Las siete Leyes Metafisicas- 1 Mentalismo

Metafísica

Los siete principios

A modo de enumeración, éstos son los siete principios que estudiaremos detalladamente: 1. Principio del mentalismo. 2. Principio de correspondencia. 3. Principio de vibración. 4. Principio de polaridad. 5. Principio de ritmo. 6. Principio de causa y efecto. 7. Principio de generación.

PRINCIPIO DEL MENTALISMO 1 A partir de esta unidad comenzamos el estudio del primero de los principios, que en mi opinión, es el más importante. El principio del mentalismo dice textualmente “EL TODO es mente; el Universo es mental”. Para analizar este principio tenemos que partir de la base de que en el Universo donde vivimos existe un solo Dios. A pesar de las grandes diferencias culturales y religiosas que existen en el mundo, Dios es uno solo y es el mismo para todos. El Kybalión utiliza la palabra “Todo”, y de esta manera se sintetiza la idea de una Única Presencia. De acuerdo con esto, en el Universo hay una sola Mente, y absolutamente todo lo que existe está comprendido dentro de esta mente. Cada uno de nosotros es una partícula o pensamiento inmerso en este gran cuerpo mental y de esta manera se explica cómo se dan los fenómenos parapsicológicos, tales como la transmisión de pensamiento o las premoniciones acerca del futuro. En síntesis, todos estamos conectados por una sola mente; al existir una sola mente, como consecuencia, existe una sola ley y ésta se manifiesta a través de los siete principios. Si aceptamos la idea de que Dios es infinito, Omnipresente y Eterno, algunas de las preguntas que surgen son: ¿Cómo creó Dios al Universo? ¿De dónde extrajo el material necesario para hacer todo lo que hizo? Si Dios extrajo material de algún lugar, entonces no sería ni Infinito ni Omnipresente. La respuesta correcta a esos interrogantes es una sola: Todo lo que El creó, lo creó en Su propia Mente. Es decir que todo lo que existió, existe y existirá está incluido en esa gran mente Universal.

Los principios fueron escritos por Hermes en el antiguo Egipto, tierra donde vivieron grandes maestros y adeptos. Hermes es considerado el padre de la sabiduría, fundador de la astrología y descubridor de la alquimia. Por su gran conocimiento, Hermes fue llamado por sus seguidores “trismegisto”, que significa “tres veces grande”, y posteriormente los egipcios lo deificaron y le dieron el nombre de “dios Thot”. Toda su enseñanza se mantuvo guardada en forma secreta para la gente y sólo fue revelada a unos pocos escogidos en aquel entonces. De allí viene el concepto de “herméticamente” guardado. Las enseñanzas herméticas se diseminaron por muchos países y se incorporaron a casi todas las religiones, pero nunca fueron identificadas con ningún país o religión en particular. En la actualidad, todo aquel que desee aprender y transitar el camino que lo llevará a su evolución espiritual puede acceder a esta información. Originalmente toda la información se transmitió de boca en boca, sin material escrito. Luego se inicio la recopilación de las enseñanzas en un conjunto de axiomas y máximas, en el libro llamado El Kybalión, escrito por tres iniciados. Este libro se consigue en la actualidad y es recomendable estudiarlo. La palabra “Kybalión” significa “contenedor”, en este caso, contenedor de sabiduría. Muchas de las enseñanzas metafísicas también se han difundido bajo la autoría del conde de Saint Germain, quien, según aseguran los estudiosos del tema, fue una de las reencarnaciones del maestro Hermes. Los estudiantes y maestros herméticos modernos consideran a la alquimia como un arte de transmutación mental, por el cual se reemplazan pensamientos de baja naturaleza por otros más elevados. Ellos sostienen que la llamada “piedra filosofal”, capaz de transmutar metales en oro, era solo un símbolo que los antiguos tomaban para representar la transformación del hombre de “plomo” en hombre de “oro”. Sin embargo, mi postura personal es la de creer en lo que afirmaban los antiguos alquimistas y herméticos: el conocimiento de
las leyes del Universo nos da la oportunidad de transformarnos a nosotros mismos y a la materia que nos rodea. Dice textualmente El Kybalión: “los principios de la verdad son siete, el que comprende esto perfectamente posee la clave mágica ante la cual todas las puertas del Templo se abrirán de par en par”. El conocimiento y la puesta en práctica de los siete principios permiten al estudiante volverse un verdadero “mago” que, conociendo la “clave mágica”, podrá ingresar en otra dimensión de vida. El origen de los problemas Cada problema surge como resultado de haberse quebrado el cumplimiento de alguna de las leyes del Universo. Estas leyes o principios se encuentran operando constantemente, ya sea que seamos concientes de ellas o no. Por eso, he llegado a la conclusión de que el ser humano sufre por una sola razón: la falta de conocimiento. Las personas crean sus problemas por no entender el funcionamiento de la vida. La falta de información las lleva a cometer errores que luego se transforman en dificultades. En síntesis, cuando una persona tiene un problema que le provoca sufrimiento, es porque no cuenta con la información necesaria para superar ese problema. Es como si esa persona estuviera continuamente chocándose de frente contra la pared, sin darse cuenta de que podría darle la vuelta por la derecha, por la izquierda, o saltarla por encima. Sólo cuando uno conoce los motivos y las características del problema, es decir, cuando uno llega a entender la cuestión, puede resolverla. El conocimiento da poder. A partir de hoy, tienes que tomar este primer concepto: cada vez que tengas un problema por resolver, considéralo como una oportunidad para aprender algo nuevo. Mantén tu mente abierta y receptiva a la nueva información que te permita saber cómo sortear el obstáculo. En primer lugar, tendrás que ser conciente de qué principio estás quebrando y luego tendrás que aprender a alinearte con la vida para fluir con ella. El surgimiento de un obstáculo es una señal de que llegó el momento de estudiar y aprender. A lo largo del estudio encontrarás muchas respuestas interesantes a las principales cuestiones de tu vida. Entenderás por qué atraes a cierto tipo de personas, cómo se generan tus problemas afectivos y cómo superarlos, por qué el dinero sigue a las personas que lo tienen y nunca a los pobres, por qué algunas personas parecen vivir en una secuencia de conflictos donde no bien terminan de resolver uno entran en otro peor, comprenderás que las enfermedades están directamente relacionadas con problemas emocionales y mentales, que la suerte es voluntaria y se la puede crear. En pocas palabras, aprenderás a diseñar el mundo en el que anhelas vivir y a manifestarlo. Es probable que tu mente lógica comience a desafiarte en este preciso instante diciéndote: “eso es imposible” o “es demasiado para ser cierto”. Para estudiar metafísica es necesario abandonar nuestra zona de confort y comenzar a explorar nuevas ideas. Solamente tu propia experiencia te convencerá o no de lo que vas a aprender.

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David Topí
La creación del “yo observador”

por David Topí · 5 junio, 2017

Oír y ver cosas que están fuera de lo que nuestros sentidos captan está empezando a ser algo más que común para una gran parte de la población humana, desde aquellos que sienten la presencia de sus familiares fallecidos con total nitidez y claridad, hasta aquellos que perciben solapamiento entre realidades y cosas que están sucediendo que no tienen demasiada lógica para la mente racional. Es importante darse cuenta que son procesos que están yendo in crescendo, y que seguirán así, al mismo tiempo que rompen las estructuras rígidas de los sistema de creencias de muchas personas que, hasta ahora, no habían contemplado nunca la posibilidad de que algo más allá de lo que sus sentidos físicos captan, pudiera tener una realidad objetiva.

El sistema de control está entrando en modo pánico, aunque suene exagerado, porque no pueden abarcar con los métodos tradicionales todo lo que se les está yendo de las manos. El solo hecho de que cada vez más personas busquen alternativas saludables para mantener su sistema físico y energético en buen estado, el solo hecho de que menos gente (pero aun mucha) crea en lo que sale en las noticias, el solo hecho de que empiece a ser normal cuestionarse todo lo que nos han explicado, son pasos hacia un cambio inevitable en las estructuras de la realidad, que aun avanzando a ritmo de caracol, avanza sin parar.

Abriendo brechas a la consciencia

A nosotros, mientras esto sucede gracias a los cambios que se dan en todas y cada una de las personas a nivel individual, nos toca seguir desmontando lo que tenemos “aquí dentro”, que impide tomar el control de lo que proyectamos “ahí fuera”. Para desmontar lo que tenemos en nosotros mismos, a nivel de programación, de patrones limitadores, de creencias falsas, y un largo etc. de componentes imbuidos en nuestra psique, hemos de seguir comprendiendo cómo funciona esta, y sacando a la luz aquello que, de alguna manera, abrirá alguna pequeña brecha para que flashes de consciencia pura, puedan alcanzar la psique y nuestra mente, y encontrar pequeños huecos para manifestarse e ir tomando el control del piloto automático que representa el programa ego, sus múltiples facetas y Yoes, y los componentes de la personalidad que de estos dependen.

Si en la entrada anterior habíamos hablado de que nuestra esfera de consciencia fue completamente revertida para obligarnos a desconectar la conexión interior con aquello que somos realmente, lo que no habíamos dicho es que esta conexión se ha mantenido siempre latente, pero inactiva, simplemente porque no se puede eliminar al 100%, sino es sesgando por completo el enlace entre ser y cuerpo físico, algo que solo ocurre al momento de la muerte. Así, a pesar de no ser consciente de ello, siempre hay una forma que, desde el interior de nuestra propia esfera de consciencia, nuestro Yo Superior establezca un punto de conexión con uno de nuestros Yos, el Yo que usualmente llamamos el “yo observador”, según la terminología de Gurdjieff, que no era más que aquella parte de nuestra consciencia artificial, la que se genera en la superficie de la esfera de consciencia y que da lugar a nuestra “personalidad”, que es capaz de darse cuenta del caos y de los diferentes Yos y subpersonalidades que existen en uno mismo, y, además, es capaz de darse cuenta de la otra parte latente que espera ser conectada: el Yo Superior.

Así, cuando este “yo observador” está listo para poder hacer de puente entre el ser y el resto de la personalidad, esta última parte de nosotros empieza a recibir, a veces de forma esporádica, a veces tras haberlo trabajado con técnicas de meditación, de introspección, o cosas por el estilo, esa energía desde nuestro ser que empieza a formar un enlace que proporciona un primer canal de conexión consciente entre la personalidad y el Yo Superior.

Construyendo al yo observador

Pero claro, para que aparezca el yo observador ¿qué hay que hacer? Hay que observarse. Lógico, pero no fácil. ¿Por qué? Porque para que uno de tus Yos o subpersonalidades sea capaz de dirimir y darse cuenta de lo que estás pensando, sintiendo y haciendo en todo momento, hay que dotarlo de poder para ello, lo cual significa que hay que aplicar la fuerza de la voluntad para poder ponernos en modo “mirar hacia dentro”, y esto, en la mayoría de personas, dura lo que dura el anuncio de la tele que estamos viendo, o lo que tardamos en perder el control sobre el programa ego que entonces nos salta a cualquier otro pensamiento, activando las rutinas de causalidad, y sacándonos del estado de la autobservación casi inmediatamente, ya que se siente amenazado por procesos que están bajo el control de la voluntad supeditada al Yo Superior que desea provocar cambios en la personalidad, para que esta reconozca la parte interior y más elevada que poseemos, algo que va en contra de la programación estándar que tenemos por defecto.

Bien, entonces, suponemos que durante una temporada hemos conseguido auto observarnos y vamos dotando al yo observador de poder para darse cuenta cada vez que hemos caído en un estado de automatismo inconsciente. Cada vez que nos damos cuenta de eso, volvemos a tener, por unos segundos, el control de nuestra existencia, luego la perdemos, luego la volvemos a recuperar. Así, poco a poco se forja el yo observador, que llega un momento en que se convierte en uno de los yos o sub-personalidades más fuertes que poseemos, y que ocupa entonces parte importante de la superficie de la esfera de consciencia para poder ser aquella parte de nosotros que está más abierta a la comunicación hacia “el interior” de uno mismo, mediante el enlace creado desde el centro de la esfera de consciencia hacia la superficie de la misma.

Reforzando la conexión

A partir de aquí, y si esto se refuerza con el tiempo, el trabajo personal y la constancia, el enlace se hace más fuerte, la consciencia del Yo Superior puede acceder con más facilidad a la personalidad, y la comunicación es más fluida. La información y respuestas que siempre nos han hecho creer que estaban ahí fuera, ahora son fácilmente accesible “aquí dentro”, pues a través del enlace limpio, desprogramado, sin filtros, etc., entre el yo observador – Yo Superior (es más complejo, pero lo simplificamos así), uno tiene acceso al enorme repositorio de información que es la Creación como tal, y la totalidad de lo que contiene.

Este proceso es vital, no se puede dar de otra forma para conseguir una conexión directa y estable con lo más profundo de nosotros mismos, y es la conexión más segura y protegida que existe una vez se han eliminado miedos, topes, barreras, protecciones y programas que están insertados ahí para que esto no se produzca ni se lleve a cabo. La desprogramación y eliminación de todo eso es importante, pero también requiere que en el extremo receptor haya una parte de la personalidad lista, abierta y receptiva para enlazar al centro de la esfera de consciencia por donde fluye ininterrumpidamente el flujo de información, energía y conocimiento proveniente de esos otros niveles más elevados de la estructura multidimensional que forma esto que llamamos “ser humano”.


Ejercicio: Clasificar los pensamientos Vas a utilizar los dedos de las manos para ir contando
los pensamientos que lleguen a tu mente en un plazo de cinco minutos. Utilizarás la mano izquierda para contar los pensamientos negativos y la mano derecha para los positivos. Sin juzgar y sin tratar de ordenar los pensamientos, solamente vas a contemplar el diálogo metal que se produce en tu interior y, con rapidez, decidirás cuál es bueno y cuál es malo. Por lo general, la mano izquierda es la que se completa más rápido. Según una estadística científica, se sabe que la mente humana produce alrededor de 60,000 pensamientos diarios y que, en su gran mayoría, éstos son negativos. De esto se puede deducir claramente que no son los pensamientos lo que se manifiestan, sino las creencias. ¿Puedes imaginarte cuán caótica sería tu vida si todo lo que te encontraras pensando en un día llega a ser realidad? Hay personas que piensan algo a la mañana y luego algo diferente a la tarde. También tenemos dudas y contradicciones. Sólo los pensamientos más dominantes o repetitivos son los que se manifiestan, especialmente aquellos que tienen una carga emocional grande y un sentimiento de convicción. Haremos diversos ejercicios y técnicas para ayudarte en el proceso de transformación mental. Algunos de ellos son muy simples; otros no tanto. Es importante ensayarlos a todos e ir determinando sobre la marcha, y según tu propio juicio, cuáles son los más ventajosos para ti. El proceso no es rápido y deberás ser paciente y amable contigo mismo, ya que se vuelve muy fácilmente hacia atrás. No hay manera de que puedas mejorar tu vida si tienes la mala costumbre de pensar en problemas y catástrofes. Hay personas que tienden a magnificar sus problemas, si sienten un dolor de estómago, creen que tienen cáncer. Desde hoy debes aprender que el peor de tus tormentos sólo vive en tu mente, es un pensamiento, y tú tienes la posibilidad de poder cambiarlo. Una técnica muy sencilla para anular el pensamiento negativo es utilizar la palabra “cancelado”. Cada vez que algo no deseable venga a tu mente, deberás pronunciar esa palabra como dando una orden, repitiéndola por lo menos tres veces seguidas. Lo puedes hacer tanto verbal como mentalmente pero, cualquiera sea la forma, deberás hacerlo con entusiasmo y firmeza. De esta manera, el pensamiento negativo no se repite ni se adhiere a tu conciencia. La mente subconsciente toma la palabra “cancelado” como una orden y la ejecuta, interrumpiendo la manifestación de lo negativo. Además, es importante afirmar a continuación lo opuesto. Por ejemplo, si viene a tu mente el pensamiento de que podrías contraer una enfermedad, deberás repetir inmediatamente “cancelado” tres veces, como si estuvieras tachando ese pensamiento. Pero a la mente no le es suficiente con saber lo que no quieres, también debes decirle cuál es tu verdadero deseo. Inmediatamente después de cancelar lo negativo, tienes que revertir el pensamiento y reemplazarlo por otro más positivo que ocupe su lugar. Volviendo al ejemplo del miedo a la enfermedad, después de cancelar esa idea, es importante que afirmes en tiempo presente: “siempre tengo buena salud”. De esta manera se comienza a revertir el proceso del pensamiento. Veamos otro ejemplo: es probable que venga a tu mente el siguiente pensamiento: “no me va a alcanzar el dinero para pagar mis cuentas”. En ese caso, repetirás “cancelado” tres veces y luego “tengo suficiente dinero para vivir cómodamente” o “el dinero viene fácilmente a mí cuando lo necesito”. Cuando se hace una afirmación para revertir algo, se deberá evitar utilizar el vocablo “no”. El “no” produce el efecto inverso al que se desea. Por tal motivo, la gente que dice “no voy a fumar más” termina fumando el doble, o quien afirma “no quiero pensar más en mi ex pareja” no puede quitársela de su mente ni un solo instante. Existen escuelas esotéricas que trabajan con afirmaciones y también con negaciones; personalmente, yo te recomiendo que utilices las primeras porque con las negaciones es muy fácil equivocarse.

También es importante “cancelar” los pensamientos ajenos. Aunque uno quizá se sienta muy cómodo y feliz con su propia vida, se encuentra a diario con personas que tienden a tirar su optimismo abajo con opiniones tales como: “la economía del país es un desastre”, “no hay dinero”, “la vida en esta ciudad es cada vez más peligrosa”, “ya no se puede confiar en nadie”, y demás. Cada vez que nos enfrentamos a una persona que opina algo negativo y no queremos que su opinión ingrese en nuestra conciencia, debemos “cancelarlo”. Es mejor si podemos hacerlo verbalmente, de lo contrario, lo haremos mentalmente. De cualquier de las dos maneras, nos aseguramos de no aceptar el pensamiento negativo.

Debemos repetir esto con lo que escuchamos por radio, vemos en televisión o leemos en diarios y revistas. De acuerdo con el principio del mentalismo, todo lo que elegimos pensar y creer es lo que se va a manifestar en nuestra vida; por lo tanto, debemos ser extremadamente cuidadosos respecto de lo que aceptamos como creencia y, por ello, es importante seleccionar muy bien las fuentes de información. Para hacer que el efecto “cancelado” sea más poderoso, puedes imaginarte que tachas el pensamiento negativo dibujando una cruz blanca sobre él, como si hicieras una “x” en tu mente. De esta manera, visualizas la prohibición de que se vuelva a repetir el pensamiento. Ejercicio: Diario de creencias Necesitas un cuaderno en blanco, que dividirás en secciones de cuatro o cinco hojas cada una. En este cuaderno, registrarás las creencias que han regido tu vida hoy. La primera sección tendrá como título: “Mis propias creencias”; la segunda, “las creencias de mi madre”, y luego continuarás con las creencias de tu padre, tus adultos (abuelos, tíos, vecinos), tus maestros, tu religión, tu sociedad, tu jefe, tus amigos, y demás. En cada sección, deberás escribir lo que escuchabas decir a los demás acerca del amor, el dinero, la familia, la salud, la religión, el trabajo, las amistades, el sexo, los hombres, las mujeres, el éxito, el fracaso. Debes anotar, además, cuáles eran los miedos de tus mayores, qué hacían cuando se enojaban, cuales eran sus enfermedades más comunes (especialmente, las de tus padres), y cualquier otro recuerdo dominante que sirva para identificar una creencia. Básicamente, tendrás que anotar todas las ideas sin juzgar si las creencias fueron positivas o negativas para ti. Ese ejercicio no se hace en un solo día porque la mente te irá informando gradualmente de aquello que necesitas recordar. En muchos casos, encontrarás ideas totalmente absurdas, pero en otros, no. Debes hacer un revelamiento total de aquellas ideas para saber con cuáles te has identificado. Descubrirás que la mayoría de las veces estás actuando según los mandatos recibidos y no de acuerdo con tu propia voluntad. Más adelante aprenderás a reemplazar eficazmente lo que no deseas y a programar tu propia vida. Recuerda que vivimos en un Universo mental, en el cual todo lo que llegues a creer se manifestará como tu propia realidad.

La elección de nuevas creencias Todo lo que nosotros llamamos Universo o Dios, se manifiesta a través del “espíritu”. El espíritu tiene una parte obediente que es el “alma”, ella se encarga de manifestar lo que llamamos “cuerpo” u objeto. Cuando llevamos esta estructura a nuestra vida humana, dicha estructura se identifica de la siguiente manera: lo que llamamos “espíritu” es nuestra mente consciente; el “alma” es la mente inconsciente y, finalmente, el “cuerpo” nos conecta con nuestro cuerpo físico. Por lo tanto, lo que nos conecta con nuestro Creador es nuestro espíritu, que tiene su asiento en la mente consciente. Allí es donde radica nuestra voluntad y nuestro poder de decisión. Se llama libre albedrío a la capacidad que tenemos de elegir nuestros propios pensamientos. De acuerdo con nuestro libre albedrío, nosotros podemos elegir el “cielo” o el “infierno” según lo que aceptamos como
verdadero en nuestra conciencia. Muchas personas creen que el libre albedrío significa escaparle al karma o hacer lo que les da la gana, pero esto no es así. Es solamente nuestra libertad de elegir lo que queremos pensar. Tú puedes elegir pensar que tienes una vida “miserable” o una vida “feliz”; aquello que elijas voluntariamente se depositará en tu mente inconsciente o “alma”, y desde allí se manifestará en el mundo físico. De una manera gráfica, podemos pensar el “espíritu”, o mente consciente, como la parte que selecciona una semilla para sembrar. El “alma”, o mente inconsciente, sería el suelo fértil donde la semilla va a germinar y crecer. El “cuerpo” sería el fruto o resultado que se va a obtener.
Nuestro poder de acción radica siempre en la mente consciente. De acuerdo con esto, a partir de ahora debemos abandonar la idea de que somos víctimas de nuestro destino y tenemos que empezar a aceptar que todo lo que nos ocurre lo estamos eligiendo, de alguna manera. Muchas de estas elecciones se dan en tan sólo fracciones de segundos y se depositan en nuestra mente inconsciente, donde germinan y luego se manifiestan. Por ejemplo: al visitar a un pariente enfermo, es probable que llegues a pensar: “esto podría ocurrirme a mí”. En este instante, se produjo el “contagio”, ese pensamiento se depositó en tu mente como una semilla. De ahí en adelante, cuanto más pienses en la posibilidad de enfermarte, más estarás “regando” la semilla que finalmente dará su fruto, o sea, la enfermedad. Así es como funciona todo el Universo. Vivimos en un Universo que siempre dice “si” a todo lo que elegimos creer. La mayoría de nuestras creencias se han ido formando a través del tiempo, de acuerdo con la familia, cultura, sociedad, religión y las instituciones de educación a alas que asistimos. Muchas de nuestras ideas ni siquiera son nuestras, sino que han sido expuestas por nuestros mayores a lo largo de nuestra crianza. Es importante saber que todo aquello que ya está depositado en nuestra mente inconsciente se puede remover. Podemos crear nuevos pensamientos, aceptar nuevas ideas y diseñar un porvenir mucho más conveniente y favorable. En ello reside la importancia de conocer los principios metafísicos. Éste conocimiento te dará la habilidad de crear el destino feliz que anhelas aunque tu pasado no lo haya sido. Y lo bueno no termina allí. Existe un principio metafísico que enseña que “las leyes superiores se imponen sobre las inferiores”. Esto significa que en la medida en que mejores tu vida personal, mejorarás la vida de todos los que te rodean. Curando tus propias heridas, se curarán las de los demás. Mucha gente cree que sería más feliz si tuviera una pareja mejor, más dinero, más poder o más salud. Ellos creen que algo de afuera tendría que cambiar para poder estar mejor, sin embargo, el proceso es al revés. Cambiando nuestros pensamientos y mejorando nuestra propia energía mejora nuestra alma. El alma El alma o su equivalente la mente inconsciente, no razona, no elige, no cuestiona y siempre dice “sí”. Si eliges pensar “Mi vida es miserable”, entonces la mente inconsciente tomará este pensamiento como una orden y se encargará de ejecutar todo lo que esté a su alcance para hacer que tu vida sea miserable. Por el contrario, puede elegir pensar: “tengo una vida exitosa y feliz”, entonces esa mente te llevará a elegir a todas las personas y las situaciones que te harán sentir exitoso y feliz.

Como seres creadores, podemos ir cultivando nuevas ideas en nuestra mente inconsciente pero, primero, debemos remover lo que ya está allí. No podemos tener dos “plantaciones” en el mismo lugar. Este no es un trabajo fácil de hacer porque en nuestro inconsciente están depositadas todas las experiencias vividas desde el momento en que fuimos concebidos, las de otras vidas, y todo aquello que experimentamos hasta la fecha. Esta parte de la mente es como un archivo enorme donde están guardados preciosamente todos los recuerdos y los hábitos aprendidos.

Los hábitos Nuestro cerebro funciona sobre la base de hábitos porque de esta manera ahorra energía. Una vez que hemos aprendido a vestirnos, ya no tenemos que aprender cada mañana lo mismo. Ponernos una camisa, peinarnos, comer y demás son hábitos aprendidos en la infancia que nos ayudan a desenvolvernos en forma mecánica ya no debemos pensar más en ello. El habito es como un “mapa” en el cerebro por donde va la energía cada vez que tenemos que repetir una función ya conocida. Cuanto más repetimos una misma tarea, el hábito se vuelve más fuerte y, por lo tanto, nos resulta más fácil ejecutarla. Es difícil, sino imposible, concebir una vida donde tuviéramos que aprender todo de nuevo cada día. Los hábitos más importantes se aprenden en los primeros siete años de vida y, luego, los repetimos incansablemente a lo largo de nuestras vidas. En esa etapa, aprendimos a amar, a ser felices o no, a vivir en la prosperidad o en la pobreza, a aceptar nuestra sexualidad o a sentir culpa, y muchas otras cosas más. Todo lo que hemos vivido de niños ha impregnado nuestra conciencia formando una memoria básica, un “mapa” de ruta elegido por los mayores. Nuestra función como adultos es seleccionar de todo lo aprendido aquello que nos sirve y aquello que no. Hay personas que se han criado en hogares con valores morales y espirituales muy positivos, que las llevan a desempeñarse muy bien en su mundo de adultos. Sin embargo, hay otras que han crecido rodeadas de miedo, carencias, o sin amor, y esto les acarrea una falta de confianza y seguridad personal. La mayoría de nosotros hemos recibido una mezcla de influencias; algunas fueron muy buenas y otras, muy malas. Por tal motivo, debemos seleccionarlas con criterio. Nuestro cerebro funciona gracias a unas células llamadas “neuronas”. Cada neurona tiene una extensión semejante a un cable, que se llama “axón”, con el cual se conecta a otra neurona y, así, se trasmite el mensaje eléctrico a lo largo del cuerpo; el cerebro da la orden, las neuronas trasmiten esta orden al cuerpo, y el cuerpo finalmente la ejecuta. Por ejemplo, si siento picazón en mi cara y decido rascarme, en el instante en que tomé la decisión, las neuronas enviaron la señal eléctrica a mi cuerpo, entonces, muevo un brazo y llevo una mano a mi cara para rascarme. Cuando se repite muchas veces una acción, se crea un hábito. Al hacerlo, muchas neuronas se juntan entre sí formando un “cable”

Formas de programar la mente Básicamente, existen tres formas de programar la mente: a través de la palabra, la imagen o la sensación. Para lograr la manifestación de un deseo es necesario utilizarlas a las tres: se debe pronunciar con palabras lo que se quiere, se debe visualizar el resultado y, finalmente, se debe sentir lo que se siente al haber logrado el deseo. 1) La palabra En la Biblia se encuentran ejemplos de cómo Dios creo la realidad a través del uso de su palabra. El dijo “Hágase la luz”, y se hizo la luz. En el orden humano, todo lo que nosotros pronunciamos, tiende a materializarse. El logos materializó el pensamiento nuestro sistema es un su logo que fue creado y de un logo planetario de 250.000 millones de estrellas …

En Metafísica, la palabra hablada se puede utilizar para hacer: 1) Afirmaciones 2) Decretos 3) Tratamientos espirituales
 Afirmaciones Una afirmación es una oración hecha en tiempo presente y de manera positiva, en la cual se describe aquello que se desea hacer realidad. La afirmación se utiliza para sembrar una idea nueva en nuestra conciencia. El primer paso es poner la idea en palabras y, luego, repetirla constantemente hasta familiarizarse con ella. Las afirmaciones se repiten desde diez a trescientas veces por día y, para que sean realmente efectivas se deben repetir con entusiasmo y
convicción. Es probable que la primera reacción frente a una afirmación sea desalentadora. Por ejemplo, una persona ha vi
vido en la pobreza y desea cambiar su situación económica, para ello, comienza a repetir lo siguiente “Mis ingresos aumentan día a día, el dinero viene fácilmente hacia mí; soy rico”. Lo primero que realiza la mente al recibir estas nuevas ideas es informar acerca de todo lo que existe en contra de ello. En este ejemplo es probable que la mente le recuerde a la persona que “no tiene la suficiente preparación”, “es latino”, “no habla inglés”, “no tiene suerte”, “los ricos no son bueno ni van al cielo” y demás. Esas ideas fueron recogidas por la conciencia de la persona a lo largo de su historia, lo que no significa que sean válidas como verdaderas. La persona misma ha elegido creer en ellas. Es conveniente no pelear con nuestro pensamiento, sino agradecerle por recordarnos nuestra antigua creencia y, luego, informarle lo que elegimos pensar desde ahora. Esa es nuestra función como adultos. Debido a la gran importancia que tiene la palabra hablada, a partir de ahora deberás chequear todo lo que pronuncias. Una manera de utilizar negativamente la palabra es a través de la queja. Es conveniente evitar enredarse en conversaciones vanas, chismes o quejas acerca de la situación política, económica o social del país, de alguna otra persona o de uno mismo. Cuando una mujer se queja de los defectos de su marido y se lo cuenta a su vecina, a su madre, a sus hijos o a sus amigas, lo único que logra es que su marido le muestre aún más esos defectos.

Decretos Se llama decreto a una afirmación que se realiza una sola vez y en forma rotunda. A diferencia de las afirmaciones, el decreto se hace utilizando una idea que ya está firmemente arraigada en nuestra conciencia, además, tiene una gran carga emocional y un nivel muy alto de fe. El decreto es rotundo y no da lugar a ningún tipo de dudas. Es uno de los instrumentos principales que utiliza un metafísico para la manifestación. Frente a un problema determinado, se puede decretar: “La solución más perfecta y armoniosa para este problema se manifiesta ahora mismo”. Luego se agradece y no se habla más del asunto. El metafísico confía plenamente en que el Universo manifestará la solución más adecuada.

A diferencia de una persona común, el metafísico no “le pide” las cosas a Dios, sino que las afirma y las acepta en su conciencia. El sabe que la fuente de todo, nos otorga absolutamente todo lo que deseamos y nuestra única tarea es aceptarlo.
 Tratamientos espirituales

Se llama tratamiento espiritual a un decreto más elaborado, en el cual se conjugan cinco ingredientes: el reconocimiento de un solo poder en el universo, la unificación con dicho poder, la afirmación de lo que se desea manifestar, el agradecimiento y, finalmente, la liberación del mismo. Los tratamientos espirituales se utilizan para sanar a otras personas, para ayudarlas a lograr sus objetivos y, por supuesto, para concretar los propios.

 La imagen Si una persona no puede llegar a concebir o imaginar o visualizar aquello que desea, entonces eso nunca se manifestará
No se puede arribar a ninguna posición que primero no se haya concebido en la mente, ni se puede llegar a obtener algo que la imaginación no haya visualizado.
Para materializar un deseo, se debe utilizar todo el poder imaginativo a fin de concebirlo en la mente con todos sus detalles. Deben visualizarse la forma, el color, la textura, y todos los detalles que hacen a la imagen del deseo realizado. Prolongar la imaginación es un buen ejercicio mental. Imagínate por un momento lo máximo que podrías llegar a ser en esta vida. ¿Cuáles serían tus condiciones de vida, tus bienes, tu trabajo, tu vida amorosa y social? Imagínate cuál sería la máxima alegría y el máximo triunfo para ti. No te limites al fantasear, no dejes que tus condiciones actuales formen una barrera. Juega con tu mente y piensa a lo grande. La imaginación por sí sola no produce resultados. A la imagen visualizada se le debe agregar el componente principal. La creencia de que es posible. A las jóvenes que quieren casarse, yo les pregunto si se imaginan su vida de casadas: si se ven a sí mismas teniendo hijos, durmiendo con su esposo, viviendo con él, y demás. Aquella que me contesta que sí, que se ve en todas esas situaciones, es la que se casa. Por otra parte, aquella que tiene dificultad para verse a sí misma casada es porque no lo acepta en su conciencia, por lo tanto, no se casará. También puede ocurrir que esta última visualice escenas muy negativas acerca del matrimonio y, consecuencia del miedo que esto le produce, no se case. En este caso, la persona teme sufrir y su mente, siempre aliada, la alejará de toda posibilidad de sufrimiento. Hasta que ella no visualice imágenes positivas y felices, las posibilidades de casarse serán muy escasas. Vivimos en una sociedad bombardeada por diversas fuentes de imágenes: la prensa, la televisión, el cine, las propagandas en las calles, la información a través de Internet, y demás. Así aprendemos lo importante de vestir ciertas marcas, de consumir determinados productos, de lucir de determinada manera para ser aceptados socialmente. Todo este cúmulo de información publicitaria se asienta directamente en nuestra mente inconsciente y desde allí genera deseos.

Tendrás que seleccionar muy bien las fuentes de información visual que frecuentes desde hoy. Es conveniente que evites mirar noticiarios, especialmente temprano a la mañana o tarde a la noche, porque en esos horarios se absorben con más facilidad las imágenes que vemos. Si te dedicas a ver imágenes de violencia y tragedias, sin saberlo estarás creando lo mismo en tu vida personal. El “estar informado” es un mandato de la vida actual y, por tal motivo, se piensa que es importante mirar noticiarios y leer diarios.
En mi caso particular, no hago ni una cosa ni la otra, pero para no vivir desconectado del resto, afirmo: “Todo lo que necesito saber se me revela en el momento justo y necesario”. De esta manera, no me pierdo las noticias que podrían ser importantes para mí y evito el cargarme de información innecesaria. 4) La sensación Es el paso Más importante en el camino de la manifestación. Se debe utilizar la percepción de todos los sentidos para experimentar en el cuerpo aquella sensación que acompaña a la realización de la meta. Se debe escuchar, palpar, oler, ver, sentir el gusto, y vivenciar cualquier otra reacción corporal que se identifique con dicho logro. Al crear esta vibración, la manifestación se produce en forma instantánea. Ejercicio: Renuncio y acepto Debes hacer una lista por escrito de todas las situaciones que ya no quieras vivir en el futuro. Coloca como título “Renuncio a” y luego detalla los problemas, los pensamientos, miedos, enfermedades, obstáculos, y demás que estás dispuesto a soltar. Puedes renunciar, por ejemplo, a la pobreza, la soledad, las limitaciones económicas, los conflictos afectivos o familiares, la insatisfacción laboral, la enfermedad, etcétera. Cuando la lista esté completa, vas a proceder a quemarla en algún lugar seguro hasta que quede reducida a cenizas. A través de este acto simbólico, devolverás al Universo aquello que ya no quieres vivir más. Es importante deshacerse completamente de las cenizas. A continuación, vas a redactar una segunda lista que comience con el título “Acepto”. En ella vas a escribir los diez objetivos que quieras ver concretados mientras estudies este curso. Trata de ser muy específico; anota todos los detalles que sean importantes para ti.

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