que “los extremos se tocan”. Para entender esto, veámoslo en otro ejemplo práctico: si yo decido viajar siempre en dirección este y pudiera dar toda la vuelta al mundo, entonces terminaría en el mismo punto de partida. La pregunta que surge entonces es: ¿Dónde está el oeste? La respuesta más acertada, de acuerdo con este principio, sería que el este y el oeste son lo mismo.

Debemos recordar que “como arriba es abajo, como abajo es arriba”, lo más probable es que si yo viajara a través del Universo siempre en la misma dirección, finalmente terminaría en mi punto de partida. En el Universo todo tiene un movimiento circular cíclico.

Seguramente estarás preguntándote cómo se utiliza este principio en la vida práctica, la explicación es esta: cada vez que te encuentres viviendo una situación extrema, es decir, que estés ubicado en uno de los polos, y desees revertir o neutralizar la situación, deberás comenzar a crear la energía de la polaridad opuesta. De esta manera, llevaras el “termómetro” a su punto medio. Como ejemplo concreto, piensa en lo siguiente: cuando tienes frío, enciendes la calefacción o te abrigas más, es decir, buscas el calor. Con el calor se neutraliza el frío y viceversa; con la luz se hace desaparecer la oscuridad, con el amor se transforma el odio, y así con todas las polaridades.

No se puede cruzar de un par de opuestos a otro y esperar un resultado en el primero. Si deseas transmutar una situación, tendrás que utilizar la energía envuelta en ese par, no en otro. Volviendo al ejemplo anterior, si tienes frío, buscas cómo generar más calor y no otra cosa. Si estás en una situación de pobreza, buscas ganar más dinero, no más frío ni calor. Se debe trabajar siempre con elementos de la misma naturaleza, a los cuales les cambia su grado de manifestación.

Es probable que hayas escuchado alguna vez un comentario como el siguiente: “¿Por qué Dios no le da una pareja a esta chica que es tan buena y servicial? La respuesta se encuentra en este principio: porque esa joven está generando la energía de las polaridades del servicio y la bondad, pero no la del amor. Con la bondad se elimina la maldad; con el servicio se elimina el desamparo. En otras palabras, no se consigue pareja siendo “bueno”; sólo se consigue amor cuando se ama. ¿Pero a quién vas a amar si no tienes a nadie? En primer lugar, a ti mismo, y luego a las demás personas . Sólo así se manifestará el amor en tu vida.

Las personas que tienen problemas de dinero
o se sienten en la pobreza deben polarizar y comenzar a actuar desde la abundancia. Hay personas que piensan que “Dios los va a ayudar económicamente” porque ellos brindan su tiempo sirviendo en alguna institución de beneficencia. Si brindas tu tiempo, todo lo que recibirás a cambio es todo el tiempo que necesites para ti Nuestro problema se reduce a un problema de percepción, porque en este plano percibimos dos polos en todo lo que nos rodea. Aquí estamos experimentando el fenómeno de la separación, que no es real, y hasta que no aprendamos a encontrar la unidad en todo, no Expandiremos nuestra conciencia. Nosotros no vamos hacia la 4d; ya está aquí; sólo debemos aprender a reconocerla, para eso necesitamos cambiar nuestra percepción del mundo y eliminar de nuestra mente la idea de polaridades. A este proceso lo definimos como el de “armonizar los opuestos”.Salir de la dualidad 3d

Las semiverdades
El principio de la polaridad nos enseña que todo tiene su opuesto y que en esencia, éstos son lo mismo. Por ejemplo, si analizamos los puntos cardinales, nos damos cuenta de que no dejan de ser una convención. Si uno comienza a viajar siempre hacia al este sin detenerse, finalmente volverá al punto de partida. Entonces, ¿dónde está el oeste?

Otro ejemplo de la relatividad de los polos es el vuelo transpolar que se realiza de la Argentina a Austria. Se sale de Argentina un día y se llega a Austria el día “anterior”. Por otra parte, el viaje de vuelta lleva dos días. La pregunta que surge es: ¿Dónde comienza un día y dónde termina el otro? La respuesta es sencilla: existe una línea internacional del día que atraviesa el océano Pacifico sin tocar ningún país en particular, a partir de esa línea, se considera el comienzo del día pero, en realidad, el comienzo y el fin del día no existen; son sólo una convención humana.

En otra parte, el principio de polaridad sostiene que “todas las verdades son semiverdades”. En pocas palabras, esto significa que nadie en el planeta es poseedor de la verdad completa, sino que todos tenemos nuestra cuota de verdad. Es decir que al igual que con las piezas de un rompecabezas, uniendo nuestra semiverdad con la de los demás, encontraremos la verdad completa. Por eso es importante escuchar a otros. Siempre se aprende algo nuevo de los demás.

Cuando nos encontramos defendiendo ciegamente nuestro punto de vista en realidad, estamos en una ilusion del ego porque ninguno de nosotros es portador de la verdad completa. Por lo tanto debemos mantenernos siempre flexibles y alertas para aprender de los demás. Cuando criticamos a alguien que piensa o actúa de una manera diferente de la nuestra, en realidad, nos estamos cerrando a la posibilidad de aprender otra parte de la verdad. Cada persona aunque nos parezca errada tiene su porción de conocimiento. El mantener nuestra mente abierta nos ayudará a escuchar y aprender otra forma de lógica que finalmente, nos llevará a encontrar el punto medio, o sea, aquello que definimos técnicamente como la armonización de los opuestos.

Al estar frente a personas o situaciones que ponen en conflicto nuestra manera habitual de pensar, es aconsejable pedir guía a nuestro espíritu; pedir que se nos revele qué tenemos que aprender de eso, cuál es el mensaje o semiverdad.

En el camino de la evolución espiritual se debe evitar todo tipo de fanatismo. No tienes ni siquiera que defender las ideas que estás estudiando ahora. Si estás de acuerdo, tómalas como parte de tu semiverdad, pero siempre mantente abierto a seguir aprendiendo de numerosas fuentes. El fanatismo lleva a pararse en un polo, en un extremo; por lo tanto, nunca te conducirá a vivir en paz. La verdad está siempre en el medio

Las personas que tienden a ir a los extremos en sus reacciones tienen más trabajo que realizar. Las conductas extremistas producen resultados extremistas, por lo tanto, tampoco conducen a soluciones felices. Cada uno de nosotros debe aprender a encontrar el punto medio, su equilibrio.

La razón por la cual somos poseedores de una semiverdad es que debemos aprender a encontrar la unidad en todos. Nuestro ego genera grandes diferencias y separaciones entre las personas pero, de acuerdo con este principio, todos somos parte de lo mismo. Dicho en términos metafísicos, Todo es Uno. Nuestro ego se resiste a esa idea y no quiere renunciar a su individualidad.

Si analizas los grandes problemas del mundo, te darás cuenta que en esencia están generados por el ego humano: la diferencia de razas, culturas, economías, límites entre países y demás. En síntesis, es un problema de percepción errónea. Cuando aprendamos a ver la unidad en cada uno de nosotros, la mayoría de estos problemas desaparecerán de la tierra. La polaridad dar/recibir

Muchas personas se quejan de que dan mucho y reciben poco. La persona que está acostumbrada a dar siempre se encuentra parada en uno de lo polos o extremos y mientras se mantenga en esa posición, no habrá manera posible de que reciba algo del Universo. Esto se debe a que la persona está vibrando con la energía del dar y carece por completo de la energía opuesta, la del recibir. Por lo general, éstas personas se sienten incómodas cuando reciben un regalo o cumplido, en el peor de los casos, lo rechazan por completo. La aplicación del principio de polaridad nos permite transmutar las energías de un polo al otro para manifestar un determinado resultado.

Para cambiar esta situación, es necesario que la persona aprenda a recibir. Por ejemplo, si recibe un regalo, solamente tiene que agradecerlo y bendecirlo, y no salir corriendo a comprar otro regalo en devolución. Si alguien le dice un cumplido o algo agradable, sólo debe agradecer. Es curioso, pero para muchos no es fácil recibir. Esto se debe a que en la conciencia de la persona existen ciertas asociaciones negativas con el hecho de recibir. Algunos creen que no se lo merecen o que no es necesario. Cualquiera sea el pensamiento negativo, deberá ser eliminado y reemplazado por otro de gratitud. Como estudiante de metafísica tienes que estar siempre abierto y receptivo a todo lo que el Universo te quiere brindar.

En definitiva, quien no recibe no ha desarrollado la polaridad del recibir. En el orden práctico, se debe trabajar más con la mano izquierda, ya que todo el lado izquierdo del cuerpo desarrolla la energía del recibir. Al principio, uno se siente torpe usando esta mano pero, con el tiempo y la práctica, las tareas se vuelven más sencillas. En el caso de la gente zurda, la regla se invierte.

Por otra parte, la mano derecha y todo ese sector del cuerpo desarrollan la energía del dar. A las personas acostumbradas a dar demasiado, a menudo les sugiero que cierren su mano derecha y que abran la izquierda, moviendo los dedos hasta calentar bien la mano. De esta manera sencilla, se activan los canales de recepción de nuestro ser.
Si consideramos cada uno de lo eventos externos como un reflejo de nuestras programaciones internas, podremos reconocer claramente cuándo estamos trabados en nuestro canal de receptividad. En definitiva, aquellas personas que nos desilusionan por no darnos lo que esperamos de ellas, en realidad, nos están enseñando que no estamos listos para recibir. Esto ocurre cuando no recibes el amor que deseas de tu pareja, cuando no te otorgan el aumento de sueldo prometido, cuando no logras la atención de tus familiares o amigos, o en cualquier otra situación en la que el resultado no responde a tus expectativas. En lugar de aferrarte a la desilusión, es más ventajoso que te pongas a trabajar para abrir todos los canales energéticos de tu ser que favorezcan la receptividad.
Para lograrlo, también es aconsejable extender ambos brazos, abrir ampliamente las manos y afirmar con mucha emoción. “Estoy abierto y receptivo a todo lo bueno para mi. A partir de hoy, acepto el amor, el dinero, la salud y la felicidad que me merezco. Y lo acepto ahora mism
o”.

Si lo que quieres aceptar es más amor, puedes extender tus brazos y afirmar: “El Amor Divino me conduce a una relación amorosa con mi pareja perfecta y me mantiene en ella. Y ahora acepto a la pareja perfecta para mí”.
Si quieres recibir más dinero, afirma: “mis ingreso aumentan cada día. Soy muy próspero y exitoso en todo lo que emprendo”.

Para incorporar en nuestra mente estas ideas, es necesario repetir las afirmaciones en voz alta y acompañarlas con gestos corporales que acentúen la idea. Por ejemplo, para hacer más poderosa la idea de que tus ingresos aumentan cada día, puedes agacharte un poco y luego, al enderezar tu cuerpo, Repites la afirmación mientras extiendes tus brazos. Cuanto más teatralices lo que afirmes, más pronto se hará realidad.

La impaciencia

Durante el proceso de crecimiento espiritual, cada aspirante tiene que enfrentarse con una barrera muy común: la impaciencia. La impaciencia no es más que una resistencia a los cambios. Desde el punto de vista metafísico, la paciencia es la capacidad para incorporar algo nuevo.

Cuando sembramos una semilla en un terreno fértil. Lo primero que brota es un pequeño gajo muy tierno y frágil. Con sólo darle un pisotón a la planta, podemos destruirla completamente. Sin embargo, si la cuidamos y la regamos a diario, esa planta crecerá fuerte y firme, y podrá resistir cualquier tormenta en el futuro. De esta manera, la planta nos dará flores y frutos. Desde el momento en que sembramos la semilla hasta que obtenemos los frutos, existe un tiempo determinado, un proceso necesario e imposible de evitar. Todo en el universo tiene su tiempo de gestación.
Siguiendo esta analogía, cuando intentamos cambiar algo en nuestro carácter es como si depositáramos una nueva semilla en la conciencia.
Para ver los frutos futuros, tendremos que cuidar pacientemente aquello que estamos tratando de desarrollar. La impaciencia es una fuerte resistencia a incorporar nuevas conductas. Las personas más impacientes pretenden que las cosas les salgan bien desde el principio y esto es prácticamente imposible. Cuando uno ensaya una nueva conducta, lo más probable es que vuelva más fácilmente a repetir una y otra vez la conducta anterior. Sin embargo, si se sigue ensayando a lo largo del tiempo, finalmente la nueva conducta quedará incorporada a la personalidad.

Para entender mejor el concepto, debemos comparar este proceso al entrenamiento que realiza un deportista. Cuanto más se entrena, más eficaz será en su desempeño físico. Debemos pensar que ningún deportista tiene el mismo rendimiento el primer día que en los días posteriores, sino todo lo contrario. El entrenamiento le exige constancia e intención.
Por lo general, las personas impacientes están en conflicto con el paso del tiempo. La sensación de que hay que esperar demasiado tiempo o por el contrario, de que no alcanza el tiempo para la actividad requeriría sólo acelera la manifestación de la frustración.
A aquellos a quienes no les alcanza el tiempo, les recomiendo comenzar a trabajar con la siguiente afirmación “El tiempo se alarga cuando lo necesito. El tiempo se acorta cuando lo necesito. El tiempo es mi aliado y siempre tengo todo el tiempo que necesito”.
El metafísico se concentra en aquello que quiere lograr y lo disfruta como si ya fuera una realidad. De esta manera, vive en el presente lo que desea para su futuro. Disfruta de la futura pareja como si ya estuviera a su lado, se siente rico y generoso, aun cuando su condición económica sea la misma; disfruta de las vacaciones aunque todavía no haya viajado. Estos sueños, lejos de ser una fantasía, son sus objetivos y, por eso, dispone de todos sus sentidos para crear esa nueva realidad. De este modo, genera la energía que acompaña a aquellos logros provocando su manifestación en el presente. Cuando hablamos del tiempo, debemos saber que el principio de polaridad nos ayudará a vivir siempre en el presente.
La gente común se preocupa por su futuro y siembra en su conciencia dudas y miedos, lo cual es muy nocivo. La preocupación se convierte en un imán poderoso que termina atrayendo aquello que la persona no desea. Como ejemplo, podría decirse que la persona qué más les teme a los robos es aquella que finalmente es asaltada. La mayoría de nuestros miedos y preocupaciones provienen de malas experiencias del pasado; tienen cierta lógica en nuestra mente, lo cual les da poder. En los casos más absurdos, los principales miedos ni siquiera son propios sino heredados de alguno de los padres o tomados del entorno.
Lamentablemente, en nuestra cultura está bien visto el “preocuparse” por nuestros seres queridos. Desde el punto de vista metafísico, la preocupación solo agrava el problema, porque se pone la atención en el problema y no en la solución. Cuando se quiere ayudar a alguien que está sufriendo alguna aflicción, debemos lograr que recupere su fe poniendo el énfasis en la solución. Los primeros en tener esa fe debemos ser nosotros; por lo tanto, no debemos preocuparnos sino ocuparnos.
Muchos padres creen erróneamente que ayudan a sus hijos preocupándose por ellos. En realidad, lo único que hacen es agravarles su problema. Por tal motivo, insisto en que debemos concentrarnos en la solución feliz de cualquier problema que tengamos en el presente.

A veces, en el proceso de la manifestación suceden muchas cosas inesperadas y contrarias al fin elegido. Una consultante descubrió poseer un gran poder de manifestación. Lo que ella pronunciaba en palabras se volvía realidad a los pocos días. Cuando quiso mejorar las ventas en su empresa, pidió al Universo que se le proveyera de clientes poderosos, y así fue. Cuando se sintió sola pidió una pareja y a los pocos días conoció a alguien con quien inició un romance. Al tiempo, estaba nuevamente sola. Se quejaba de no encontrar hombres de buena posición social y, riéndose, decía que lo que necesitaba era un millonario. A partir de entonces, comenzó a vivir una vida de lujos, fiestas, viajes y reuniones con personas importantes. Todo parecía un gran sueño hecho realidad, sin embargo, al cabo de unos meses vino a verme y me confesó que no era feliz. Entonces, le sugerí que pidiera su verdadera felicidad. Desde ese momento, su vida se trastornó. Primero, tuvo una gran discusión con su madre, luego, una pelea con su hermana y otra con su hijo. Como si fuera poco, tuvo que despedir a su secretaria personal y surgieron inconvenientes con algunos clientes. Me preguntó desesperada a quién le había pedido esta vez, porque no encontraba ningún motivo lógico en el caos que estaba viviendo. Sin embargo, había una explicación muy coherente, entre lo que ella era en el presente y lo que había elegido para su futuro (su verdadera felicidad) había una distancia por recorrer. En ese camino se encontraban ciertas barreras o problemas. Ella nunca iba a poder ser verdaderamente feliz hasta que no resolviera aquellos asuntos de su vida personal. Por lo tanto, tuvo que lidiar con los problemas familiares y laborales hasta encontrar la solución a cada uno de ellos. El proceso no fue fácil ni rápido; sin embargo, al concluirlo ella se encontró experimentando un nuevo nivel de armonía y felicidad.

Por lo general, cuando queremos movernos de un polo al otro, ocurre lo que le sucedió a mi clienta: la vida se vuelve caótica. La gente común interpreta esto como “mala suerte”, pero el metafísico sabe que los problemas que emergen en el camino representan una gran oportunidad para sanar y corregir errores en nuestra conciencia. Esto se ve muy claramente en la persona que desea vivir un gran amor. Previo a encontrar ese gran amor, la persona vivirá algunas experiencias dramáticas y disfuncionales que la ayudará a tomar conciencia de sus propios errores, programaciones negativas, miedos y demás, y a sanar todo aquello que le impide concretar su propia felicidad. l “Cielo”.
 Ejercicio: Aumentar la polarid
ad opuesta

Sobre la base de nuestra lista de objetivos, debemos tomar cada uno de ellos y analizar cuál es la polaridad que nos falta desarrollar. Técnicamente, lo que se hace es buscar el polo de la misma naturaleza y se comienza a elevar el grado vibratorio. A manera de ejemplo, si se quiere resolver un problema de dinero, hay que seleccionar la polaridad pobreza/riqueza. El problema nos sitúa más del lado de la pobreza, por lo tanto, tendremos que comenzar a desarrollar la energía del polo opuesto. Para eso nos valdremos de afirmaciones, visualizaciones y de todos los elementos externos que nos ayuden a poner en la mente pensamientos de abundancia. De esta manera, vamos creando la vibración de la riqueza, que tarde o temprano se manifestará.

Desarrollar el polo opuesto significa, además, comenzar a actuar con las características de ese polo. Continuando con el ejemplo anterior, debemos empezar a “fingir” que el problema ya está resuelto. Para lograrlo, podemos comprar en el supermercado algo que nos haga pensar en los ricos, no hace falta gastar mucho dinero, sino usar la imaginación y el poder de la intención. Esta técnica también se usa para resolver problemas amorosos. Si una persona se encuentra sola, está dentro de la polaridad soledad / Compañía. Para salir del polo de la soledad, primero la persona tendrá que empezar a repetir afirmaciones y visualizar a su pareja perfecta. Luego, lo más importante, tendrá que “fingir” que la persona que anhela ya está a su lado; para eso, deberá emprender numerosas acciones dirigidas hacia esta polaridad. Por ejemplo, la persona tendrá que preparar su casa para darle la bienvenida a su futura pareja: puede ordenar el cuarto,modificar la decoración del lugar, cambiar los cuadros o incluso comprarle un regalo. Todo deberá hacerse con la intención de generar la energía que se siente al estar acompañado de la persona que uno ama. De esta manera, el metafísico trae el futuro al presente.

Cualquiera sea la polaridad que se esté desarrollando, es importante que las acciones se realicen con entusiasmo y alegría, como si estuviera jugando. De esta manera, se evita la intromisión de la ansiedad y el miedo.

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