Las 7 leyes metafisicas Leyes 5, 6 y 7

Nuestra Función en el Planeta

El Universo está en continua expansión y crecimiento. Somos una extensión de La Fuente creada con la finalidad de que, a la vez, nosotros continuáramos creando. Tal como lo hemos estudiado, para poder crear debemos equilibrar nuestras energías masculinas y femeninas adecuadamente. Una manera práctica de hacerlo es la siguiente: busca una posición adecuada para tu cuerpo, ya sea sentado o acostado, respira profundamente tres o cuatros veces aflojando cualquier tensión en los músculos. Una vez que te sientes cómodo, formulas las siguientes preguntas a tu Yo Superior: ¿Cómo está mi balance Yin/ Yan hoy? ¿Cuál es el porcentaje Yin? ¿Cuál es el porcentaje Yang? ¿Qué color necesito para equilibrar mi aura?

Una vez que recibas en tu mente el color que necesitas, vas a imaginarte que cubres todo tu cuerpo con él. De esta manera, elevarás tu frecuencia vibratoria y equilibrarás tu aura. Luego respiras profundamente una vez más y abres los ojos.

Un metafísico puede llegar a transformar una situación indeseable elevando el nivel vibratorio y generando la energía del polo opuesto hasta encontrar el equilibrio. Aunque el símbolo del Yin-Yan se representa solamente con los colores blanco y negro, nuestra mente puede indicarnos la necesidad de utilizar algún otro color para lograr el equilibrio energético.

Seguramente, te estarás preguntando cuál es tu función y eso es muy válido. Hay ciertas características que definen al propósito divino de tu existencia. La más importante es que dicha función será siempre tu felicidad. Contrario a las ideas impuestas por ciertas religiones o sociedades, Dios no quiere sacrificios sino nuestra propia felicidad. En pocas palabras, todas las actividades que te dan placer son aquellas que forman parte de tu misión.

Otra característica importante es la pérdida de la noción del tiempo. Cuando te encuentras sumido completamente en una actividad y luego descubres con asombro que han pasado horas

Cuando, en realidad sientes que sólo fueron minutos, estás vibrando con tu espíritu. En ese momento el tiempo humano se altera y uno se conecta con lo eterno.

La vida organizada nos lleva a pensar que nuestro talento nos tiene que dar dinero, fama o cierto mérito social. Sin embargo, en el mundo espiritual no es así. A veces, la misión de algunos es servir a
otros para que alcancen fama y reconocimiento. En otros casos, la misión es cuidar, alimentar o educar a los demás. Cualquiera sea la forma que tome la misión, siempre será nuestra felicidad, nos dé o no dinero. Cuando cumplimos con nuestra misión, toda la vida se nos facilita; llegan a nosotros los medios para sustentarnos económica y emocionalmente.

Este ejercicio escrito te será muy iluminador. Para eso, sigue los siguientes pasos:

1) Escribe una lista de las características más positivas de tu personalidad y luego selecciona según tu criterio las cuatro mejores. Enuméralas en orden de importancia.

2) En relación con esas cuatro características, enumera maneras de expresarlas de una forma concreta. Por ejemplo, si una de tus mejores características es tu sentido del humor, piensa de qué manera te gusta canalizarlo: escribiendo, bailando, dibujando, enseñando, hablando, etcétera.

3) Describe en dos o tres oraciones las características de tu mundo ideal.

Finalmente, debes armar un párrafo completando las oraciones con lo que has escrito anteriormente.

“El propósito divino de mi existencia es utilizar mi …..(1)….. a

través de…….(2)……. Para que cada uno ……(3)……”

Sin importar de dónde venimos, cada uno de nosotros tiene una misión que cumplir. Además, todos tenemos acceso al mundo de las posibilidades infinitas y la mayoría de las veces accedemos a él de
manera espontánea. Todo lo que se nos revela o llega a nuestra mente es para que lo utilicemos en algún momento. A veces, concebimos ciertas ideas que parecen imposible de realizar; sin embargo, si han venido a nuestra mente es por algún motivo.

PRINCIPIO DEL RITMO

El principio del ritmo dice textualmente “Todo fluye y refluye; todo tiene sus períodos de avance y retroceso; todo asciende y desciende; todo se mueve como un péndulo; la medida de su
movimiento hacía la derecha es la misma que la de su movimiento hacia la izquierda; el ritmo es la compensación”.

En el Universo todo tiene un movimiento similar al de las olas, de avance y retroceso. Los científicos ya han comprobado este movimiento a través de la evolución de los planetas, las estrellas, los soles, y demás. La vida tiene movimiento pendular y el proceso de nacimiento, crecimiento, desarrollo y muerte se repite incesantemente en todo.

El mismo movimiento que se da en el plano físico también se da en los planos emocional y mental. Esto quiere decir que tanto nuestro humor como nuestros pensamientos también responden a
ese ritmo. Como ejemplo, podemos decir que después de un período de gran tristeza, pesadumbre o dolor, se sucede otro lleno de gran alegría, felicidad y satisfacción. A veces, los cambios de humor se dan en el mismo día; uno se siente optimista y alegre, y al rato, triste y preocupado. El estudiante de metafísica debe aprender a dominar este movimiento pendular para evitar el arrastre hacia la polaridad no deseada.

El principio está muy relacionado con el anterior: el principio de polaridad. En cada punta del péndulo podemos ubicar uno de los polos opuestos y así vemos claramente cómo oscilamos de un
extremo al otro.

Raramente llegamos a los extremos totales. Nuestro péndulo oscila en diversos grados y, así, alcanzamos ciertos grados de felicidad o de tristeza. El kybalión define a este ritmo como compensación. Aunque el movimiento es difícil de medir en números y no sabemos en qué grado se da, podemos determinar en qué fase del movimiento nos encontramos.

Cuando una persona se encuentra en el polo de la tristeza, debe ser que en algún momento la Vida lo llevará hacia el polo de la alegría, lo desee o no. Cuando más profunda sea la primera, mayor será la segunda. El ritmo siempre comienza por el polo negativo. De esto se deduce que la medida del movimiento negativo será igual a la del movimiento positivo.

El principio del ritmo nos advierte también que los momentos de felicidad o éxito no son permanentes, tarde o temprano, el péndulo nos llevará a retroceder para luego volver a avanzar. Esto no significa que uno tenga que perder lo que ha logrado, pero es necesario saber que el periodo de crecimiento o de dicha no es constante. Entonces, debemos prepararnos tomando la mayor ventaja posible de los buenos momentos, hasta que aprendamos a manejar el principio del ritmo a voluntad. Por ejemplo, si estoy viviendo un momento de crecimiento económico, tendré que aprovechar para ahorrar parte de ese dinero. Existen casos en que las personas parecen haberse quedado estancadas en uno de los extremos del péndulo; se dice que esas personas se han “polarizado”. La mayoría tiende a estancarse en los polos negativos: pobreza, soledad, enfermedad y demás. Utilizando ciertas técnicas metafísicas, las personas pueden llegar a despolarizarse y mejorar su vida. Para entender mejor este concept
o, puedes comparar al proceso de despolarización al de nadar en el mar.
Cuando se nada en contra del movimiento de las olas se requiere mucho más esfuerzo y, a veces ni siquiera así se puede regresar a la costa. Sin embargo, cuando aprovechamos el empuje de una ola y nadamos en la misma dirección, avanzamos con más rapidez y menor esfuerzo.

El estudio del principio del ritmo nos permite sintonizarnos con nuestro propio movimiento pendular para aprovechar los momentos de avance. Pero, con el tiempo, el metafísico aprende a escapar completamente a este movimiento pendular. Para lograrlo, busca situarse arriba del péndulo, donde no hay movimiento de arrastre.
De acuerdo con lo que hemos estudiado anteriormente, sabemos que contamos con:
• Espíritu
• Alma
• Cuerpo

El espíritu se corresponde con la mente consciente. Gracias a la acción de nuestro espíritu tomamos decisiones nos movemos en cierta dirección; aquí se localiza nuestra voluntad. El alma se corresponde con la mente inconsciente. Esta última es el gran archivo donde almacenamos todas las experiencias vividas. El alma es la fiel servidora del espíritu y ejecutará aquello que elija. Finalmente, el cuerpo se corresponde con nuestro cuerpo físico, vehículo necesario para vivir las experiencias en este plano.
Si ordenamos estos niveles de existencia de arriba abajo (espíritu, alma y cuerpo) y ubicamos el eje del péndulo en la parte superior, podemos deducir que lo que más sufre el embate de su movimiento es el cuerpo físico, ya que le toca el recorrido más amplio del péndulo. Le sigue el mundo emocional o el terreno del alma y, finalmente, el plano del espíritu, donde las situaciones no cambian, aquí el movimiento pendular es muy leve o no existente. Por lo tanto, en la medida en que ascendemos a planos superiores, el embate del péndulo se reduce hasta que desaparece. Esto se logra cuando ingresamos plenamente en el plano del espíritu, el plano del eterno presente y la dicha constante. Uno de los instrumentos más eficaces para acceder al plano del espíritu es la práctica de la meditación. Cuando se entra en meditación, se permanece en un estado sin tiempo, donde las presiones de la vida cotidiana y las de nuestro propio ego desaparecen. Hay muchas maneras de meditar. Cada uno deberá buscar la manera que le resulte más adecuada a su temperamento. Básicamente, meditar significa concentrar la mente en un solo pensamiento, que puede ser una palabra determinada (amor, justicia, paz), algún sonido de la naturaleza (el canto de los pájaros, la lluvia, el viento), alguna música o la repetición de una mantra (“Ohm”). Cuando uno realiza una actividad concentrándose totalmente en la misma, se encuentra meditando. Esta actividad puede ser tanto pasiva (por ejemplo: leer un libro o contemplar la naturaleza) como activa (por ejemplo: la práctica de un deporte o el trabajo de jardinería).

En el Universo, todo tiene su propio ritmo: las actividades, los trabajos, las relaciones, y demás. Cuando uno aprende a fluir con ese ritmo no sufre. Por ejemplo, hay negocios que funcionan más en
verano que en invierno; hay mercaderías que son más requeridas en ciertas épocas del año que en otras; hay actividades que se incrementan hacia fin de año, como las ventas de Navidad

El ritmo afecta a todas las actividades. Un dato que resulta curioso es que durante el invierno aumenta en forma muy notoria la respuesta a los anuncios personales que se publican en los diarios; en otras palabras con el frío la gente busca más intensamente el “calor” afectivo. Por lo tanto, si uno va a publicar un anuncio en la sección “romances” con la expectativa de recibir muchos llamados, deberá hacerlo durante esta estación. Cuando uno conoce el ritmo de las actividades, puede sacar más provecho de éstas.

Las relaciones humanas también tienen su ritmo y cumplen ciclos, si una persona cree que ya ha encontrado el ritmo de su vida y que todo estará siempre bien, tarde o temprano se decepcionará
porque se encontrará sumida en alguna crisis o problema. Esto no es un mal augurio sino que, por el contrario, implica reconocer que la vida tiene este movimiento pendular. En el caso de una pareja, las crisis son peores cuando este movimiento no se da en sincronía. Uno de ellos puede estar viviendo un momento de crecimiento y el otro no. En principio, deberemos aprender a fluir con el péndulo para luego mantenerse en el punto que desee sin dejarnos arrastrar por el movimiento negativo.

La naturaleza nos recuerda este movimiento rítmico de muchas maneras: el ritmo de nuestro corazón, la respiración, las olas del mar, las mareas, el cambio de estaciones, el día y la noche. El cuerpo femenino también responde a un ciclo determinado y por eso se dice que la mujer percibe intuitivamente los ciclos de la vida.

El ritmo del planeta

Según el principio del ritmo, todo en la vida tiene un movimiento pendular. Cuanto más lejos ha llegado el péndulo en el polo negativo (tristeza, dolor, sufrimiento, etcétera), más se inclinará luego hacia el otro extremo (alegría, éxito, felicidad, etcétera). De acuerdo con El Kybalión, el movimiento siempre comienza en el extremo negativo y nunca al revés. Es decir que si se está viviendo un momento feliz, no significa que luego se va a sufrir. En realidad, el proceso es al revés si se ha sufrido un gran dolor, la vida luego nos compensa con una gran alegría. El movimiento pendular se reduce en la medida en que nos elevamos espiritualmente y se termina cuando nos hallamos en el terreno del espíritu. Es entonces cuando se alcanza el estado de dicha constante y paz. Cuando uno lograr llegar a ese punto, en el cual se puede sentir bien con pareja o sin ella, dinero, familia, y demás, es cuando uno se ha situado sobre el péndulo. Mientras uno oscila emocional o mentalmente es porque todavía está siendo arrastrado por aquél.
Ejercicio:
Adaptar la melodía

Piensa en las canciones que te gustan y elige la que sea tu favorita. Recuerda la letra; en especial, el estribillo. Analiza el contenido y así te darás cuenta de los mensajes que has estado cargando en tu mente subconsciente. Recuerda canciones de tu infancia; analiza las letras y si aún las recuerdas y son muy negativas, comienza a cancelarlas. Dile a tu mente que ellas representan tu pasado, que renuncias a lo que ellas significan porque no representan lo que eliges ahora en el presente. Cambia la letra de tus canciones preferidas sí son muy negativas. Elige otro final para la historia que cuentas y busca aquel que te inspire confianza, amor y alegría. Impregna tu conciencia con música estimulante y alegre; de esta manera, tu vida se transformará para bien.

El efecto “subibaja”

El principio del ritmo también afecta a las relaciones humanas.De acuerdo con el movimiento de nuestro péndulo personal,atraemos personas más positivas. O negativas en determinados momentos. Existe un fenómeno, conocido en psicología como el efecto “subibaja”, que afecta a las relaciones más cercanas alterando el equilibrio emocional. Para entenderlo mejor, vamos a estudiarlo a través de un ejemplo concreto:
Un matrimonio.
Debes visualizar a cada uno de ellos como tanques de agua conectados en su base por una válvula o un caño. De esta manera, vemos cómo los dos recipientes están conectados entre sí e intercambian su contenido. Cuando el contenido de uno de ellos desciende, aumenta el otro, y viceversa. Este fenómeno de vasos comunicantes ocurre también entre dos personas que están enlazadas emocionalmente. Por lo tanto, todas las emociones que reprimen uno de ellos, las expresa el otro.

Continuando con nuestro ejemplo, imagínate y él está leyendo el diario cómodamente en la cocina. Ella habla pero él sólo murmura algo; en el fondo, se molesta con la interrupción. En vez de expresar su
verdadera emoción, la reprime. Súbitamente, ella se siente incómoda y se enoja. Su marido continúa leyendo el diario y reprimiendo su energía.

Todo lo que él reprime, surge del otro lado haciendo que la mujer se enoje aún más. La represión continúa y pronto llega a su límite. Pero en apariencia, por un lado, el hombre sigue
completamente en silencio y, por el otro, su mujer está totalmente fuera de sí. Entonces el hombre dice excusándose: “Pero si yo no dije nada”.

De esta manera se explica por qué a veces a veces sentimos emociones ajenas a nosotros mismos o por qué llegamos a límites indeseables. A veces, al conocer a una persona nueva, uno empieza a sentir emociones que ya no son propias. Es probable que se sienta el gran deseo de complacer al otro, de brindarse desmedidamente, de estar todo el tiempo sólo con aquella persona. Todo esto se debe a la gran necesidad que tiene el otro de recibir; lo está pidiendo con toda intensidad pero sin palabras. En estos casos, surgen preguntas como: “¿Por qué estoy sintiendo esto?” La persona puede llegar a imaginarse que está viviendo un gran” amor y sólo está recibiendo toda la neurosis de la otra persona. En esos casos, nos encontramos canalizando la furia, la tristeza, la desolación o la angustia de las personas con las que nos relacionamos. Esto es más cierto aún cuando estas emociones no son lógicas o coherentes con lo que nos está ocurriendo en ese momento. Podemos comparar el fenómeno con la contaminación de los tanques; al estar conectados entre sí, uno recibe la parte tóxica del otro. El efecto “subibaja” se continúa en los distintos miembros de una familia. Del padre pasa a la madre, de la madre al hijo o hija mayor y así sucesivamente. Este efecto suele incluir también a los animales domésticos. En conclusión, todo lo que reprimen los mayores, lo manifiestan los menores esta es la razón por la cual suelen enfermarse los niños en una casa, o algunas mascotas se comportan tan neuróticamente. La represión nunca es buena y termina por explotar.

Debemos recordar que el cuerpo físico siempre nos envía dos mensajes básicos: comodidad o incomodidad.

De acuerdo con su mensaje, podemos darnos cuenta de que si no estamos envolviendo en un intercambio de energía favorable o no.

Muchas personas tapan este mensaje con un pensamiento inocente como “El o ella ya va a cambiar” o “El tiempo mejorará la relación”.

En síntesis, desde un primer momento sabemos si una persona será favorable o no para nosotros.

La solución a esto es, en principio, ser consciente del efecto “subibaja” y luego buscar neutralizarlo. Para lograrlo, lo más efectivo es la comunicación verbal y la expresión abierta de las emociones.

Volviendo al ejemplo anterior de los tanques contenedores, la válvula de escape sería la boca. Cuando uno expresa lo que piensa y siente, libera la energía y se corta el efecto “subibaja”. En casos de enojo, siempre es más saludable discutir y terminar el tema en ese momento, en lugar de reprimirlo.
El principio del ritmo se manifiesta en todas nuestras relaciones y cuanto mayor es el grado de intimidad, más grande es el intercambio de energía que se produce.

PRINCIPIO DE CAUSA Y EFECTO

El sexto principio metafísico es uno de los más difundidos y dice textualmente: “Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa; todo sucede de acuerdo con la Ley; la suerte no es más que el nombre que se le da a una ley no conocida; hay muchos planos de casualidad, pero nada escapa a la Ley”.

Absolutamente todo lo que estamos viviendo en el presente ha sido generado en algún momento, lo hemos creado ya sea consciente o inconscientemente en esta o en otra vida. Cuando decimos que algo nos sucede “por casualidad”, sólo estamos refiriéndonos a una ley que desconocemos, pero en realidad era un evento que nos tocaba vivir porque lo habíamos generado de alguna manera.

Es agradable pensar que todo lo bueno que nos ocurre es el producto de nuestras acciones, pero, por el contrario, nos cuesta aceptar que las situaciones negativas que se nos presentan también las hemos creado. Se nos hace difícil llegar a entender por qué y cuándo generamos lo negativo. Este principio nos da la respuesta al explicarnos que son muchos los planos de causación; algunos de ellos provienen desde muy atrás en el tiempo y están dormidos en la memoria, son eventos que pudieron darse tanto en la infancia como en vidas anteriores.

Además, genéticamente recibimos la influencia de nuestros padres, a eso le agregamos la influencia de cuatro abuelos y, si seguimos, vemos que también recibimos la influencia de ocho bisabuelos. Así, esta cadena continúa infinitamente. También recibimos influencias de la sociedad en la que crecemos, la religión que practicamos, las instituciones de enseñanza a las que asistimos, los lugares de trabajo, los clubes, los amigos que nos rodean, y demás. Estos son sólo algunos ejemplos para indicar que existen muchos planos de causación y nosotros somos el resultado de la suma de dichos planos. Llamamos “planos de causación” a los lugares, personas y eventos que nos han enseñado un patrón mental o creencia que tomamos como verdaderos. Podemos analizar el conjunto de información que hemos recibido a lo largo de la vida; conscientemente seleccionar aquello que deseamos mantener en nuestra mente y lo que debemos desechar. En este proceso se debe reconocer lo que pensaba nuestro padre, nuestra madre, nuestro abuelo, y qué es lo que elegimos pensar nosotros. También es conveniente recordar lo que uno acostumbraba pensar tiempo atrás y lo que elige pensar ahora.

Siempre tenemos la libertad de poder elegir en el presente, que es el único momento que existe. Recuerda que lo que llamamos “libre albedrío” es sobretodo la oportunidad que tenemos de elegir
nuestros pensamientos. En esto radica nuestro verdadero poder y es así como tomamos las riendas de nuestra vida. En este proceso de selección de pensamientos debemos ser responsables y evitar en todo momento caer en el papel de víctima.

Para la mayoría, es más fácil culpar a alguien o a algo por la infelicidad que viven; de esta manera, se evita asumir la responsabilidad de que una parte de uno mismo está creando dicha infelicidad y, por lo tanto, se deja de lado la posibilidad de cambiar y crecer. Hay personas que culpan al gobierno, la situación económica, su pareja, su familia, sus hijos, jefes y demás, y algunos llegan a culpar al clima (humedad, calor, frío) por su insatisfacción.

Tal como aprendimos al estudiar el principio de correspondencia, debemos recordar que todo lo que ocurre por fuera está reflejando nuestro estado interno. Cuando algo externo nos produce insatisfacción o dolor, eso sólo nos está recordando que tenemos una herida que sanar; de otra manera, no nos alteraríamos.Es muy recomendable investigar el origen de las situaciones presentes. Si estás viviendo un momento de soledad, no se debe a que tienes “mala suerte” y no encuentras a nadie adecuado para ti.

Esa soledad tiene un significado en tu vida; es una lección que debes aprender. La manera más rápida de encontrar respuestas a los conflictos que vivimos. Es formulando la pregunta a nuestro Yo Superior o Dios Interno. Esto se debe hacer preferiblemente en estado de meditación. Las respuestas que uno recibe siempre son claras y concretas; por lo general, se resumen en pocas palabras o en una sensación.
Si tienes la costumbre de rezar u orar frecuentemente, recuerda que eso es sólo una parte de tu diálogo con Dios. Cuando estás rezando es como si le estuvieras hablando a Dios. Pero cuando estás meditando, estás escuchando Su respuesta. Si sólo rezas, estás produciendo un monólogo en el cual no estás escuchando a la otra parte. Esta es la razón por la cual mucha gente religio
sa se desconcierta y se queja de que Dios “no contesta sus pedidos”. Es imposible que eso ocurra. Dios siempre contesta y en forma inmediata. La solución es meditar no rezar.
¿Cómo sabrás cuando es Dios quien contesta tus inquietudes y no tu propio ego? Hay una clave para reconocerlo: las respuestas de Dios son siempre una forma de paz. Las aparentes injusticias que vemos en la vida diaria encuentran su fundamento en este principio. A lo largo de numerosas vidas anteriores hemos ido generando causas que determinan nuestra situación presente. Hay personas que han hecho mucho bien en el pasado y ahora les toca vivir su recompensa. A estas personas las percibimos como “afortunadas”. Por otra parte, hay otros que han cometido muchos errores, han quebrado ciertas leyes universales y ahora se encuentran atrapados en problemas y dificultades. Por eso es que es que nace gente pobre, enferma o con “mala suerte”, mientras que otros nacen saludables, en un hogar confortable y con buenas oportunidades. Sin embargo, sin importar cuál es la apariencia o situación que nos toca vivir, la mayoria venimos al planeta para sanarnos a nosotros mismos. Por tal motivo, los problemas desaparecen cuando terminamos de aprender nuestras lecciónes de vida. Así vemos que todo lo que percibimos como malo que vivimos no es más que la oportunidad de abrir nuestra conciencia a un conocimiento nuevo.
Se llama “karma” a la deuda que tenemos con nuestro destino y “dharma”, a la recompensa que recibimos por nuestras buenas obras del pasado. Por ejemplo, una persona puede estar atravesando una crisis y, en el momento menos esperado, aparece alguien que la ayuda desinteresadamente. Ese “alguien” quizá sea una persona a la cual ha beneficiado antes. Todo el bien que hacemos a los demás vuelve en algún momento a nosotros multiplicado. Ocurre lo mismo con todo lo malo.
Si alguna vez hemos perjudicado a alguien, tarde o temprano alguien nos va a perjudicar. Esto es lo que la Biblia explica como la “Ley de Talión”, que dice textualmente; “Ojo por ojo, diente por diente”. Esta ley ha sido mal interpretada y muchos la entienden como la ley de la venganza; sin embargo, lo que afirma no es más que la ley de causa y efecto: si le quitas un ojo a alguien, te tocará perder un ojo tuyo, ni uno más ni uno menos.

El karma y el dharma pueden entenderse como actividades en dos bancos diferentes. Al primero le debemos dinero y nos perseguirá hasta que le paguemos. Por el contrario, el segundo nos paga intereses por lo que hemos depositado. Estos bancos no tienen conexión entre sí; es decir que por más buenas obras que hagamos en el presente, igual tendremos que saldar nuestras deudas con el destino. La cadena del karma puede llegar a ser eterna: una persona quizá sea víctima de alguien en una vida y luego se vuelva vengadora en la siguiente, para luego volver a ser la victima y así sucesivamente. La cadena se corta cuando una de las partes involucradas decide perdonar.

El karma se disuelve por completo gracias a la práctica del perdón. Perdonar no es tan fácil como uno cree. Muchas personas que dicen haber perdonado sólo hacen un juego intelectual; cuando vuelven a tener otro problema con la persona “perdonada”, el resentimiento y los reproches aparecen instantáneamente. Esto es lo que conocemos como “perdono, pero no olvido”, lo que sólo nos indica que el perdón no ha tenido lugar aún. El verdadero perdón otorga paz.

Básicamente, hay dos maneras de cortar el karma. Para entender cómo funcionan estas dos maneras, vamos a imaginarnos una relación entre un hombre y una mujer en la cual el primero ha perjudicado a la segunda. En esta vida, ella sentirá un gran deseo de vengarse y perjudicarlo pero como se ha elevado espiritualmente y conoce la ley de causa y efecto elige perdonarlo y no responde al impulso negativo. El karma ha sido interrumpido gracias a su decisión de perdonar. Imaginemos ahora el mismo caso pero, en esta oportunidad, con la diferencia de que la mujer no está tan iluminada y elige perjudicar al hombre. Es ahora él quien acepta la responsabilidad de
lo que le ocurre porque conoce la ley de causa y efecto, y entonces elige perdonarla. El karma ha sido interrumpido nuevamente.

En realidad solo se puede trabajar sobre el propio karma perdonando y perdonandose para interrumpir su influencia en uno mismo y trascenderlo anulando y empeque;eciendo las acciones megativas del propio Ego por esa causa.

La mayoría de las personas que no perdonan actúan así porque sienten que alguien tiene que pagar por lo que les ha sucedido existe en ellas una sed de justicia que en apariencia, no se da en este plano.

Cada estudiante de metafísica debe saber que la Justicia Divina opera a través de la ley de causa y efecto. En consecuencia, debemos aprender a ser conscientes de nuestros actos. Cada pensamiento o acción que iniciamos es una causa que, indefectiblemente, tendrá su efecto.Si peleamos y discutimos con la gente a nuestro alrededor (causa), el resultado será un gran conflicto (efecto). Sin embargo, si hacemos favores y ayudamos a otros (causa), también recibiremos lo mismo en algún momento (efecto), aunque quizás los favores nunca provengan de las personas a quienes hemos ayudado. Por eso es que todas las religiones del mundo enseñan hacer el bien. La única manera de vivir bien es generando buenas acciones
El drama personal
Según el principio de causa y efecto, todo lo que vivimos es el resultado de nuestros propios actos. Contamos con un poder creador y a veces, debido al mal uso del mismo, creamos situaciones difíciles o dolorosas, creamos de esta manera nuestro “drama personal”.Según la metafísica, el drama de toda persona se reduce a la idea de separación de su fuente.

Podemos comparar el efecto de la separación con el concepto del “pecado original”. En la Biblia, esto se explica con la imagen de la expulsión de Adán y Eva del Paraíso. La sensación de separación o desconexión de nuestra verdadera Fuente es la que genera todos los miedos, las angustias y los problemas mayores. Un ejemplo de esto es la soledad. La soledad no se resuelve teniendo a una persona al lado nuestro; en muchos casos, uno puede llegar a sentirse horriblemente solo aun estando acompañado. La soledad es un problema personal y tiene que ver con la sensación de estar desconectado de nuestro Creador. Solamente reparando esa conexión podemos sentirnos plenos, completos y felices.

Curiosamente, muchas iglesias fomentan la idea de separación y no la de unión. Esto se debe a que se basan en las leyes del ego y no en las del espíritu. El miedo más grande que existe es el miedo a Dios, a recibir Su condena o castigo, lo cual es totalmente absurdo.

Como conclusión, la idea del karma, o el ciclo de culpa y castigo, fue creada por nuestro ego. Dios no condena ni castiga porque Él es tal como somos. Él sabe que lo que estamos viviendo es como un gran sueño del cual tenemos que despertar. No hay culpas ni culpables; no tenemos nada que pagar ni que hacer pagar a los demás; solamente existe la experiencia.

El proceso de liberación del karma comienza con el reconocimiento de la proyección que hacemos hacia los demás. Es decir que tenemos que empezar a reconocer que no hay culpables fuera de nosotros, sino que, de alguna manera, uno está proyectando el problema hacia afuera. Luego debemos reconocer que tampoco nosotros somos culpables, sino que solamente hemos cometido
algunos errores. Finalmente, debemos reparar esos errores corrigiendo nuestra percepción de la vida.

Cuando surgió el ego, la confusión, la idea de separación, La Creación nos proporcionó un recurso necesario para devolvernos la percepción correcta de la vida. Este instrumento es lo que llamamos Yo Superior o Espíritu Santo. Todo estudiante de metafísica
debe aprender a invocar a la guía de su Yo Superior, especialmente en los momentos en que se encuentra en conflicto,para entender lo que le está ocurriendo.

La Era de Acuario nos enseñará que no somos culpables de nada; tan sólo hemos cometido errores y los errores se corrigen. La parte más perfecta de nuestra mente nos ayuda en este proceso.

Para poder evolucionar, debemos desarmar nuestro “drama personal”. Con nuestro drama lo único que hacemos es acaparar la atención de los demás y de su energía. Esto significa. Que cuanto
más drama experimentamos, más robamos la energía de los demás.

Pero cuando empezamos a despertar a la vida espiritual, descubrimos que la Fuente de nuestra energía es otra y que la misma es infinita einagotable, por lo tanto, no necesitamos apropiarnos de la energía ajena.

El proceso del perdón consiste en “desarmar” lo que hemos construido eliminando las culpas que ponemos en otros y en nosotros mismos. De esta manera, comenzamos a sentir la sensación de unidad. Pero mientras exista una sola persona a la que consideremos culpable, nunca encontraremos paz en nuestra vida.

El perdón a uno mismo es, tal vez, uno de los más difíciles de lograr. La auto-condenación se da la mayoría de las veces de una manera muy sutil y, a la vez, muy intensa. A veces, sentimos la voz de un juez interno que nos recuerda cuan tontos hemos sido al haber actuado de cierta forma; ese juez no es más que la voz de nuestro propio ego que debemos aprender a callar.

Perdonar no es sinónimo de debilidad. Muchas personas confunden el perdón con la permisividad. Perdonar no significa permitirles a los demás que vuelvan a hacer lo mismo con uno.

Perdonar significa entregar el problema a una autoridad superior a la nuestra que impondrá Su Justicia y no la que nuestro ego quiere.

Perdonar también significa aprender a ponerles límites a los demás y a defender nuestros derechos.

La ayuda a los demás

Nunca hay que ayudar a nadie que no nos lo haya pedido porque la persona puede no estar receptiva a nuestra ayuda. Cuando le hemos hecho un favor a alguien y luego esa persona no nos agradece o se muestra indiferente, nos está dando la pauta de que nos hemos equivocado, o bien la persona no necesitaba de nuestra ayuda o le hemos dado la ayuda equivocada. Esto ocurre cuando intervenimos en la vida de alguien pretendiendo ser su salvador.

Una manera de evitar este error es ofrecer nuestra ayuda a quien pensamos la necesita y, luego, debemos retroceder para dar lugar a que la persona elija. Cuando la persona decide aceptar nuestra ayuda, entonces estará receptiva y sólo así tendremos éxito.

¿Hasta dónde ayudar? Se debe ayudar a los demás hasta el punto en que el equilibrio de nuestra vida personal no se pierda. Si vas a prestar dinero a alguien cercano, deberás prestar solamente una cantidad de tu dinero que no ponga en peligro tu economía personal. De lo contrario, si por prestar dinero dejas de pagar tus cuentas, sólo estás permitiendo que el problema del otro contamine tu vida. En esencia, si quieres que tu ayuda sea siempre efectiva, no deberás perder nunca tu equilibrio personal. Esto nos lleva a la siguiente conclusión: desde el punto de vista metafísico, los sacrificios por los demás no sirven.

En general, los problemas que cada uno de nosotros enfrentamos no son más que errores de conciencia. Existen en nuestra mente ideas equívocas que deben ser corregidas. Estas tienen que ver con la falta de aceptación de lo bueno, con ideas de no merecimiento, con el nivel de la autoestima y con las culpas que arrastramos. Estas últimas son las más poderosas y generan las principales barreras para nuestra felicidad personal.

Las enfermedades físicas tienen que ver con la falta de perdón, las deudas y la soledad, también. Siguiendo este concepto, si quieres ayudar a alguien verdaderamente, entonces no sólo tienes que brindar tu ayuda material, sino también el apoyo moral necesario para que la persona se libere de sus culpas y mejore su manera de pensar.
El Proceso del Perdón

El perdón no es un acto sino un proceso. Cada día perdonamos un poco más y así nos vamos liberando el pasado. En algunos casos, este proceso puede hacerse de una sola vez pero, en la mayoría, el perdón requiere tiempo.

Para entender los pasos que hay que dar en el proceso del perdón, debemos entender primero cómo funciona la proyección que hace nuestro ego. Las heridas emocionales que arrastramos las vemos con más claridad en los demás y no en nosotros mismos. El ego se niega a aceptar que es uno el que tiene el problema y lo proyecta hacia afuera encontrando el perfecto “culpable”. De esta manera culpamos a nuestra pareja, nuestro padre, nuestra madre, nuestros hijos, nuestro jefe, un amigo o a quien sea por nuestra infelicidad. Una analogía muy válida es la siguiente: cuando vamos al cine pensamos que la película está en la pantalla; sin embargo, no es así. La película que estamos viendo está en el proyector y lo que vemos no es más que la proyección que hace la máquina.De la misma manera, la “película de nuestra vida” no es más que la proyección que surge de nuestra propia mente.

Entonces, el primer paso para perdonar es reconocer que la culpa no está afuera. Debemos interrumpir el fenómeno de la proyección y no aceptar como culpable a alguien o algo externo a nosotros. Debo reconocer que lo que afuera activó una herida emocional que está en mí y por eso me molesto o me enojo.El segundo paso es aceptar que la herida está dentro de uno mismo. Si en este proceso nos detenemos en este paso, el ego nos hará sentir culpables a nosotros mismos.
El tercer paso consiste en entregar esa culpa al Espíritu Santo o Yo Superior para que perdone por nosotros. Debido a que todos nosotros estamos envueltos en el mismo sistema de pensamiento del ego, necesitamos un elemento externo a este sistema que nos ayude a recobrar la cordura. El Yo Superior es la conciencia que nos recuerda permanentemente nuestra naturaleza espiritual.

En conclusión, nosotros no tenemos la capacidad de perdonar. No podemos perdonar a nuestros enemigos ni a nosotros mismos. Solamente hacemos un juego intelectual que se parece más a una postura arrogante. Creemos que somos los “buenos” porque perdonamos a los “malos”. Por eso necesitamos la ayuda del Yo Superior. Es en este paso donde procedemos a poner el problema en las manos quien lo resuelve y sana aquello que necesita ser sanado.Cuando se da el verdadero perdón, se siente una gran paz interior.

La próxima vez que sientas un enojo muy grande hacia alguien deberás poner en práctica el proceso del perdón. Primero, tendrás que aceptar que esa persona no es la culpable de tu enojo.En segundo lugar, deberás admitir que en realidad hay una parte tuya que se enoja por lo que el otro hace. Finalmente, tendrás que pedir ayuda para que tu Yo Superior pueda perdonar por ti aquello que no entiendes ni aceptas. Al hacer eso, pones en manos del Universo el proceso del perdón y así se curan tus propias heridas y las de los demás. Generalmente, ocurre algo mágico, lo que llamamos milagro.

Los beneficios del perdón 

El perdón depende de tu buena voluntad, de tu deseo y disposición a querer soltar aquello que te ha hecho daño en algún momento.Cuando pides ayuda se ponen en marcha todos los mecanismos del Universo para restaurar la armonía en tu vida. El proceso del perdón se puede comparar al hecho de tomar conciencia de que, en realidad, nadie nos ha hecho daño ni tampoco nosotros se lo hemos hechos a otros. El supuesto “pecado” no es más que un error de percepción. Definitivamente, esto es demasiado simple para que nuestro ego lo pueda aceptar. El ego siempre tiene todas las razones del mundo para justif
icar su posición; en especial, cuando nos enojamos con alguien. Entonces encontramos las razones lógicas a nuestro enojo que nos llevan a juzgar y condenar. Además, el ego busca aliados. Tratamos de convencer a todos de nuestras razones. Pero la verdad es cuanto más justificamos nuestra posición, mas inseguros estamos, en el fondo.

Uno de los motivos por los cuales no existen culpables es porque cada uno de nosotros siempre esta haciendo lo mejor que puede, de acuerdo con su grado de cultura y conciencia. Cuando nos equivocamos para el otro es porque no sabemos hacer algo mejor o no es entendido lo que hacemos. Si retrocediéramos en el tiempo hasta el momento justo en que cometimos un gran error diez años atrás, volveríamos a hacer lo mismo, porque ese era nuestro estado de conciencia. Siempre hacemos lo que creemos que es mejor en cada momento, aunque estemos totalmente equivocados para los demas.

El Universo no condena porque sabe que estamos aquí para aprender. El ego es el único que juzga y condena. Nuestra mente es limitada y nunca captamos todo lo que está pasando. Tal como lo vimos antes, existen hilos kármicos que contienen historias secretas para nuestros sentidos. Podemos percibir una situación como una injusticia, pero, en realidad, no sabemos si el injusto solo le está dando la oportunidad al otro de reparar su error.

Además, las diferencias culturales hacen que nuestra capacidad de juicio sea limitada. Por ejemplo, para un esquimal es buena costumbre ofrecer a su mujer para que duerma con la persona que los visita. Para nosotros, suena como una locura; sin embargo para los esquimales es totalmente normal. ¿Quién tiene la razón? La respuesta es sencilla: ninguno. Cada uno está viviendo su propia experiencia.

Sin hacer referencia a ningún personaje político en particular, es importante saber que aquellos personajes “malos” que movilizan grandes masas son espíritus que tienen la misión de elevar la conciencia colectiva de cierta raza o sociedad. Ellos pueden despertar emociones muy negativas, pero también ayudan a desarrollar la actitud de servicio de todo un pueblo o una nación. El odio que ellos despiertan individualmente no es más que el odio que cada uno tiene que sanar en sí mismo. Todos los países tienen su karma de grupo. Cada ciudadano tiene que lidiar en mayor o en menor medida con este tipo de karma. Un ejemplo notable es el caso de Cuba. De acuerdo con la numerología, la palabra “Cuba” suma 8, números de karma, fuertes pruebas y dolor. No es casualidad que en Miami la calle de los cubanos sea la calle 8.

Según la ley de causa y efecto, en esencia sólo hacemos dos cosas: damos amor o pedimos amor. En realidad, las personas que crean problemas se encuentran pidiendo amor. Una forma muy común de pedir amor es la queja. Cuando una persona se queja o reclama a otra su atención, en el fondo sólo le está pidiendo su amor.

Lamentablemente, la queja es un recurso negativo que lleva a obtener el resultado opuesto.

De las grandes crisis aprenderemos lecciones mayores, pero haciendo uso de nuestra facultad de elegir, yo le pido al Universo que me enseñe de buena manera. Básicamente, porque no me gusta aprender a través del dolor. La mayoría de las personas aprenden de ese modo para luego quedar cargadas de resentimiento o frustraciones. Puedes pedir también que, a partir de este momento, todo lo que tengas que aprender se te enseñe de buena manera, y así será…

7.PRINCIPIO DE GENERACIÓN

El principio de generación dice textualmente:

“La generación existe por doquier. Todo tiene sus principios masculino y femenino.La generación se manifiesta en todos los planos”.

El principio de generación se refiere a la creatividad. Lo que nos dice El Kybalión es que para crear algo nuevo es necesario la conjugación de dos energía: la masculina y la femenina; si esta conjugación no se da, entonces no se da la manifestación. Este principio está muy relacionado con el de polaridad porque habla de dos energía opuestas, pero se diferencia de aquél porque se refiere exclusivamente al proceso de creación.
Este principio no tiene que ver con el sexo; el sexo es una de sus manifestaciones. Más allá de nuestro sexo, todos somos portadores de energías masculinas y femeninas, y tenemos que lograr la perfecta conjugación de éstas para obtener éxito en la vida.
El hombre machista, es decir, que se ha polarizado en el extremo de la energía masculina, tarde o temprano sufrirá por la falta de su lado receptivo, intuitivo o imaginativo. Por otra parte, la mujer muy dependiente o sumisa, polarizada en la energía femenina, también sufrirá por la falta de iniciativa y confianza en sí misma. Sin importar nuestro sexo, cada uno tiene que desarrollar tanto su parte masculina como femenina para sentirse equilibrado.

Debemos recordar que para que exista la electricidad tiene que haber dos polos: el positivo y el negativo. Solamente la combinación de ambos produce la electricidad.
El símbolo del Yin-Yan representa la perfecta armonía entre las energías masculina y femenina. La parte negra simboliza la energía Yin o femenina; la parte blanca es la energía Yan o masculina. De acuerdo con este símbolo, exactamente donde termina la energía femenina comienza la masculina, y viceversa. Además, observamos que dentro de la parte negra existe un círculo blanco; esto significa que en el corazón de la energía femenina existe la energía masculina, y también ocurre lo mismo con la parte blanca. Cada una de ellas necesita de la otra para complementarse y lograr el equilibrio perfecto.

La energía Yin o femenina es la receptiva, creativa, imaginativa y pasiva. La energía Yan o masculina es la dinámica, activa, agresiva, y es la que regula la capacidad de dar. Es conveniente tener el símbolo Yin – Yan a la vista, en una medalla o cuadro para que nos recuerde en forma permanente el equilibrio que debemos encontrar. La energía tiende a complementarse y, por eso, atraemos a nuestras vidas a las personas con la polaridad que nos falta. Cuando una persona es muy tranquila, pasiva o tímida, es muy probable que atraiga a su vida a amigos más agresivos, dinámicos y extrovertidos.

Por el contrario, la persona más peleadora siempre busca rodearse de gente más pacífica o sumisa. Cada uno de nosotros atrae la energía que le está faltando.
Pero sabemos que los polos opuestos son iguales en naturaleza; solamente difieren en su grado de manifestación. También hemos estudiado que uno de los objetivos de nuestra vida aquí en el planeta es aprender a armonizar los opuestos. El sentido de atraer a personas o situaciones con la polaridad que nos falta es el de ayudarnos a encontrar la armonización o punto de equilibrio. Cuando más tímida sea una persona, más extrovertido será quien le atraiga.

Aunque al principio esta atracción de opuestos puede generar cierta dependencia entre ambos. Con el tiempo cada uno brindará su energía al otro para ayudarlo a encontrar su punto medio. Quien era más tímido dejará de serlo y quien era más extrovertido aprenderá a mediar más sus actos. La idea no es que cada uno se convierta en un bastón de apoyo para el otro, sino todo lo contrario. Cuando finalmente una persona encuentra su punto de equilibrio, a la vez comienza a sentir la unidad con el Universo y verdadera paz interior.

En el proceso de la creación, debemos aprender a conjugar estas energías para obtener el resultado que buscamos. Hay ciertos objetivos que queremos materializar; es decir que cada objetivo representa un deseo de crear algo nuevo en nuestra vida. De acuerdo con los principios estudiados
anteriormente, hemos hecho afirmaciones, decretos, visualizaciones, tratamientos espirituales; hemos puesto fechas y trabajado con imágenes. Ahora llegamos al último paso, en el cual tenemos que encontrar el equilibrio ene
rgético necesario para producir la manifestación.
Una persona que tenga mucha facilidad para imaginar y visualizar sus metas (energía femenina), nunca obtendrá resultados si no toma acción en el mundo concreto (energía masculina). Esto también es cierto en el caso contrario. Hay personas que son muy trabajadoras y concretas en su manera de actuar (energía masculina) pero carecen de la porción de fantasía que los puede llevar a renovarse y a inventar algo nuevo (energía femenina). Cuando notes que alguno de tus deseos no se manifiesta, lo primero que deberás preguntarte es qué energía te está haciendo falta utilizar. Quizá te está haciendo falta emprender una acción dirigida (energía masculina), o quizá no estás listo para aceptar lo bueno que se te presenta (energía femenina).
Ejercicio:

El equilibrio

Responsabilidad / Creatividad
Busca una posición cómoda para tu cuerpo; puedes permanecer sentado o acostado. Respira profundo tres veces y relaja todos tus músculos. Una vez que te sientas tranquilo, visualiza en tu mente el símbolo del Yin-Yan. Luego, formula la siguiente pregunta a tu Yo Superior: “En una escala del 1 al 100, ¿qué porcentaje está ocupando la parte responsable? Una vez que veas el número en tu mente, procederás a agradecer la respuesta recibida, respirarás profundo otra vez y, finalmente, abrirás los ojos.

Recuerda el número obtenido. Por diferencia, sabrás el porcentaje de la parte creativa.

El equilibrio de estas dos partes es vital para el logro de cualquier empresa. La responsabilidad es la energía Yang. La creatividad es la energía Yin.

Por lo general, en la mayoría de la gente el porcentaje de la parte responsable es muy superior al de la parte creativa. Los casos más extremos llegan al 90% ó 95%, lo que reduce su parte creativa a tan sólo un 5 ó 10%. Cuando una persona tiene un porcentaje muy alto de responsabilidad, es muy probable que se sienta atrapada en una estructura muy rígida por carecer de energía opuesta. La parte creativa es la que nos da nuevas ideas y soluciones a los problemas cotidianos. Por lo tanto, cuanto más alto sea el nivel de responsabilidad, menor será el grado de libertad.En los adolescentes, el grado de creatividad es generalmente mayor que el de la responsabilidad. Pero cuando el joven ingresa en el mundo de los adultos, los porcentajes varían. Lo ideal es lograr el equilibrio entre estas dos energías igualmente importantes.

El polo de la creatividad se aumenta gracias a las actividades recreativas y de diversión. Para eso, es importante darse tiempo a fin de desarrollar algún pasatiempo, juego, deporte o alguna actividad artística. La concentración en alguna de estas actividades permite a la mente abrirse a un mundo de infinitas posibilidades. De otra manera, el mantenerse en la rutina solamente va a generar más rutina.

La energía creativa está directamente relacionada con el estado de nuestro niño interior. Por tal motivo, es importante tener un espacio para el juego y la diversión en nuestras vidas de adultos.

Solamente así podemos acceder al reino de los cielos. En otras palabras, es necesario volverse un poco más “irresponsables” y aprender a jugar más con la vida. Hay que evitar cargarse de responsabilidades ajenas y hacer todo lo necesario para alivianar y simplificar nuestra vida cotidiana. El sacrificio por los demás y las actitudes heroicas pueden llegar a ser muy insatisfactorias porque están dictadas por nuestro ego y no por nuestro espíritu. El ego nos hace creer que hay personas que dependen de nosotros y nos genera una sensación de culpa cuando queremos renunciar a ciertas
obligaciones. Sin embargo, debemos saber que no existe ningún ser en el planeta que esté desamparado. Aunque veamos gente pobre o niños abandonados, está el Universo actuando. Lo hace de una manera que nuestra mente quizá no pueda entender, pero El está allí.

El espíritu nos recuerda la función que nos ha encomendado. Cuando quiere que ayudemos a alguien, se dan ciertas características o señales: lo que debemos hacer nos resulta fácil, está a nuestro alcance y nos da placer hacerlo. Si no se dan esas condiciones, es por algo negativo. El sacrificarse por los demás corresponde al terreno del ego y, tarde o temprano, el sacrificio se convertirá en reclamo o, peor aun, en resentimiento. Debemos hacer las cosas con amor o no hacerlas.

La falta de agradecimiento o de reconocimiento por parte de los demás es una señal de que estamos dando equivocadamente. La persona malagradecida nos está haciendo el “favor” de recordarnos nuestro error. Cuando recibimos un rechazo a nuestra ayuda, nos están dando la señal de que nos pasamos del límites; es el momento de volver a concentrarnos en nosotros mismos, de retroceder y permitir a la persona que viva sola su experiencia. Cuando uno estudia metafísica, aprende la importancia de volverse egoísta en el buen sentido de la palabra. Uno aprende a ponerse siempre en primer lugar, a respetarse a sí mismo, a cuidarse y a permitirse el tiempo necesario para cualquier acción. Porque, en definitiva, la única manera de ayudar a los demás es ayudándonos a nosotros mismos primero. De nada sirve que nos preocupemos por los problemas de los demás si aún no hemos resuelto los nuestros.

Debemos recordar que “las leyes superiores se imponen sobre las inferiores”, esto significa que cuanto más mejoramos nuestra situación personal, más ayudamos a todos los que nos rodean.

Las Posibilidades Infinitas

No hay creación sino conjugamos correctamente nuestras energías masculinas y femeninas. En nuestra cultura está muy valorizada la energía Yan o masculina, la que nos inclina a asumir responsabilidades y funcionar dentro de una estructura organizada.

Pero cuanto más nos introducimos en esa estructura, más limitamos nuestra capacidad creativa. El estudio del principio de generación nos recuerda nuestra naturaleza creadora y la importancia de desarrollarla para la expresión del espíritu. Nosotros tenemos la habilidad para crear nuestro propio Universo también.

Para desarrollar la energía creativa Yin, es necesario aprender a jugar con la vida. La creatividad aumenta notablemente cuando nos dedicamos a algún pasatiempo, cuando nos relajamos y disfrutamos del presente, o cuando nos concentramos en el estudio de algo que nos interesa.

La energía Yin es la energía femenina y gobierna la parte izquierda del cuerpo. Si eres diestro, entonces es aconsejable que comiences a usar más tu mano izquierda. Quizás, al principio, te sientas torpe tomando algunos objetos con esta mano; sin embargo, con tiempo y práctica lograrás la misma agilidad que tienes con la mano derecha. Si eres zurdo, comienza a utilizar la otra mano. El Utilizar ambas manos implica activar los dos hemisferios cerebrales; en otras palabras, los dos tipos de energía. A las personas que están muy acostumbradas a dar demasiado, siempre les recomiendo como ejercicio cerrar la mano derecha y mover mucho los dedos de la mano izquierda. De esta manera, se activa la energía receptiva Yin y la persona se prepara mejor para recibir.

Ejercicio:

Los Rayos de Poder

En una hoja en blanco, dibuja un sol en el centro. Luego, en cada uno de los rayos, comienza a escribir todo lo que te gusta hacer.

Incluye tanto los pasatiempos como aquellas actividades más formales. No pienses en ganar dinero ni en hacer algo serio; sólo escribe todo lo que te produce placer. Enumera un mínimo de cinco actividades. Este sol no tiene límites para el máximo de rayos posibles.

Luego marca con una cruz aquellas actividades que estás realizando ahora, aunque sólo sea esporádicamente. Si solamente has marcado una o no has marcado ninguna, deberás adoptar medidas de emergencia para cambiar tu rutina
lo más pronto posible. Cuantos más implementes las actividades enumeradas, más completa y feliz será tu vida. En forma simbólica, piensa que tu propio sol brillará con más fuerza. La experiencia no es transmisible. Yo podría escribir varias líneas acerca del gusto que tienen una manzana, pero hasta que no muerdas tú mismo la fruta nunca lo sabrás. De acuerdo con lo que nos ha tocado vivir, sentimos que hemos aprendido ciertas lecciones y superado algunas pruebas. Cuando vemos a alguien conocido a punto de sumergirse en una situación similar a la que pasamos, sentimos el fuerte deseo de aconsejarlo y ayudarlo a evitar lo que se avecina; sin embargo, esto no es lo correcto. Cada persona tiene derecho a vivir su experiencia. Lo más adecuado es advertirle cerca de lo que hemos experimentado, pero siempre debemos retroceder y darle el lugar que necesita.

El miedo es la parte negativa de la energía Yin. El miedo paraliza y frustra. Por otra parte, la ira es la manifestación negativa de la energía Yang. Cuando no está bien dirigida, la ira destruye y separa. Comparándolas, podríamos decir que la energía Yang es más positiva, aun en su manifestación negativa, porque induce a iniciar la acción. De esto podemos deducir que siempre es más positivo vivir una experiencia –incluso cuando no logremos el resultado anhelado originalmente- que quedarnos inmovilizados por el miedo a equivocarnos.
La originalidad no existe. Todo ya ha sido creado. Lo que llamamos creatividad no es más que la tarea de reciclar la información que ya poseemos. Siempre nos basamos en los elementos conocidos. Toda la información que adquirimos converge en un solo punto o instante en el tiempo donde se manifiesta la creatividad. Utilizamos todos los elementos que nuestra conciencia posee y les damos la forma que deseamos en ese momento. Ese instante en el tiempo es el de las posibilidades infinitas.

Cuando uno se sienta escribir y se encuentra frente al papel en blanco, se siente a la vez en el gran vacío donde las posibilidades son innumerables. Al tomar una decisión, elegimos una idea dentro del espectro infinito y comenzamos nuestra tarea creativa.

Nuestra mente limitada concibe sólo una parte de la realidad, pero si abrimos la mente a este campo, podremos encontrar diversas soluciones a nuestros problemas. ¿Cómo se accede a ese campo de posibilidades infinitas? La respuesta es una sola: a través de la meditación. La mente se abre a este campo cuando ingresamos en el nivel Alpha de relajación. La mente se encuentra en estado Alpha dos veces al día naturalmente: en el momento previo al sueño y después de comer, cuando se siente el estado de modorra.

Debemos aprender a llegar al punto de la creatividad de una manera voluntaria y organizada. En primer lugar, debemos entrar en un nivel de relajación, y luego meditar o lograr concentrar los pensamientos en uno solo.

Los pensamientos se suceden en forma automática y en forma ininterrumpida. Cuando estamos hablando con alguien, nuestro cerebro desarrolla ondas del tipo Beta, que son aquellas que oscilan de catorce a cuarenta ciclos por segundo. Cuanto más tensión siente la persona, más velozmente se acumulan sus pensamientos; por lo tanto, estará menos en contacto con el mundo de las ideas nuevas y las soluciones.

Por el contrario, cuando nos relajamos alcanzamos el nivel Alpha. Las ondas cerebrales oscilan de ocho a trece ciclos por segundo y, en este estado, los pensamientos comienzan a separarse entre sí dejando un espacio vacío. Ese espacio es el terreno del espíritu, el que previamente denominamos como el campo de las posibilidades infinitas.

Nuestra mente humana genera aproximadamente sesenta mil pensamientos diarios y, en su mayoría, son negativos: esta es la prueba de que los pensamientos en sí no se materializan. Si esto ocurriera, nuestra vida sería caótica. Lo que llega a materializarse es aquello que finalmente se convierte en creencia.

El primer paso para poder cambiar la dirección de nuestra vida es aprender a seleccionar los pensamientos. Tal como lo vimos en el principio del mentalismo, se debe “cancelar” lo negativo, y afirmar y aceptar lo positivo. Para hacer esto en forma fácil, debemos recordar que a la hora de ir a dormir nuestra mente se relaja naturalmente. Este es el momento menos conveniente para mirar noticiarios o películas de violencia. Por el contrario, debemos aprovecharlo para leer o pensar en algo positivo que llevaremos con nosotros al sueño.

El principio de generación está perfectamente representado en la película La Bella y la Bestia. La Bella representa la energía Ying y la Bestia, la energía Yang. Durante el desarrollo de la historia, ella tiene que volverse más masculina y agresiva para hacerle frente a la Bestia. Por su parte la Bestia tiene que comenzar a mostrar su sensibilidad y aprender a moderar su agresividad. En pocas palabras, la mujer se vuelve más Yang y el hombre, más Yin. De esta manera, la relación comienza a equilibrarse y surge el amor. El equilibrio de la relación comienza a manifestarse cuando él decide regalarle la biblioteca. Aquella biblioteca enorme representa el conocimiento total. Esta escena es un símbolo de que cuando uno comienza a ver más allá de la “bestia” miedos,culpas, apariencias, críticas, y demás), se abren las puertas de todo el conocimiento. Si podemos llegar a aceptar a todas las personas que frecuentamos tal como son, el Universo nos abrirá las puertas de la evolución. Pero nuestro ego juzga y determina, por ejemplo, quién tiene la razón, quién hace bien las cosas, quién merece lo bueno y quien no, y de esta manera nos sumimos en un mundo de interpretaciones falsas que nos alejan de la posibilidad de entender y aprender de la vida.

La mente se cierra cuando juzgamos o criticamos; por el contrario, se abre cuando solamente contemplamos una situación y esperamos que la vida misma nos enseñe la razón de lo que ocurre.

El éxito de cualquier relación humana reside en la aceptación recíproca. Una manera muy fácil de frustrarnos es esperar o desear que los demás cambien. Debemos practicar la aceptación. Cuando nos surge la pregunta “¿Por qué?” Y no encontrarnos razones lógicas, debemos saber que la vida nos lleva a experimentar un misterio que, a su vez, no enseñará a ver de una manera diferente.

Ejercicio: Veintiún Días

El principio de generación también puede usarse para crear alguna conducta nueva en tu personalidad. El proceso de autodefinirse o gestarse a uno mismo no es sencillo; sin embargo,tampoco es imposible. En primer lugar, debes saber que lo que se repite durante veintiún días en forma consecutiva se incorpora a nuestra cerebro. Aquello nuevo que ensayas se convierte en hábito. Se debe comenzar practicando una cualidad por vez, como por ejemplo; la paciencia, la perseverancia, ser más ordenado, no criticar.

La sabiduría  manifiesta de una manera muy simple. Las grandes verdades son fáciles de entender. Muchas veces no les prestamos atención precisamente porque nos parecen demasiado sencillas. El verdadero saber se manifiesta en el hombre como sentido común, no como una acumulación de información organizada y clasificada. Esto significa que para funcionar bien en la vida no es necesario que todo el mundo estudie metafísica. Con sólo escucharse a sí misma y seguir los dictados de su conciencia, cada persona puede saber a cada momento qué es lo mejor que puede hacer. El conocimiento es una gran herramienta que está a nuestra disposición.

La vida funciona como una computadora. Cuando sabes tocar las teclas adecuadas, obtienes el resultado que deseas. Los siete principios que hemos estudiado hasta aquí son las teclas principales que debes aprender a oprimir para mejorar tu vida.

Este ejercicio final te servirá para demostrarte el poder que tiene tu mente sobre la materia. Si
logras doblar metales con tu voluntad, puedes cambiar cualquier situación de tu vida por más difícil que parezca.

Ejercicio:
Meditación Para Doblar Metales

Para realizar este ejercicio necesitas una cuchara o un tenedor de metal. Antes de trabajar con el metal en tus manos, vas a preparar tu mente.

Siéntete cómodamente y mantén la espalda derecha. Si te ayuda a relajarte, puedes poner música suave de fondo y encender un incienso. Respira profundamente tres veces aflojando cualquier tensión muscular. Decreta en voz alta: “Yo soy un hombre (o una mujer, según el caso) de poder, Yo tengo el poder para dominar la materia. Ahora, este metal responde a mi voluntad”. Luego visualiza el resultado en tu mente. Imagínate cómo se ablanda y se dobla el utensilio entre tus dedos sin esfuerzo. Agrégale la impresión de tus sentidos. Siente el calor en tus manos y con qué facilidad realizas la tarea. Siente la energía del Universo que circula libremente en tu ser.Toma el utensilio con tus manos y permanece, por lo menos, cinco o diez minutos acariciándolo. Háblale y dile que van a jugar juntos. Envíale todo el amor que brota desde tu corazón. Sentirás que el metal se calienta enormemente y que se ablanda. Cuando tengas esa sensación, procederás a ejercer una pequeña presión con tus dedos. Si sientes que el metal está duro, espera unos minutos más. En ningún momento deberás forzar la situación. Después de jugar durante diez minutos, abre tus ojos y observa el resultado. Descubrirás maravillado que tu mente puede doblar metales a voluntad…

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