Ser Humano II

Ser Humano II
Tu mantra personal
por David Topí ·

 

Si dicen que somos lo que comemos, que nuestra forma de vestir indica nuestro carácter, que dime con quién andas y te diré quien eres, etc., no es menos cierto que al final, y en realidad, somos lo que pensamos que somos, y somos lo que nos hacemos creer a nosotros mismos que somos.
Ya que para nuestro ser interior no existe otra forma de juzgarse que los juicios que nos hacemos a nosotros mismos, decidir que imagen queremos para nosotros, qué es lo que somos en realidad sin importar lo que piense el mundo exterior, es vital para una vida feliz. Define cómo quieres ser y así serás, no definas nada, y serás lo que a tu programa ego le de por mostrar ese día con la subpersonalidad que tenga predominio en ese momento.
En la película “What the Bleep do we know”, salía una escena de la protagonista pintándose corazones por todo el cuerpo y diciéndose a si misma que era la persona más maravillosa del mundo. Hasta llegar a ese momento, la protagonista no tenía una imagen demasiado positiva de ella misma y su mundo exterior reflejaba eso que ella creía ser. Todo cambió cuando su imagen de ella misma cambió. De repente su interior empezó a reflejar lo que ella afirmaba ser: la persona más maravillosa del mundo, y una vez su ser interior se convirtió en lo que le habían dicho que tenía que convertirse, su realidad externa se hizo acorde a ella.


Tu mantra personal


Así como todos tenemos una idea especial de cómo queremos ser, existe un método fácil y totalmente infalible de comunicárnoslo a nosotros mismos, esto es, mediante la creación de tu propio mantra. Un mantra no es más que una frase, unas palabras, con un significado especial para ti, que repites una y otra vez. El poder de las palabras es mayor o igual que el poder de los pensamientos. Y cada palabra emitida trae consigo una energía que manifiesta el significado de eso que estamos diciendo.
Tu mantra personal no es ni más ni menos que aquello que quieres destacar y madurar o llegar a ser en tu interior. Puede ser una frase tan simple como “soy capaz de hacer cualquier cosa que me propongo“, ” mis sueños se hacen fácilmente realidad“, “soy paciente, sereno y eficaz“, “soy una persona abierta a todo el mundo“, etc.
Elegir un mantra adecuado
Para elegir el mantra que más te conviene en estos momentos deberías examinar que es aquello que te preocupa, o que más te pasa por la cabeza actualmente. Busca en tu realidad externa, pues ella refleja las situaciones precisas que en estos momentos necesitas pasar para evolucionar. Si te ves envuelto en problemas de comunicación por doquier, elige un mantra al respecto, si en estos momentos tu esfuerzo está en conseguir ciertos objetivos, puedes repetir “consigo mis objetivos fácilmente“, etc. No tiene mayor secreto.
Repetir sin cesar Los monjes budistas, los adeptos a la meditación, los yogis, etc., todos práctican el poder del mantra en sus vidas diarias. No solo porque la repetición de una frase una y otra vez concentra la mente y nos libra del incesante parloteo interior de nuestra cabeza, sino porque además nos lleva a enfocar nuestra energía a lo que realmente nos importa en ese momento (= lo que hemos decidido poner como mantra personal). Así pues, grábate bien grabado tu frase personal y repítela sin cesar en voz alta, baja o en tu mente. Los resultados son asombrosos

Poniendo siempre a los demás por delante nuestro

Hay bastantes personas que tienen tendencia a vivir como si su propia existencia no tuviera ninguna importancia, y solo el resto de la humanidad contara para ellos. Es probable que existan muchas razones por las cuales solemos anteponer nuestros propios deseos, y necesidades, a las de los demás, y, sin embargo, muy pocas veces se trata de puro altruismo.
La creencia de que hay que dar todo por los demás para ser una “buena persona” es solo válida cuando personalmente has cubierto tus propias necesidades (físicas, anímicas y emocionales). De lo contrario te estás haciendo un flaco favor que tarde o temprano acaba afectando a todo aquello que procuras hacer por otros. En el momento en que nuestra vida empieza a ser lo último de lo que cuidamos por estar siempre pendiente de la vida de los demás, es cuando llegamos a provocarnos situaciones de verdadero caos interior, sentimiento de estar perdido, agobiados, extenuados constantemente, y en algunos casos, incluso deprimidos. Lo peor de todo es que la razón de este comportamiento está muchas veces tapada en algún rincón de nuestro interior que no queremos abrir, por si acaso sale algo que no nos gusta.


Los demás siempre primero


Cada vez que nos traicionamos a nosotros mismos dejando de hacer algo que queremos para hacer algo que quieren los demás, estamos avivando sentimientos de culpa o baja autoestima. ¿Qué nos impulsa a estar siempre pendientes de las necesidades de los que nos rodean?. ¿Amor en estado puro? Quizás en algunos pocos casos, pero en la mayoría básicamente nos encontramos con:
Miedo a sentirse rechazado: ¿y si no me quieren? ¿y si no me aceptan como soy o lo que hago?
Poca Autoestima: los demás valen más que yo, yo no soy tan importante, esto puedo hacerlo luego ya que no me hace falta, no me merezco tanto, es mejor que lo tengan y disfruten otros…
Deseo de formar parte de los otros: no quiero sentirme solo, si digo que no, ¿volverán a llamarme?
Necesidad de reconocimiento: necesito que me digan que lo hago bien, necesito que aprueben mi trabajo, necesito que me animen constantemente, necesito sentirme apreciado…
Sentimiento de culpa: debo conformarme con menos, fíjate que pocos tienen otros, no debo quejarme, tengo que conformarme con lo que tengo, yo estoy bien así…
Ejemplos de comportamientos de este tipo son cotidianos y es probable que conozcáis a mucha gente que actúe de forma parecida: decir que sí siempre a todo lo que nos piden que hagamos, intentar quedar bien con todo el mundo, poner los valores e ideas de otros por delante de las nuestras, acceder a hacer cosas o favores que no queremos hacer, no pedir nunca ayuda a los demás para no molestar, cuidar de la salud de otras personas pero no de la nuestra, etc.
Se pierde el respeto de los demás
Así como tu te tratas a tí mismo, harás que te traten los demás. Tengo algún caso cercano de una persona que nunca se trata tal y como ella trata a los demás. Esta pendiente de ti todo el tiempo, intenta ayudar constantemente, dice que sí a todo, pero luego no se cuida, no deja que nadie haga nada por ella, no se preocupa por su salud, etc. El resultado, es que, en cierto modo, el entorno se enfada constantemente con ella, se sienten agobiados por su ayuda constante, sus consejos y su dedicación que no tiene camino de retorno. En este caso es un problema de aceptación, pero la persona no quiere/sabe verlo. Así como ella se trata a sí misma, es como su realidad está tratándola a ella.


Las Copas de Cava

Cuando no nos estamos cuidando a nosotros mismos, intentar hacerlo por otros no tiene ningún efecto. Somos como esas copas de cava puestas una encima de otra en forma de pirámide. El champagne empieza a caer en la primera copa, y va llenándola, así que rebosa y el cava empieza a desbordar hacia las copas de abajo, llenándolas todas una a una no importa cuantos pisos haya. Nuestra vida tiene que ser idéntica. Debemos estar siempre llenos y pletóricos como la primera copa, tanto mental, física como anímicamente para que nuestra salud, nuestra riqueza material, nuestro ánimo, nuestra fuerza personal llene las copas de los demás. No funciona de ninguna otra manera. Cuando todo el cava que recibimos lo pasamos inmediatamente hacia las copas de abajo sin dejar que nada se quede en nosotros, llegará un momento en que no podremos más y repercutirá en nuestro ser. Estaremos vacíos y nuestra vida no tendrá mucho sentido.
Si queremos contribuir a que el mundo sea un poco mejor, y que los que nos rodean estén un poco mejor a través de nuestra ayuda, el enfoque correcto es convertirnos en la copa de cava que está en la parte superior de la pirámide. Primero nosotros, luego ya haremos que desborde hacia los demás.
Haz la lista de cosas que siempre has querido hacer, cosas que has pospuesto, actividades que necesitas. Cancela o dí no a lo que no quieres hacer, aprende a rechazar peticiones. Ponte tu primero en la lista. No te traiciones, cumple tus promesas para contigo mismo, y podrás seguidamente cumplir mejor tus promesas hacia los demás.


Efecto multiplicador

Cuanta más energía, animo, riqueza, etc., tengamos, más fácil será hacer que otros mejoren sus vidas. Cuanto más pronto te llenes tú, más pronto podrás hacer que los que están inmediatamente alrededor tuyo sientan los beneficios de lo que les puedes proporcionar. Ellos a su vez conseguirán llenarse y ayudar a otros desde todo el potencial que puedan tener gracias a ti. Cuando tus necesidades y prioridades van por delante, el efecto multiplicador se genera de forma instantánea. Así que, como dice el refrán, el burro delante para que no se espante

No aceptes opiniones negativas de otros sobre ti
por David Topí ·

Hay veces en que los demás sueltan sus opiniones negativas acerca de nosotros (sobre todo cuando la confianza es alta), y nosotros, conscientemente o inconscientemente, aceptamos esas opiniones como válidas. Suele pasar que igual estás pasando un periodo sintiéndote de tal o cual forma, y que la imagen que damos sea un reflejo de esa situación, haciendo a su vez que otros se creen una percepción irreal y nos la transmiten de vuelta. No hay nada malo o negativo especial en estas situaciones tan corrientes, lo malo es cuando esas “opiniones negativas” se transforman en pensamientos reales que nos tragamos y que se “anclan” a nuestra aura.

El poder de la mente

Nuestra mente es una máquina fantástica de crear cosas a través de nuestros pensamientos. Si imaginamos nuestros pensamientos como plastilina, podemos visualizar, como, dirigiendo un pensamiento negativo hacia el aura o cuerpos sutiles de otra persona, ese pensamiento puede quedarse “pegado” en ella. Para que esto ocurra deben suceder varias cosas, 1) que ese pensamiento realmente tenga una carga energética suficiente, 2) que este mantenido en el tiempo, y 3) que nosotros lo aceptemos.
Si por cualquier motivo, de repente, todo tu entorno empieza a pensar en ti como alguien “torpe” (por decir algo, aunque tu no lo seas), la imagen que todos aquellos que te rodean proyectan sobre ti va a crear un “pegote” en tu aura que va a transmitir a todo aquel se que cruce contigo esa sensación de que eres una persona torpe. Claro que este pegote solo se habrá quedado enganchado si tu le has dado permiso (la mayoría de veces de forma inconsciente), pues quizás en los últimos días se te han roto varias cosas, o lo que sea, y de alguna forma, has aceptado al oír esa opinión que quizás si que eres algo torpe.


La ley de la Atracción en marcha

Al haberte creído que eres torpe y el tener ahora ese “parche” energético que no has creado tu, sino los otros, pero que tu has dado como bueno, tu energía empezará a transmitir hacia el exterior la señal de que “eres torpe”, pues esa nueva vibración ya es parte de tu sistema energético, de tu aura, y se une a todo aquello que radias hacia el mundo. Recuerda que tu realidad exterior depende de tu realidad interior, así que ahora simplemente le estás diciendo a todo el universo que tu, en tu interior, eres alguien torpe.

Atrayendo las situaciones que lo confirmen

A partir de aquí es pura ley de la Atracción en marcha. Aquello que emites atrae situaciones de idéntica frecuencia vibratoria y patrón energético, así que básicamente has completado el círculo. Algo que a priori tu no eras, sino que fue creado artificialmente por las opiniones de los demás sobre ti, pero que tu diste por válidas, se ha convertido en un componente muy real de tu campo energético y ahora te ves envuelto en un montón de historias en las que el componente básico es que sigues siendo torpe, lo cual, validará la imagen que los demás tienen de ti, y reforzará tu propia opinión de ti mismo. El círculo está completo.


Eliminando patrones energéticos negativos


Pero así como es fácil que estos patrones energéticos terminen enganchados a nuestra estructura energética porque otros los han creado proyectándolos sobre nosotros, es igual de fácil eliminarlos cuando dejamos de creer en ellos. Recuerda que tu eres lo que tu crees que eres, así que en el momento en el que dejes de alimentar energéticamente ese tipo de pensamiento, este pierde todo su poder y se disipa. Lo malo en la mayoría de los casos es que no nos damos cuenta, y nos pasamos media vida pensando que somos de una forma “X” porque siempre nos ocurren cosas que lo validan, cuando en realidad el detonante no ha tenido porque ser una situación o característica real tuya.


Mi ejemplo personal


Recientemente me he dado cuenta que había dos “pegotes” enormes que hablaban de “duda de mí mismo”. Sin entrar en muchos detalles, básicamente el problema venía a ser el no estar nunca seguro si lo que hacía estaba bien hecho. El detonante no lo conozco, pero ha podido ser una o varias situaciones creadas a lo largo de los años en las cuales he permitido que se dudara de lo que había hecho o lo que hacía, y me he “tragado” el que quizás no lo estaba haciendo correctamente. El haber sido consciente de estos “parches” y haberlos eliminado, me ha dado una sensación de alivio y libertad enorme, pues yo no me percibo como una persona dubitativa, y parece que he dejado de proyectar esa imagen a cierto nivel.
Echa un vistazo a la imagen que proyectas o lo que crees que los demás ven en ti y pregúntate si realmente eres así, porque en caso contrario, probablemente tengas pegado una forma energética que no es tuya y que no te hace ningún bien.


El Cuerpo Etérico y la protección contra elementos externos
por David Topí

Hace unos días hablábamos de uno de los cuerpos sutiles, el cuerpo mental, del cual comentamos su importancia en la comprensión de la realidad que nos rodea, pues bien, vamos hoy a hablar de otro de los cuerpo sutiles, el etérico, y de su importancia en relación a la salud del cuerpo físico.


Protección contra enfermedades
El cuerpo etérico es una de las primeras barreras que tenemos contra todo lo que nos rodea, tanto a nivel físico como energético. Es el primero de los cuerpos sutiles que poseemos, componente de los llamados sistema externos que son aquellos que siguen existiendo aun cuando fallecemos, aunque sea temporalmente. Este cuerpo etérico es evidentemente el primero en difuminarse y desaparecer cuando muere el cuerpo, dejando libres al cuerpo emocional/astral y el mental para su viaje por los planos superiores en busca del camino de retorno al Yo Superior.
Cuando el cuerpo etérico se encuentra en perfecto estado, es como un escudo que rebota y rechaza parte, si no todo, de lo que entra en contacto con nosotros, sean virus y bacterias que flotan allá donde vamos, sean energías negativas. Evidentemente una rotura, fisura o desgaste de este cuerpo es lo que provoca que elementos externos puedan “entrar” en nosotros y causarnos esos estados de enfermedad (evidentemente para aquellas que tienen un origen externo).


Perdida de protección
Son muchas cosas las que debilitan este potente escudo, entre otras, nuestro estado de ánimo, nuestra energía y vitalidad interna, nuestras emociones y calidad de pensamientos, etc. Un buen conjunto energético de Chakras + Aura + Cuerpos sutiles funcionando a pleno rendimiento representa una salud de hierro por muchas plagas y pasas de virus que existan, cosa que, a la mínima que estos sistema, especialmente el cuerpo etérico, presente alguna pequeña disfunción, deja hueco a que lo que hay por ahí fuera se cuele en nosotros.
Como todo, no hay fórmulas mágicas para mantenerlo al 100% activo, pero sí que una buena gestión de nuestras emociones y pensamientos, con una orientación positiva de los mismos, hará ya gran parte del trabajo de mantenimiento y evitará que nos convirtamos en un colador para todos los virus que nos echen ahí fuera.

 

Solucionando los problemas del mundo con la Ley de la Atracción
por David Topí

En el post anterior sobre la Ley de los Opuestos decía que había un tema controvertido que poca gente se atreve a tocar, y que ni mucho menos aparece en todos los cursos sobre “cómo crear tu propia realidad”, “cómo ser rico”, “cómo manifestar lo que deseas” etc. Si es tan fácil aprender a manifestar la casa de nuestros sueños, el amor de nuestra vida, el dinero suficiente en el banco, el trabajo perfecto, etc., ¿porqué no enviamos cientos de míles de manuales y cursos a todas las personas que sufren, que pasan hambre, que viven sumidos en países explotados, en medio de guerras o condiciones infrahumanas y les ayudamos a que cambien “sus pensamientos” y usen la Ley de la Atracción para mejorar sus vidas?
En teoría, esto puede ser tan fácil como usar los métodos de pensar lo que queremos, visualizarlo día y noche, vibrar a la frecuencia de eso que deseamos y verlo reflejado en nuestra vida. Pero, si es así, ¿no estaríamos diciendo que los que pasan hambre, mueren por culpa de la guerra en Darfur o no tienen agua que beber es porque se lo han buscado con su pensamiento “incorrecto”? Algo no cuadra, ¿verdad? ¿Cuál es la respuesta a esta pregunta?
Personalmente no la he tenido, si es que se puede “tener”, hasta que, como decía en el post anterior, leí una explicaciones sobre el proceso de creación de Neale Donald Walsch (autor de los libros “Conversaciones con Dios”). La respuesta es que, efectivamente, la causa del gran sufrimiento de la humanidad, es la manera de pensar de la humanidad. Aunque no es tan sencillo como la frase parece querer indicar. No se trata sólo del pensamiento de los que sufren. Se trata del pensamiento de todos manifestando la realidad común y macro en la que vivimos a través del inconsciente colectivo que nos une a todos los seres humanos.


El destino manifestado


He tenido que escribir un capítulo entero poniendo en orden mis pensamientos sobre el Destino y el libre albedrío en “El Poder de la Intuición“, y haber tenido una “revelación” sentado en una playa para entender que, efectivamente, muchos de los que sufren y viven en estado de problemas constantes, llegan a creer que realmente “eso es lo que les ha tocado vivir y es lo que hay”, tal y como decía Neale. Muchos se han rendido, han tirado la toalla y no han luchado (no han podido, no han encontrado la forma) para rebelarse ante la situación en la que han nacido y en la cual les ha tocado vivir su existencia.
El pensamiento de la gente que sufre, en este caso, tiene también un papel en la representación de la realidad en la que viven, se han encontrado algo hecho, un mundo con unas condiciones y unas realidades que se han integrado en su forma de pensar, y pocos tienen energía o una forma de ver su realidad que, aunque poco, crean que puede ser cambiada, y con ello, cambiar, en la medida de lo posible, su situación. Pero ese no es el verdadero problema.
El problema principal es que el hambre, el sufrimiento de algunos pueblos, culturas, etnias, están siendo mantenidos y sostenidos, y muchas veces aumentados, por la conciencia colectiva del planeta, y un sistema de control y gestión del mismo. El inconsciente colectivo de todas las mentes del planeta, los que viven en abundancia y los que viven en la miseria, los que son felices y los que no, los que pasan hambre y los que comen cada día en restaurantes Michelín. Y es que muchos de aquellos que estamos “en este lado”, proyectamos y seguimos proyectando en el inconsciente colectivo la imagen que “tenemos” de aquellos que están “en aquel lado”, lo cual hace que la realidad de los que están “en aquel lado”, siga siendo mucho más potente y difícil de cambiar por las mentes individuales de los que viven allí, aunque lo intenten. Y todo esto por una realidad también manipulada por unas estructuras de control complejas y profundamente instaladas en nuestra sociedad.
Muchas veces, incluso, nuestros pensamientos les otorgan cierta “culpa” de su situación o simplemente ignoramos las peticiones de ayuda. Pensamos que los problemas que puedan tener se los han podido buscar por alguna razón, o, sino, preferimos no pensar en “aquel otro tipo de vida”. Este muro, esta realidad creada por las mentes de todo el planeta sobre la situación en una o más regiones, países, lugares, hace extremadamente difícil que las personas que vivan en él, puedan siquiera llegar a plantearse cambiar la realidad cambiando su forma de pensar.


La conciencia colectiva es más fuerte que la individual


Vivimos en una sociedad en la cual “manifestar un coche nuevo” tras haber comprado “El Secreto” es relativamente fácil. El inconsciente colectivo de nuestra “zona” está más que abierto a esa posibilidad, incluso diría que la potencia, por el nivel de vida y el deseo de más de una persona de obtener lo mismo. Todo eso está en ese inconsciente colectivo que puede o bien actuar como amplificador de nuestros deseos, o bien como un muro infranqueable para ellos.
Los pensamientos combinados de la multitud ejercen literalmente su poder sobre la vivencia de unos pocos. Mientras millones de personas en el planeta proyecten su imagen de niños en África muriendo de hambre, no habrá nadie que pueda cambiar esa realidad desde dentro. Todos estaremos contribuyendo a anular esos esfuerzos de pensamiento “positivo”. Es muy difícil para un solo individuo superar con su poder “mental” la barrera que forma el inconsciente colectivo.
Rompiendo el muro Pero esto no tiene que ser así para todos. Siempre hay casos de personas excepcionales que son capaces de cambiar su vida y su realidad en un entorno completamente en contra de ellos. Son esas personas las que demuestran que el poder del individuo, a base de elevar su conciencia personal, puede vencer el muro de la conciencia colectiva. Lo hagan de forma consciente o inconsciente, existen aquellos que han podido realmente ser ejemplo para el resto de los que vivían alrededor de ellos. Para conseguirlo probablemente hayan tenido que luchar contra un modo de ver la realidad que a ellos no les gustaba, o por supuesto no les convenía, y el poder mental, la energía de su mente consciente (e inconsciente) han sido capaces de atraer y manifestar la realidad que deseaban aún por encima de la realidad creada por el inconsciente colectivo. Y ahora, ¿qué pensamientos queremos lanzar al inconsciente colectivo? ¿qué mundo queremos llegar a construir o ayudar a mantener? Lo queramos o no, todos tenemos un papel en lo que pasa en el planeta, la cuestión es si aceptamos la responsabilidad o no que nos toca por ello


La parábola del águila
por David Topí

[La imagen de este artículo corresponde a un cuadro del artista Josep Cusó, titulado “El cuarto chakra“, simboliza la rotura de bloqueos en una meditación del chakra corazón, el hombre está dormido hasta que le toca la luz y puede romper el bloqueo y ver la realidad que hay detrás]
Las cosas siempre se ven mejor desde arriba, o desde fuera. De igual forma que no puedes solucionar un problema con la misma mentalidad y desde la misma posición en la que este ha sido creado, uno debe salir y ver las cosas desde otra perspectiva para poder cambiarlas. Y al igual que con los problemas de la vida, lo mismo sucede con nuestro crecimiento personal. Nunca podremos avanzar lo suficiente mientras no hagamos y ejecutemos cambios que nos hagan ver las cosas desde una nueva perspectiva, para poder elevarnos por encima de nuestras limitaciones y expandirnos para abarcar percepciones más amplias de lo que somos. Ese crecimiento personal pasa sin duda por reconocer nuestra verdadera esencia, porque no somos lo que nos han hecho creer, sino lo que queda cuando quitas lo que nos han hecho ponernos para pretender encajar en el mundo. El trabajo más duro del mundo es dejar de ser lo que nos han hecho ser, para ser lo que siempre fuimos. No somos una personalidad determinada, un nombre escogido al nacer, una profesión quizás equivocada o una ocupación impuesta por la sociedad. De hecho, si nos quitan todo eso, muchos de nosotros tendremos problemas para saber entonces que somos de verdad. Pero, lo que somos de verdad, es lo que queda cuando quitas todo eso, porque es el único momento en el que te sientes libre para abrir tus alas y, como dice James Aggrey en la parábola que os pongo a continuación, te das cuenta que siempre fuiste águila cuando te hicieron creer que eras pollo:


PARABOLA DEL AGUILA (de James Aggrey)
Erase una vez un hombre que, mientras caminaba por el bosque, encontró un aguilucho. Se lo llevó a su casa y lo puso en su corral, donde pronto aprendió a comer la misma comida que los pollos y a conducirse como estos. Un día un naturalista que pasaba por allí, le pregunto al propietario por qué razón un águila, el rey de las aves y los pájaros, tenía que permanecer encerrado en el corral con los pollos.
– Como le he dado la misma comida que a los pollos, y le he enseñado a ser como un pollo, nunca ha aprendido a volar, respondió el propietario; se conduce como los pollos y por tanto no es un águila.
-Sin embargo, insistió el naturalista, tiene corazón de águila, y con toda seguridad se le puede enseñar a volar.
Después de discutir un poco más, los dos hombres convinieron en averiguar si era posible que el águila volara. El naturalista le cogió en sus brazos, suavemente y le dijo “Tú perteneces al cielo no a la tierra, abre las alas y vuela”. El águila sin embargo estaba confusa: no sabía qué era y al ver a los pollos comiendo, saltó y se reunió con ellos de nuevo.
Sin desanimarse, al día siguiente, el naturalista llevó el águila al tejado de la casa y la animó diciéndole: “Eres una águila, abre las alas y vuela”; pero el águila tenía miedo del mundo desconocido y saltó otra vez en busca de la comida de los pollos.
El naturalista se levantó temprano al tercer día, sacó el águila del corral y lo llevó a una montaña. Una vez allí, alzó al rey de las aves y lo animó diciéndole “Eres una águila y perteneces tanto al cielo como a la tierra. Ahora, abre las alas y vuela”.
El águila miró alrededor, hacía el corral y hacía arriba, al cielo. Pero siguió sin volar. Entonces el naturalista lo levantó directamente hacia el sol; el águila empezó a templar y abrió lentamente las alas y finalmente con un grito triunfante, voló alejándose hacia el cielo.
Es posible que el águila recuerde todavía a los pollos con nostalgia; hasta es posible que de cuando en cuando vuelva a visitar el corral. Que nadie sepa, el águila nunca ha vuelto a vivir vida de pollo. Siempre fue un águila, pese a que fue mantenida y domesticada como un pollo.
Cuando el hombre aun no era hombre, todos éramos águilas, conectados a la sabiduría inagotable del Ser del que provenimos, viviendo en comunión con todo lo que existía en el planeta y en el universo. Cuando el hombre empezó a ser hombre (lhumanu, tras las primeras manipulaciones genéticas), empezamos a ser pollos, se introdujo el componente de la mente predadora en cada uno de nosotros, se nos desconectó de aquello de donde veníamos, y se nos dio la realidad subjetiva en la que vivimos, encerrando al planeta y su satélite bajo el paraguas de la malla energética “de control” de la que ya hemos hablado tantas veces. Milenios pasaron, y el hombre vivió como pollo sin saber que era águila. Pero llego el naturalista (millones de ellos), y nos dijeron que empezáramos a volar. Nos dijeron que extendiéramos las alas, y empezamos a hacerlo. Extender las alas dolía mucho, porque estaban llenas de programas y miedos insertados a los pollos para mantenerlos en el corral, pero a pesar de que varias plumas caían con cada esfuerzo por extender las alas, millones de supuestos pollos empezaron a abrirlas dejando ir las caretas que se habían puesto para poder adaptarse a la vida en el corral. Cuando la careta iba cayendo, la mente predadora se hacia más débil, y el águila recordaba más ser águila de verdad. Hace poco, en una meditación, aquellos que yo llamo mis guías me dijeron “pase lo que pase, no mires atrás, mantente firme y siempre ve hacia delante”. Todos somos águilas, y hay que volar. Por mucho que quieran mantenernos como pollos, no hay nada ya que nos pueda atar al gallinero

 

 

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