creación y manifestación consciente


Del Curso de creación y manifestación consciente de David Topí
“…El universo dual
Nada puede existir sin su opuesto. Por cuanto nada puede conocerse si no se conoce lo que representa su contrario. No puedes entender el amor si no existe el odio, no puedes entender y experimentar la libertad si no conoces la dependencia, no puedes expresarte en la abundancia si no existiera la falta de recursos. Todo tiene que tener un opuesto en este mundo para poder conocerlo y vivirlo en todo su esplendor, y, aunque no queramos reconocerlo, si no existiera ese opuesto, que en muchos casos vemos como algo negativo, jamás podríamos disfrutar plenamente de lo que queremos.
El frío no puede existir sin el calor, y el blanco sin el negro, aunque solo queramos vivir en sitios donde haga calor, tiene que existir un sitio donde haga frío para que ello sea posible.
Aunque solo sea en un pequeño rincón minúsculo de un pequeño sitio del planeta, pero el opuesto de todo aquello que existe en nuestra realidad tiene que estar representado en algún nivel de la misma, para que nosotros podamos apreciar y experimentar eso que estamos deseando.
Proceso de creación
Al igual que no puede haber blanco sin el negro, calor sin frio, arriba sin abajo, cuando queremos manifestar algo en nuestra realidad esto no puede existir sin su contrario. Partiendo del concepto universal sobre el cual queremos trabajar (por ejemplo abundancia) o de un deseo concreto el universo actúa de la siguiente forma:
• Lo que tu envías: quiero trabajar por mi cuenta, tener mi propia empresa y no tener jefe para no tener que darle explicaciones a nadie
• Lo que el Universo recibe: petición de generar situaciones que impliquen libertad (el concepto universal que incluye nuestra petición) + petición de generar situaciones que impliquen dependencia (lo contrario de libertad)
• El resultado: aparecen en tu vida oportunidades para empezar a montar tu empresa, gente que te da consejos, cursos que tomar, pero tu jefe en tu trabajo actual no deja de acosarte con más y más cosas por hacer, te invita a más reuniones, y te hace trabajar más y más en proyectos que implican hacer cosas con otros compañeros.
Como ves, la tercera fuerza te ha generado tu petición + la petición contraria. …”
“ … Si quieres crear algo, se tiene que crear su opuesto también. Y si ves que cuando deseas algo con todas tus fuerzas, lo que ocurre es que primero ves aparecer ante ti precisamente lo contrario, en vez de echarte atrás y pensar que el proceso de creación consciente no está funcionando, lo que tienes que hacer es prestar atención a la implicación que estas poniendo en la fuerza pasiva, que vemos ahora.
Lidiar con la fuerza pasiva- No anticipación
A más energía ponemos en lo que queremos, más energía se pone también en el proceso contrario. El universo no puede distinguir/proporcionar algo sin proporcionar su contrario (de momento). Trabaja como un TODO. Como una sola cosa. Jamás podríamos saborear la libertad y la risa si no existiera en algún lugar la dependencia y el llanto.
Ahora, ¿cómo hacer que la fuerza pasiva, contraria, trabaje a nuestro favor y no se materialice en nuestra realidad?
La forma de hacerlo es “olvidándonos” del proceso, en el sentido de no concentrarnos en monitorizar como va a llegarnos lo que hemos pedido, y dejar que se manifieste la parte contraria allá donde deba (no tiene por qué ser de forma material, sino simplemente existir como concepto en algún nivel) y no limitar opciones. Se trata de vivir en un estado de NO ANTICIPACION, es decir, no estar constantemente enfocados en prevenir como y cuando va a llegar nuestro deseo.
Cuando estamos constantemente esperando a ver cómo y cuándo va a llegar aquello que estamos deseando materializar, proyectamos además una energía de “restricción” que se incorpora al proceso de manifestación (estamos potenciando la fuerza pasiva). El estado mental y anímico ideal para permitir que el proceso funcione seria el mismo que el sentir, por ejemplo, que pedimos una pizza por teléfono, pero que si no llega, no pasa nada, pues tenemos otras cosas en casa para comer. Esa actitud de “relajación” mental y emocional respecto al deseo que estamos queriendo atraer hacia nosotros, provoca una fluidez total a nivel energético para que el proceso de la ley de la atracción haga su parte sin problemas. Cuando estás trabajando para atraer algo, pero no estas anhelándolo, sino que hay una cierta distancia emocional y mental al respecto, tanto la fuerza activa como la fuerza pasiva de la Ley de Tres, actuaran con la máxima potencia y rapidez.
Especialmente importante es el hecho que hemos de olvidarnos de los pasos y de los medios que se usarán para hacernos llegar hasta ese objetivo. ¿Para qué vamos a preocuparnos y limitar nuestras opciones? El universo conoce millones de formas de hacernos llegar lo que queremos, y el hecho de trabajar en un estado de constante previsión de cómo y cuándo ha de materializarse nuestro objetivo limita y promueve la fuerza pasiva, creando más resistencia a la llegada del mismo. …”

 

David Topí
La infravaloración y el servicio a otros
por David Topí · 21 octubre, 2016
El sentimiento de infravaloración es uno de los más potentes en el ser humano a la hora de bloquear todo tipo de manifestación en nuestras vidas de algo que puede tener un impacto tremendamente positivo en otros, y que, por no creer que pueda ser así, por no creer que podemos hacerlo, por creer que no somos lo suficiente “algo” para ello, aquello que hacemos se queda a medias, o se manifiesta en su mínima expresión, cuando no se bloquea o paraliza por completo.
Por el solo hecho de ser parte de este mundo, y de haber decidido encarnar como parte de la raza humana, hay algo que puedes hacer, compartir y entregar a los demás. Todos venimos con un propósito y más en estos momentos de cambio evolutivo. Los proyectos que tenemos, las habilidades que poseemos y el propósito y misión de cada uno, suele ser algo que, en general, desde fuera son más perceptibles y aceptados por los demás que por nosotros mismos. Cuando cierro los ojos y me pregunto porqué alguna de las cosas que pongo en marcha se quedan a medias, o porqué no les doy el valor que otros me dicen que tienen, veo en el sótano de mí subconsciente a un mini-David al que, por alguna razón, le han dicho, se ha dicho, o se ha generado la ilusión de que eso, aquello o uno mismo, no tiene el suficiente valor físico, energético, espiritual, o del tipo que sea, para que sea importante para los demás o para mi mismo, y en consecuencia, su materialización corre a suerte de que energía es la más potente, si mi personalidad consciente empujando para tirarlo adelante, o mis programas subconscientes trabajando para frenarlo.
El servicio como propósito
Dicen, algunas enseñanzas ancestrales, que el mayor sacrificio del ser humano, al igual que la felicidad más grande, es el servicio a otros, sin dejar de auto cuidarse y preocuparse por uno mismo, ya que el bienestar personal es lo que te permite trabajar por el bien mayor y común para con los demás. A este respecto, Pitágoras decía que: “el servicio concierne con la sabiduría, la armonía y el ritmo, pues cuando esta actitud es usada en su grado más alto, trae iluminación, buenos poderes razonadores y le da a todo lo que toca limpieza y pureza moral”. Algo parecido se le atribuye a Buda al decir que “el servicio es un sacrificio del orden más alto”.
En general, la ayuda mutua, la cooperación entre seres humanos, el trabajar por el prójimo es algo que creo está presente en la mayoría de personas, y, por eso mismo, una de las formas de rebajar esta tendencia innata en la mayoría de corazones es potenciando todo aquello que nos infravalore consciente o inconscientemente. Este tipo de comportamientos salen a la luz cuando se producen catástrofes, desastres naturales o eventos por el estilo, donde todo el mundo se olvida por un ratito de si mismo y de sus problemas y sale la parte más pura y noble para intentar ayudar a los demás de alguna forma u otra.
Pero el sistema bajo el que funcionamos conoce el potencial de servicio al prójimo, y no deja de ser otro de los parámetros de trabajo de la maquinaria de programación que se nos inculca, el reducir ese potencial y esa actitud de cooperación mutua, de lo contrario, la humanidad que podríamos ser transformaría el planeta en un santiamén. Como dice una frase que leí hace poco: “No dudes nunca de que unas pocas personas comprometidas pueden cambiar el mundo, de hecho, son los únicos que lo han conseguido.” Como siempre, añado, comprometidos con cambiar su mundo interior, para que eso cambie el mundo de ahí fuera. Ya nos entendemos y sabemos de que se trata, por la cantidad de veces que hemos hablado de ello en el blog.
El programa de infravaloración
La infravaloración es un programa como cualquier otro, un sentimiento si se quiere, pero no deja de ser un componente que aparece en una o varias esferas mentales y en los cuerpos sutiles del hombre como una forma energética con una cierta frecuencia de resonancia con sustrato negativo. En muchos casos, sentimientos o programas de infravaloración provienen de experiencias pasadas mal decodificadas, en las que, por no haber conseguido hacer algo según nuestras expectativas, nos hemos auto degradado para hacernos creer que no teníamos el potencial, habilidad o capacidad para hacerlo. Por otro lado, otros, desde fuera, han podido potenciar ese sentimiento (educación, medios, cultura), o insertar en nuestra psique esos programas. La manipulación externa sobre uno mismo es un factor presente también en la sociedad por parte del sistema bajo el que vivimos.
La experiencia e investigación nos ha llevado a darnos cuenta de que todos aquellos considerados “molestos” por los que rigen aun las estructuras de este sistema, recibimos 24/7 una onda disruptiva proveniente de un emisor tipo antena situado en las bases de gestión y poder existentes en el planeta, desde donde se controla toda la matrix del sistema de vida humano. Existe algo así como una antena por persona “marcada”, sintonizado a la frecuencia base de las glándulas pituitaria, pineal y parótida, que identifican individualmente la frecuencia de resonancia de cada uno de los seres humanos. Para obtener dicha frecuencia y poder sintonizar la antena hacia una persona, existe otra especie de tecnología de scan. Dependiendo de la configuración mental de la persona, la onda está enfocada hacia una o varias de las esferas mentales del individuo. El contenido de esta onda lo forman mensajes, formas mentales, pensamientos, que la persona cree ser suyos, y entre ellos se imbuye todo tipo de programas de reducción del potencial de la persona, la infravaloración siendo uno de ellos, o potenciándola si está ya presente en los cuerpos sutiles del receptor. Esta tecnología está basada en la técnica de inducción mental remota para la manipulación de los pensamientos en la psique de las personas.
¿Es esa infravaloración tuya? Deshazte de ella La sentencia del Oráculo de Delfos, “conócete a ti mismo”, coloca al hombre ante tres preguntas: ¿de dónde vienes? ¿quién eres? y ¿adónde vas? El triple misterio del origen, realidad y misión del ser humano en el mundo. Sabemos que podemos ver como se manifiesta el universo en nosotros y nosotros en el universo con solo centrar nuestra atención en nosotros mismos. Si miramos hacia dentro, encontramos que las leyes que nos rigen que son análogas a las que rigen el propio cosmos, porque nuestro centro más interno es análogo al centro más interno de todas las cosas. La separación entre interno y externo es algo irreal, pues se basa en la ilusión de la separación que el universo necesita para conocerse a si mismo. Por este mismo motivo, infravalorarse internamente produce la infravaloración de los demás hacia nosotros, consciente o inconscientemente, y produce una materialización de una realidad donde nuestro propósito se puede ver truncado y mermado, por la ilusión de que somos menos de lo que realmente somos, y de que valemos menos de lo que realmente valemos. ¿Cuanto somos y cuanto valemos? Infinito. Valemos lo que vale la Fuente que hay en cada uno, y por tanto, si uno se infravalora está viviendo en una creencia falsa, una distorsión de la realidad de la existencia. Esa infravaloración que tienes ahí dentro no es tuya, del ser que eres, te la ha inculcado el sistema bajo el que vives para desmontar tu potencial, tu Humanidad, tu servicio al prójimo y tu colaboración con tu grano de arena en el bienestar común de todos nosotros. Deshazte de ella

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