Entendiendo al Ego

Te advierto, quien quieras que fueres, ¡Oh! Tú que deseas sondear los arcanos de la naturaleza, que si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera. Si tú ignoras las excelencias de tu propia casa, ¿cómo pretendes encontrar otras excelencias? En ti se halla oculto el Tesoro de los Tesoros. ¡Oh! Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el Universo y a los Dioses.”

Inscripción en el templo del Oráculo de Delfos

 


Cuando el ego nos controla

El problema principal del programa ego es que toma completamente el control de nuestra vida sin que nos demos cuenta, cuando no debería ser así. La mente, el cerebro y sus sistemas analíticos.

 

Arquetipos del EGO

por David Topí · 26 diciembre, 2008

 

Tratar de determinar que es exactamente el Ego y como nos afecta e influye en nuestro día a día es una discusión eterna en si misma. Nuestra personalidad, compuesta por múltiples facetas y subcarácteres, es una compleja malla de sensaciones, pensamientos, comportamientos, miedos y todo tipo de emociones. Cada uno de nosotros, en todos y cada uno de los momentos de nuestra vida, nos vemos obligados a sacar una parte que nos sirva para “gestionar” o manejar aquella situación en la que nos encontramos. Sea nuestro “yo” valiente, nuestro “yo” sabio, nuestro “yo” consejero, a veces no no damos cuenta de esos sub-caracteres que predominan con fuerza en nosotros y que afloran según las circunstancias. Todas esas vocecitas internas y diferentes que escuchamos en nuestra cabeza se pueden denominar “los arquetipos y caretas del ego”, en referencia al trabajo que realizo Jung con los arquetipos de la humanidad, definiendo varios roles “universales”. ¿Quieres averiguar en que grado se presentan en ti estos diferentes arquetipos? El test que tienes a continuación nos ayudará a ello.

Antes de empezar, unas líneas sobre el objetivo global. Cada voz interior, cada subpersonalidad, nos aleja y nos mantiene apartados. Este ejercicio y las revelaciones que puedan producirte han de servir para observarnos a nosotros mismos y darnos cuenta como influencian y dirigen nuestras vidas. ¿Es tu “yo” miedoso tu principal respuesta a los avatares de la vida? ¿Te controla este sub-ego o lo controlas tu?

Indicaciones

a)Has de indicar como de exacta es la frase o situación con referencia a tu caracter, de forma que:

1- Casi nunca me describiría así
2- Raramente me describiría así
3- A veces puedo describirme así
4- Normalmente me describo así
5- Casi siempre me describo así

b) Responde rápidamente, tu subconsciente y tu primera reacción es casi siempre la mejor respuesta de verdad.

c) No te saltes ninguna línea, ya que podría invalidar los resultados del test. Si no estás seguro, responde como mejor creas y sigue adelante.

Preguntas

1. Recojo información sin hacer juicios sobre la misma
2. Me encuentro desorientado por tanto cambio en mi vida
3. El proceso de mí curación personal, me permite ayudar a curar a otros
4. He fallado a otras personas.
5. Me siento seguro.
6. Pongo mis miedos a un lado y hago lo que es necesario hacer.
7. Pongo las necesidades de otros por delante de las mías propias.
8. Intento ser autentico sin importar donde me encuentro.
9. Cuando la vida se estanca, me gusta sacudirla un poco.
10. Obtengo satisfacción cuidando de los demás.
11. Los demás me ven como alguien divertido.
12. Me siento sexy.
13. Creo de verdad que las personas no tratan de herirse unos a otros.
14. Cuando era niño, no me cuidaron o me sentí como una víctima de las circunstancias.
15. Dar me hace más feliz que recibir
16. Estoy de acuerdo con la frase: Es mejor haber amado y perdido que nunca haber amado en absoluto
17. Abrazo la vida en su totalidad.
18. Mantengo un sentido de perspectiva viendo las cosas a largo plazo
19. Estoy en el proceso de crear mi propia vida.
20. Creo que hay muchas buenas formas de mírar la misma cosa
21. No soy más la persona que creía que era.
22. La vida es una tristeza tras otra.
23. La ayuda espiritual cuenta en mis logros.
24. Encuentro que es más fácil hacer cosas para otros que hacer cosas para mi mismo.
25. Encuentro plenitud a través de las relaciones
26. Las personas vienen a mi en busca de consejo y dirección.
27. Temo a aquellos con autoridad.
28. No me tomo las reglas seriamente
29. Me gusta ayudar a la gente a conectar unos con otros.
30. Me siento abandonado.
31. He conseguido grandes logros algunas veces con la sensación de no haber hecho ningún esfuerzo
32. Tengo madera de líder.
33. Busco formas de mejorar como persona.
34. Puedo contar con otros para que cuiden de mí .
35. Prefiero estar al mando de las cosas
36. Intento encontrar la verdad detrás de las ilusiones
37. Cambiando mis pensamientos internos cambia mi realidad exterior.
38. Desarrollo recursos, humanos o naturales.
39. Estoy dispuesto a aceptar riesgos personales a cambio de defender mis ideales
40. No puedo quedarme sentado y ver algo mal sin cuestionarlo.
41. Busco ser objetividad.
42. Mi presencia es a menudo una herramienta para el cambio.
43. Disfruto haciendo reír a la gente.
44. Uso la disciplina para alcanzar objetivos.
45. Siento cariño hacia la gente en general.
46. Soy bueno descubriendo los talentos de cada uno y asignando las tareas que mejor van con ellos.
47. Es esencial para mi mantener mi independencia.
48. Creo que todo el mundo y todas las cosas en el mundo están interconectadas.
49. El mundo es un lugar seguro.
50. Personas en las que he confiado me han fallado.
51. Me siento híperactivo
52. Dejo ir las cosas que ya no me sirven
53. Me gusta animar a la gente que es demasiado seria.
54. Un poco de caos es bueno para el alma.
55. Mi sacrificio para ayudar a otros me ha hecho una persona mejor.
56. Soy calmado.
57. Me enfrento a las personas ofensivas.
58. Me gusta transformar situaciones.
59. La llave del éxito en la vida es la disciplina
60. La inspiración me llega fácilmente
61. No vivo de acuerdo a las expectativas que tengo para mi mismo
62. Tengo la sensación de que un mundo mejor me espera en algún otro lugar
63. Asumo que las personas que voy conociendo son de confianza.
64. Estoy experimentando la forma de transformar mis sueños en realidad.
65. Sé que mis necesidades serán cubiertas.
66. Tengo ganas de romper algo.
67. Intento manejar las situaciones con el objetivo en mente de obtener el mayor beneficio para todos.
68. Me cuesta decir no.
69. Tengo muchas más ideas que tiempo para llevarlas a cabo
70. La hierba es siempre más verde en algún otro lado.
71. Gente importante en mi vida me han fallado.
72. El hecho de buscar algo es tan importante para mi como encontrarlo

Evaluación de los arquetipos del Ego

por · 29 diciembre, 2008

Si ya habéis hecho el test sobre los arquetipos del Ego que vimos en la entrada anterior, imagino que estaréis deseosos de comprobar sus resultados. Seguid las instrucciones siguientes para calcular correctamente el valor de cada arquetipo.

A continuación veréis que bajo el nombre de cada uno hay varios números de 6 de las preguntas del test anterior. Lo que debéis hacer es transferir vuestros resultados desde el test hacia donde toque. Por ejemplo, si tu respuesta para la pregunta 17 fue 5 (casi siempre), pon un 5 a lado del número 17, que está dentro del grupo del arquetipo “Inocente”. Cuando tengas todos los valores transferidos, haz la suma total de cada uno de los arquetipos, para obtener un único valor (que estará entre 6 y 30) para cada uno de ellos.

Cuando hayas completado todo, quizás te interese hacer una representación gráfica con excel o a mano, para que puedas ver los resultados de tu situación personal.

Inocente
5
13
34
49
63
65

Huérfano
14
22
27
30
50
71

Guerrero
6
39
40
44
57
59

Cuidador
7
10
15
24
55
68

Buscador
33
47
51
62
70
72

Amante
12
16
17
25
29
45

Destructor
2
4
21
52
61
66

Creador
8
19
31
60
64
69

Mago
3
23
37
42
48
58

Dirigente
26
32
35
38
46
67

Sabio
1
18
20
36
41
56

Loco
9
11
28
43
53
54

Recuerda que no existe un arquetipo mejor o peor que otro. Cada uno tiene sus propias características, cualidades y lecciones valiosas. Observa especialmente cuales son los que tienen un valor más alto. Estos arquetipos indican, basándonos en el test que has hecho, que sub-egos están más activos y presentes en tu vida. Luego observa los que menos puntos han obtenido (normalmente menos de 15). Estos arquetipos normalmente están reprimidos, o has decidido ignorar esta sub-faceta de tu carácter. Si tienes realmente muy pocos puntos en uno de ellos, es posible que tengas una aversión (consciente o inconsciente) hacia lo que representa. Prometo poner en los próximos días una explicación más o menos detallada de cada tipo de subpersonalidad. Ahora es tiempo de reflexión interna vuestra en lo que hayáis podido descubrir de vuestros sub-egos.

Descripción de los doce arquetipos del Ego

por David Topí ·
Completando la serie de tres entradas sobre los arquetipos del ego vamos a hacer un pequeño resumen de las características principales de cada uno de ellos, simplemente como guía de los rasgos más importantes de nuestras subpersonalidades que afloran cuando uno de estos arquetipos toma el control de nuestra vida. Si no viste las dos primeras entradas, aquí tienes el Test y aquí tienes las indicaciones para puntuarlo.

Inocente. El inocente nos ayuda a crear nuestra imagen, la máscara que lucimos ante el mundo, nuestra personalidad y rol social. Aunque esta imagen carezca de profundidad y complejidad, nos proporciona, a nosotros y al resto de personas, una especie de sentido sobre quienes somos y que puede esperarse de nosotros. Es la pregunta que hacemos a todo niño: ¿Qué vas a ser cuando seas mayor?. Como adultos, nos identificamos con los trabajos que hacemos y con nuestro estilo de vida. El inocente interior que llevamos con nosotros quiere ser amado y ser parte de las cosas. Quiere pertenecer, encontrar su lugar, sentirse reconocido, a veces por las buenas, a veces por las malas.

Huérfano. El Huérfano es el cínico, la personalidad que ve cual de nuestras cualidades debe sacrificar o esconder para representar el papel del inocente, para que le acepten. Es la parte de nuestro ser interior que aprende a reconocer y evitar situaciones que probablemente puedan dañarnos. Trata de protegernos de sentirnos abandonados, heridos o víctimas. Para ello, se vale incluso de tretas o conocimiento que a nivel consciente no sabemos ni que lo poseemos, por lo que se convierte en un valioso defensor de nuestro bienestar a ultranza, negando a veces la posibilidad de nuevas experiencias por miedo a no salir bien parado de ellas.

Guerrero. El Ego quiere que sus necesidades sean satisfechas, pero además se preocupa de “cómo” van a ser satisfechas. El Guerrero de nuestro interior ayuda en esta tarea. Cuando el guerrero actúa estrictamente en términos de nuestro interés personal, está ayudando a desarrollar el ego, blandiendo nuestra espada para cortar todo aquello que pueda amenazar la supervivencia del cuerpo, y nuestra integridad.

Cuidador. Esta subfaceta nuestra desarrolla un sentido moral y de responsabilidad por el cuidado y bienestar de otros. Se preocupa por cómo se encuentran los demás, además de nosotros mismos, y no solo por las personas en si, sino por el bien global de la humanidad. Tiene la habilidad de sacrificarse por un bien mayor común para muchas personas.

Buscador. Este subcarácter busca la iluminación y la transformación interna, pero inicialmente está muy controlado por el pensamiento de nuestro ego. El buscador piensa que todo gira alrededor de ser mejor, conseguir más, tener éxito, perfección. El viaje del buscador requiere coraje para romper las barreras de lo desconocido y lanzarse en su búsqueda y exploración.

Destructor. Es nuestra subpersonalidad que abre la puerta al reprimido Huérfano. Huele el tesoro de la cueva, pero no lo puede ver. Es el rebelde sin causa porque bajo la influencia del ego solo lo material importa, así que destruye todo aquello que no le conviene o no entiende, como modo de protegerse de posibles amenazas.

Amante. El Amante quiere unificar cosas, es el símbolo de la unión sagrada, con el yo superior, con el amor, con el universo. Influenciado por el ego busca sin embargo este amor en el mundo exterior, olvidando a veces el amor por uno mismo, hacia adentro. El amante es el soñador de un mundo mejor, algún día, en algún sitio.

Creador. El creador nos ayuda a despertar la semilla de nuestra identidad genuina, nuestro ser más profundo. Crea muchos proyectos e ideas, tiene la fuerza de lanzar sin parar nuevas cosas, pero también muchas veces encuentra su energía dispersa en demasiados sitios, convirtiéndose más en cargas y insatisfacciones. El creador es nuestra potencia e iniciativa para sacar de nosotros lo mejor de nosotros mismos y convertirlo en realidad.

Dirigente. El dirigente se asocia con la creación del orden y el mantenimiento de las reglas. Su función principal es la de organizar, poner paz, unificar y armonizar su alrededor. Este subcarácter del ego es una especie de Rey Arturo de la Mesa Redonda, siempre encargado de que todo esté en perfecto orden y estado.

Mago. El Mago es el elemento que continuamente transforma y cura a nuestro yo interior cuando las cosas se vuelven demasiado rígidas. Actúa como un agente de regeneración y renovación, tanto para el mismo como para los demás. Es la parte de nuestro carácter que puede integrar la parte oscura del Huérfano y transformarla en energía útil.

Sabio .El Sabio es la parte de nuestra psique que puede ser experimentada en estados meditativos con nuestro yo interior. Observa nuestros pensamientos y sentimientos, pero no se identifica con ellos, de forma que el Sabio nos ayuda a ver que es realmente importante en nuestra vida y transcender esas pequeñas cosas que nos distraen de nuestro ser interior más puro. Cuando dejamos de enfrentarnos a la verdad, es cuando podemos ser libres.

Loco. El loco es el elemento de nuestro carácter que representa la multiplicidad de la conciencia. Como el bufón de la corte, el Loco se ríe del rey y de todos aquellos alrededor suyo, arrebatándoles el poder y haciendo que las cosas pierdan su sentido rígido. El Loco nos enseña que la mayoría de las veces solo estamos expresando una de nuestras facetas, o máscaras, de la lista de arquetipos, pero casi nunca nuestro yo verdadero. El Loco es así la avanzadilla de este yo verdadero, nos enseña a reírnos de nosotros mismos, a no tomar nada excesivamente en serio y nos muestra el camino hacia donde encontrarnos realmente.

Como podéis ver, somos muchas personalidades a la vez, tenemos muchas máscaras (más de estas explicadas de forma generalizada). El hecho de saber reconocerlas cuando están usurpando a nuestra verdadera personalidad es lo que nos permite desenmascararnos y poner a nuestro Ego en su sitio, es decir, no dejar que tome control de lo que somos y hacemos. Nuestro ego es realmente un programa de gestión de nuestra psique que toma mil caras distintas, pero no somos nosotros. No lo confundas y aprende a reconocerlo, descubrirás todo una fachada que se cae de repente y que te muestra las cosas desde otra perspectiva.

Entendiendo al Ego

por ·
 

En la mayoría de libros espirituales, el ego tiene bastante mala fama. La razón es que, el ego, en cierta forma, es el programa en nuestra mente que nos separa a los unos de los otros, nos hace individuales, y nos proporciona un sentimiento de diferenciación del resto de personas, mientras que, el espíritu, el alma o nuestra esencia, es el principio que nos dice que todos estamos conectados, que todos somos parte de la misma cosa y que esa separación no existe, sino que en realidad, no es más que una ilusión.

Sin embargo, a nivel práctico, el ego no es más que la herramienta, como un software, que nos ayuda a organizar los diferentes aspectos de nuestra personalidad de forma que podamos funcionar en el mundo, ser parte de él, interactuar en todas las situaciones de nuestra vida, y desenvolvernos con cierta soltura en todo lo que hacemos.

Cuando el ego nos controla

El problema principal del programa ego es que toma completamente el control de nuestra vida sin que nos demos cuenta, cuando no debería ser así. La mente, el cerebro y sus sistemas analíticos, están siempre bajo el líderazgo del ego y la subpersonalidad que mejor le convenga a este según la situación a la que deba hacer frente, y esto es algo que nunca estuvo previsto, y que está relacionado con temas de la manipulación genética sufrida por el ser humano, pues este “programa” (es la mejor forma de definirlo) que forma parte de nuestra psique desde los albores de la creación de la humanidad, nunca estuvo dotado de habilidades de líderazgo. El Ego, en realidad, tiene que estar al servicio de nuestro Yo Superior,  y no al revés. Cuando esta relación funciona correctamente, el ego es un intermediario realmente útil representando a todo el conjunto de lo que somos, ahí fuera en el mundo, pero sin creerse realmente que el por si solo “es” este conjunto en su totalidad. Cuando el ego se confunde con la totalidad de nuestro ser, cuando sus personalidades dirigen al 100% nuestra vida y nos olvidamos que no es el papel que le fue asignado, es cuando empezamos a tener problemas y a desconectar de la fuente que realmente ha de guiar nuestros pasos.

Para hacernos una imagen fácil de visualizar, el ego sería esa “entidad” que está a los mandos de la mente, el que gestiona el ordenador que es nuestro cerebro, y le ayuda a computar los datos para obtener respuestas, el que pulsa las teclas del tablero de mandos, pero no tendría que tomar propiedad de él, sino obedecer las instrucciones de nuestro ser. Cuando el ego toma el control de los mandos, como hace en la mayoría de los casos con la mayoría de los seres humanos, es cuando nuestra vida funciona en piloto automático, y nos convertimos y funcionamos como esas “máquinas autómatas” que decía Gurdjieff.

La personalidad del ego

Así como la mente no es un “ente” energético por sí solo, sino un conjunto de programas y patrones, el ego si lo es, ya que tiene autoconsciencia. Gestiona múltiples personalidades provenientes, en cierto modo de lo que nuestro sistema energético ha acumulado durante los años de evolución de la raza humana, y que se transforman en diferentes facetas y caracteres que salen a la luz sin que lo queramos o lo deseemos, en la mayoría de los casos.

Esta personalidad, compuesta por múltiples sub-caracteres, es una compleja malla de sensaciones, pensamientos, comportamientos, miedos y todo tipo de emociones. Cada uno de nosotros, en todos y cada uno de los momentos de nuestra vida, nos vemos obligados a sacar una parte que nos sirva para “gestionar” o manejar aquella situación en la que nos encontramos. Sea nuestro “yo” valiente, nuestro “yo” sabio, nuestro “yo” consejero, a veces no nos damos cuenta de esos sub-caracteres que predominan con fuerza en nosotros, y que afloran según las circunstancias en las que son necesarios, y que, sin embargo, no son más que diferentes representaciones de nuestro ego, diferentes papeles que asume según la situación en la que nos encontremos.

El ego, tal y como nos referimos a él aquí, no es solo ese punto de altanería, egoísmo, o sobrevaloración de uno mismo del que se tiende uno a referir cuando alguien se comporta así (¡vaya ego que tiene ese tío, se cree el mejor!). No. El ego es el programa que gestiona el conjunto de nuestras personalidades. Los diferentes componentes creados y con vida propia, que existen en nuestra mente, que manejan los mandos y el teclado de nuestro súper ordenador, que estimulan ciertas reacciones nuestras: el miedo, el titubeo, el valor, etc., y que sobre todo tiene una función extremadamente precisa: la supervivencia del cuerpo humano, y con ello, de la raza humana como .Ni más ni menos. Su único objetivo es ese. Sobrevivir.

Auto-alimentación

El ego, además, siendo un ente energético real, precisa de “energía” para sobrevivir por si mismo, y realizar su función, que es hacer que el ser humano “sobreviva”.  El ego tiene que manejar las emociones y sentimientos hasta tal punto, que muchas veces prefiere protegernos de ellas con tal de no enfrentarse y lidiar con la carga energética que suponen. Además, necesita su propia comida, ¿y cuál es? Ni más ni menos que los pensamientos generados por nuestra mente en según qué situaciones basados en el miedo. El ego sobrevive cuando se alimenta de esos pensamientos de venganza en la cual te visualizas a ti mismo gritándole al jefe por haberte humillado y de cuya “batalla” sales victorioso dejándole tirado en su silla ante la mirada de todos tus colegas.

El ego genera ese tipo de pensamientos para poder alimentarse, porque una de sus partes se ha sentido herida cuando te han echado bronca y debe sacar su lado vengativo. Sabe que no harás de verdad eso que le gustaría que hicieras, así que te pone toda la situación en tu pantalla mental, y la reproduce una y otra vez. Y que bien se siente. Cada subpersonalidad se alimenta de ciertas emociones y puesto que la mente no distingue entre algo real que ha sucedido o algo imaginado que ha sido visualizado, la emoción y la energía generada es la misma. El ego cobarde se alimenta imaginando como te defiendes y ganas en una pelea con 20 skin-heads que han venido a atacarte, el ego víctima se imagina humillando a personas con las cuales se ha sentido inferior, el ego tímido se imagina siendo el centro de atención de todo el mundo, etc.

Esas proyecciones mentales tienen tanto poder que alimentan más y más esas personalidades nuestras, y, en vez de hacerlas desaparecer, consiguen que tengan cada vez más fuerza. Por eso, cuando te des cuenta tú mismo que estás imaginando situaciones de este tipo, representaciones teatrales en las cuales eres el héroe y estás haciendo un papel que en la vida real no has podido hacer, tienes al ego generando energía para si mismo. Detén la función. Sal de ese papel. Párate. Dile al ego que ya basta. Que el mundo real no le ha hecho nada y que no use tu energía mental para re-alimentarse. El ego no tiene porqué jugar al papel de “vengador”, “salvador universal” o “víctima humillada”, el ego debe ejecutar nuestro rol social a partir de las instrucciones del Yo Superior, que siempre nos guiará con sabiduría, alegría, amor y paz.

Diferentes personalidades

Y aunque todos tenemos formas parecidas de sub-personalidades, la diferencia es que en la misma situación no todos aplicamos o utilizamos la misma. Eso es lo que diferencia a una persona de otra ante un mismo evento. Nada más y nada menos que el sub-carácter del ego que toma control del mismo y reacciona de una u otra forma según sus cálculos de probabilidades, expectativas y confianza en su misión última. Todas esas vocecitas internas y diferentes que notamos en nuestra cabeza (o que más bien se apoderan de ella y de nuestros actos sin que nos demos cuenta) son los denominados “arquetipos del ego”, en referencia al trabajo que realizó Jung con los arquetipos de la humanidad, con estos roles y sub-caracteres que tomamos, definiendo varios papeles “universales” que según su trabajo, están presentes en la mayoría de nosotros en uno u otro grado.

Y es que somos muchas personalidades a la vez y tenemos muchas máscaras. El hecho de saber reconocerlas cuando están usurpando a nuestra verdadera personalidad es lo que nos permite desenmascararnos y poner a nuestro Ego en su sitio, es decir, no dejar que tome control de lo que somos y hacemos. Nuestro ego es realmente una voz en nuestra cabeza que toma mil caras distintas, pero no somos nosotros. No lo confundas y aprende a reconocerlo, descubrirás todo una fachada que se cae de repente y que te muestra las cosas desde otra perspectiva.

 

La Resistencia
poner subtitulos en español y velocidad 0,75

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La vida se transforma, cuando uno se transforma por dentro

por David Topí · 

 

Es bastante raro en mi que deje pasar tantas semanas sin escribir algo. Hace algunos meses, me hervían las neuronas plasmando en palabras el conocimiento, entendimiento y experiencias que me iban sucediendo, para entenderlas, estructurarlas y analizarlas, mientras las compartía, pues es el hecho de escribir, lo que, a mi, particularmente, me ayuda a poner mis ideas, conceptos y revelaciones “en claro”. Pero desde que conseguí empezar a estar mucho más centrado en la “conciencia de mí ser”, tras haber “desmontado” hasta la medida de lo posible esa “sombra energética negativa”, y haber focalizado mi energía más hacia dentro y hacia potenciar ese núcleo o esencia que todos somos, ahora mismo pasan los días y ni siquiera aparece por aquí la necesidad de poner por escrito lo que siento, aprendo o comprendo de nuevo.

Mis compañeros me dicen que estoy (estamos, pues andamos todos en el mismo proceso de cambio), dejando atrás el modo “viejo” de funcionar, mucho más mental y mucho más de “querer comprender las cosas”, para pasar al modo nuevo de sentir y saber las cosas simplemente “porque si” (porque está la certeza indiscutible en tu interior del porqué de aquello). Los mismos esquemas, modos de trabajo, protocolos y métodos que teníamos para explorar las reglas del juego bajo las que vivimos, dejan de tener sentido, o lo tienen de otra forma, porque se transforman a medida que uno se transforma a si mismo. Ahora ando entre dos extremos que me tienen un poco con la sensación de estar montado en un péndulo, porque cuando me muevo hacia un estado mental de análisis, e investigación, cuando estoy preparando las conferencias, los talleres o lo que sea, entro en el modo de funcionar que he tenido siempre, y estoy contento y activo y tremendamente prolifero en el material que produzco. Cuando conscientemente me desconecto y me centro en aquello que Bárbara Brennan llama el “core” o el núcleo esencial de cada uno de nosotros, entro en otro estado de ser y no necesito escribir nada, publicar nada, ni dar ningún tipo de charla o taller. Y digo necesito porque realmente escribir y hablar para mi ha sido siempre una pasión, disfruto haciéndolo, y sin embargo depende del modo de funcionamiento en el que te encuentres, parece que estás deseando hacer una cosa o estás sin ningún tipo de necesidad de hacerlo.

Empieza la segunda fase del cambio

He comprendido que he alcanzado la segunda fase de aquello que llamábamos “la noche oscura del alma”, como os explicaba hace meses en este otro artículo cuando justo empezábamos a asomar la cabeza por el proceso de muerte y resurrección personal:

“El proceso de trabajo con la sombra se puede dividir en dos mitades, o en dos ciclos. El primero, es el descenso al inframundo interior de cada uno, donde la personalidad egóica en sus facetas negativas es rota en pedazos, mediante tremendos esfuerzos y choques externos que dejen hecha añicos una parte de las oscuras y rígidas estructuras mentales establecidas a lo largo de la vida. Yo he recibido ya dos choques de este estilo, y, si no lo has vivido, no se puede explicar lo que se siente. Un martillo rompiéndote por dentro seria una buena descripción, pero tampoco se acerca realmente a la sensación que produce sentir como se desmonta un parte de ti. Estas partes, luego, se tienen que transmutar, y las piezas rotas deben recomponerse para mantener el conjunto de tu psique estable y funcional, pero sin la carga negativa asociada que poseían antes. Aquello que se ha liberado y deja hueco, debe volver a llenarse, esta vez con las partes “positivas” de uno mismo.

Cuando uno ha terminado esta primera parte del ciclo, que puede durar una eternidad, dicen que entonces se inicia la segunda, que es volver a sacar a la superficie, dejando atrás el inframundo interior ya más o menos descompuesto y parcialmente liberado, limpio y transmutado, la esencia pura de cada uno, despertando la conexión total con el ser del que venimos, y la manifestación de su “conciencia” en la nuestra, pues uno ya no tiene una personalidad artificial y egóica que tome los mandos, sino que, entonces, es nuestro Yo superior quien lo hace y el ego simplemente “obedece”. La diferencia, es que, ahora, la visión que teníamos del mundo anterior al proceso está muerta, ha desaparecido, porque se ha roto el séptimo velo, y uno inicia la nueva etapa con una perspectiva completamente diferente, evidentemente, si todo el proceso que se ha hecho durante el primer ciclo, ha tenido éxito.”

Claro, lo que no tenía por la mano, cuando escribí eso, es que el inicio de este nuevo ciclo de resurrección era del todo menos simple de transicionar. No se pueden dejar de la noche a la mañana los modos de funcionamiento y la percepción de las cosas que has tenido siempre de la realidad, pero sin embargo, tienes que hacerlo, porque ya no te sirven para entender lo que hay fuera, ni mucho menos para entenderte a ti mismo. Así que tienes que reorientar todo y dejar que caiga lo que tenga que caer, y aceptar que si por alguna razón tienes que empezar a funcionar y trabajar de otra manera es así como debe ser. Todo cambia en tu realidad exterior a medida que cambias en tu interior, porque cuando toma el mando la conciencia del ser, aunque sea un ratito corto cada día, y luego vuelvas a la conciencia artificial y egoica de siempre, pues las restructuraciones energéticas son inevitables y los periodos de confusión y de no entender que te pasa, empiezan a dar lugar a una nueva visión de lo que eres y tienes que hacer. El séptimo velo se rompe muy poco a poco, se va traspasando con cada minuto que pasas con la conciencia de tu ser al mando del cuerpo que ocupas. Se instala la conexión con el momento “del ahora” de forma mucho más vivida y duradera, y te empiezas a anclar a esa eternidad que supone cada instante en el que estas vivo y despierto. Luego vuelves a desconectar, pues la mente no ceja en ceder el control, especialmente uno de sus componentes, que llamamos la mente predadora, y sobre la cual estoy aprendiendo mucho y lidiando mucho últimamente con ella, y cuando te vuelves a dar cuenta, sigues estando como siempre hemos estado y sigues trabajando como si nada hubiera pasado, pero, sin embargo, persiste una sensación de que ese modo de estar no es el más adecuado ni correcto, y entonces vuelves a recordar que tienes que volver a conectar con tu esencia y volver a darle el mando. De péndulo total. Ahora a ver si consigo pararlo en el extremo correcto

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