“El Secreto de las Estrellas”


de Anton Parks “El Secreto de las Estrellas”
EL TOMAR CONCIENCIA TE DA ALAS·MIÉRCOLES, 18 DE DICIEMBRE DE 2019·4 MINUTOS
“…El eminente especialista mundial de la civilización mesopotámica, Samuel Noah Kramer, había él mismo observado este hecho así como la extraña relación que entretuvieron los Sumerios con sus “dioses”:
«El problema bastante delicado del libre albedrío, esta embarazosa cuestión, difícil de delimitar y que ha desconcertado los pensadores occidentales, no parece haber rozado a los Sumerios.
Convencidos de que no habían sido engendrados más que para servir de esclavos a los dioses, ellos se inclinaban delante de las voluntades de éstos, aún cuando resultaran inexplicables o injustificables. Los Sumerios constataban que la maldad, la bajeza, las calamidades y las penas de los Hombres habían sido introducidas en este bajo mundo por los dioses, pero no se interrogaban sobre el lado excéntrico o caprichoso de estos seres divinos.
La dote del Hombre era la de sufrir… Tal Job cargado con un fardo inmerecido, el Sumerio estaba educado en la idea de que no debía quejarse, sublevarse ante infortunios incomprensibles; se tenía que persuadir que no era más que un ser depravado pues, según la palabra de un sabio: «Jamás mujer había parido un niño sin pecado original»…»(3)
De hecho, la ideología contemporánea no ha cambiado mucho, si no es que los pueblos de la Tierra no sirven ya a “dioses”, sino a un sistema de desigualdad implacable edificado a partir de una religión monoteísta…”
“…Con el fin de que Uds. comprendan la razón por la cual la Tierra está bajo control oculto, necesitan saber que ha sido puesta en «cuarentena». Desde la llegada del Bestiario Celeste sobre el planeta azul, sus lejanos ancestros no han dejado de estar al servicio de una élite de la cual el origen es extranjero a este planeta. Las leyendas de las cuatro esquinas del mundo no cesan de contar la historia de los «dioses», a menudo tiránicos, a los cuales sus ancestros llevaban ofrendas con el fin de calmar su ira…
Por razones que serán desarrolladas en el relato, una parte del Bestiario Celeste recabó en la Tierra, tomó posesión del lugar y sacó de vuestro suelo numerosas riquezas. Varias facciones del Bestiario Celeste, cuyo verdadero nombre es Gina’abul, estaban en profundo desacuerdo entre ellos con referencia a esta tierra de exilio y de sus habitantes. Nos hemos matado entre nosotros por causa de ello y Uds. han pagado los gastos.
La gran mayoría de los Gina’abul, más precisamente la sub-raza llamada Anunna, estaba igualmente en conflicto con otros grupúsculos, cuyo origen tampoco era terrestre. Estos últimos son los planificadores de este universo y se denominan Kadistu.
Nos hemos quedado sin embargo en el lugar porque la vida era más fácil aquí bajo, pero también por obligación, pues cualquier retorno hacia nuestras diferentes colonias planetarias de este universo nos fue progresivamente imposible por la intervención de los Kadistu.
A lo largo de los milenios, y contra la voluntad de los Anunna, sus (los de ustedes) ancestros recibieron clandestinamente una preciosa asistencia de los Kadistu, y también de parte de algunos de nosotros bloqueados aquí bajo. La Humanidad consiguió así, con dificultad, un semblante de libertad, pero quedó no obstante bajo el control de los carceleros Gina’abul-Anunna.
En la actualidad, la situación no ha cambiado un ápice, la influencia de los carceleros es perceptible; Uds. están todavía a su servicio a través de un sistema corrupto cuyas grotescas ramificaciones llevan a un gobierno ultrasecreto del planeta que parece jugar con ustedes y los innombrables recursos de la Tierra como si jugaran al monopoly. A la vista de las
diferentes guerras y conflictos que se han sucedido durante los últimos milenios, observo sin dificultad que las querellas entre Gina’abul están bien lejos de acabar…
La apuesta actual es la siguiente: los carceleros que trabajan en secreto bajo cobertura de su cómplice prole, y otras asociaciones infames, no quieren, sobretodo, perder el control de sus preciosos prisioneros.
Es decir: ¡USTEDES!
Uds. no les sirven solamente para producir diversas substancias materiales que alegran sus vidas y que inflan su ego colectivo, más también les aportan el medio de permanecer en las mismas frecuencias que vosotros: ¡sin Uds., estos seres no serían absolutamente nada sobre este planeta! (lo hablaremos largamente en los tomos dos y tres).
Además en esta tierra de exilio, esos mismos seres no podrían subsistir, pues ¡¡¡ningún individuo sensato de este universo tomaría el riesgo de alojar a semejantes criminales!!!
Los Gina’abul se han fijado, pues aquí bajo, sobre la Tierra y en el sistema solar, solos y contra todos, para lo mejor y para lo peor…
de Anton Parks “El Secreto de las Estrellas”

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