ENTENDIENDO EL EGO Gurdejieff…Los Nueve Rasgos, el cuarto camino..

Ejercicios Cuarto Camino

QUÉ ES EL ENEAGRAMA (Eneas=Nueve)
El modelo del Eneagrama se aplica para delinear los procesos cosmológicos y el desarrollo de la
consciencia humana. Se trata de un diagrama, de una estrella de nueve puntas, que puede ser utilizado
para trazar el proceso de cualquier acontecimiento, desde su principio y a través de todas las etapas de
progreso de dicho evento en el mundo material, pero nuestro enfoque es psicológico y está aplicado al
estudio del carácter humano.
El propósito principal del eneagrama es descubrir el tipo al que pertenecemos cada uno, descubriendo así
nuestra compulsión para aprender a trabajar sobre ella, a fin de lograr en definitiva nuestra libertad,
sanación . Es un viaje de auto-conocimiento. La compulsión típica de una personalidad se experimenta como una fuerza básica que nos conduce como una fijación a reaccionar de manera irresistible, especialmente cuando permanece escondida, sin reconocer por nosotros mismos.
Todo ello debido a ciertas pautas o mandatos asimilados e introyectados en nuestra infancia. “Nunca confíes en nadie”. “Si no tomas el poder, lo perdiste”. “Lo más importante es ocultar los sentimientos”.
“No estamos en un mundo perfecto”. “Yo no valgo”. “No soy digno de ser amado”. “No merezco amor”. Es como la imposibilidad de llegar a ser lo que somos auténtica y verdaderamente.
El descubrimiento de esta compulsión supone una ruptura de la estrategia defensiva cuidadosamente escondida que una persona ha desarrollado para su propia seguridad y una existencia significativa.
Cuando esta fuerza o compulsión que nos dirige no ha sido enfrentada directamente, tiene gran influencia en las decisiones que tomamos sobre los que tenemos o no que hacer, y cómo pensar en nosotros
mismos en relación con los demás.

LOS NUEVE RASGOS
Según el sistema del eneagrama existen nueve tipos de personalidad humana o nueve rasgos
característicos. Lo que se intenta no es salir de nuestro rasgo principal, sino observarlo para combatir la
automatización de nuestras vidas.

  1. LA IRA. El Perfeccionista-Resentido
    El tipo “uno” es la ira o la cólera, entendida en todas sus variantes y matices: irritación, frustración, insatisfacción, resentimiento, impaciencia, desdén, intolerancia, rencor.
    El elevado rigor ético y de comportamiento del 1 con las exigentes expectativas que abriga respecto de sí
    mismo y de los demás, le hace percibir enseguida y sufrir la diferencia existente entre el ideal y la realidad. A pesar de todos sus esfuerzos y de su incansable trabajo, la realidad y las relaciones siguen siendo muy imperfectas y dejan mucho qué desear. El 1 aprieta los dientes para disimular su insatisfacción y enmascarar su ira, que le produce malestar y disgusto, porque le hace dar una imagen
    demasiado humana e imperfecta de sí. Está convencido de que las personas educadas no tienen que airarse jamás y su insatisfacción se manifiesta y se somatiza en la tensión de su rostro y en el tono de su voz.
    El 1 es una olla a presión, cuya rabia contenida y controlada, puede manifestarse bajo diversas formas, tales como:
  • La superioridad: La irritación ante las limitaciones de los demás puede traducirse en actitudes de
    superioridad profesional, estética, intelectual, de comportamiento.
  • La crítica: constante inclinación a detectar instintivamente los errores y los aspectos negativos de las
    personas, así como a puntualizar sistemáticamente las cosas que no funcionan, tanto dentro como
    fuera.
  • El perfeccionismo: excesiva preocupación por los detalles, debida a su obediencia a normas y
    autoridades abstractas, a su obsesión por la mediocridad y a su impaciencia consigo mismo y con los
    demás.
  • El moralismo: tendencia a imponer los propios criterios y juicios, adoptando un tono de sermón y de
    reprimenda en relación con los comportamientos considerados erróneos. El moralismo degenera a
    menudo en actitudes culpabilizadoras.
  • El supercontrol: la tendencia a la rigidez y a la falta de espontaneidad. La tensión provocada puede
    dificultar la distensión, perturbar el sueño, complicar la digestión y originar úlceras, gastritis, etc.
    Los “unos” tienen su salida buena logrando la serenidad del corazón mediante la práctica de actitudes como las siguientes:
  • Educarse en la afirmación de lo que hay de bueno y positivo en uno mismo y en los demás, sin atormentarse por lo que sigue siendo incompleto e imperfecto.
  • Ser conscientes de que hay distintos modos de hacer las cosas, sin absolutizar el propio y menospreciar los de los demás.
  • Transformar la cólera en energía positiva, sin necesidad de juzgarla o de justificarla, sino canalizándola al servicio de la justicia y de la verdad.
  • Tener paciencia y apreciar los pequeños esfuerzos sin lamentarse por los errores cometidos o las oportunidades perdidas.
  • Aprender a reírse de uno mismo, desdramatizando los propios desaciertos y relativizando las angustias.
  • Valorar la importancia de las cosas objetivamente, sin hacer una montaña de un grano de arena, ni de una pulga un elefante.
  • Consolarse con la idea de que la salvación del mundo no depende de los propios esfuerzos y confiar en la providencia.
  • Convivir creativamente con las propias limitaciones e imperfecciones. Crítico de sí mismo y de los demás. Convencido de que existe una sola forma correcta. Se siente éticamente superior. Con frecuencia utiliza palabras como “debo” o “tengo que”.
    Los “unos” evolucionados pueden ser héroes morales con excelente capacidad crítica. Los “unos” fueron niños buenos, aprendieron a portarse bien, a ser responsables y a hacer lo correcto. Aprendieron a controlarse con severidad. Trabajadores rectos independientes y perfectos; perfeccionismo. Están en
    contra de las cosas como están. Ellos creen que luchan por mejorar algo. Parecen personas muy justas y de gran moralidad. Muy poca aceptación del otro. Intentan acomodar a su pareja a sus expectativas. Son amas de casa “perfectas y pulcras”. Puritanos: son más papistas que el Papa. Tienen voz firme y pronunciado mentón, la voz muy firme. Corrigen lo que está mal, se fijan en la mancha, no en el traje. Se
    dedican a causas benéficas, exigentes y estrictos. Exigen respeto. Piden JUSTICIA. Miedo a dejarse llevar, a la pasión. Aristócratas ordenados y limpios. La palabra es CONTROL. Es una no aceptación de la naturaleza. Es realista, con convicciones fuertes, prejuicioso y rígido. El deber está por encima del placer.
    Interés por los reglamentos, por las normas. Tienen la compulsión de decir “cómo debería de hacerse”.
    Echan mano de la razón, abogacía innata.
  • 2EL ORGULLO. El que da
    El pecado original de los “dos” es el orgullo, que en la tradición cristiana ha sido considerado a menudo como el más grave de todos los pecados. El “dos” cree estar animado en su servicio por los más altos motivos y hacerlo todo sin segundas intenciones. En la práctica, le resulta bastante difícil observarse a sí
    mismo interiormente y percibir su subjetivismo. El aparente altruismo de esta personalidad es la manera legítima que tiene de vivir su propio egoísmo. En cierto sentido el “dos” está convencido de no tener necesidad de los demás y de que los demás en cambio si tienen necesidad de él; está convencido de que
    él no necesita a Dios, sino que Dios tiene necesidad de su ayuda para salvar al mundo.
    El orgullo, que impide la capacidad de introspección y la aceptación global, no parcial de la verdad, puede manifestarse de diversas maneras:
  • La hipervaloración: tendencia a sobrevalorar los propios méritos y a creer que puede afrontarse cualquier problema contando con las propias capacidades para administrar las crisis y acudir en auxilio del prójimo. El “dos” tiene una gran necesidad de sentirse necesario y/o indispensable en la vida de los demás.
  • La hipersensibilidad emotiva: excesiva sensibilidad y ansiedad frente a las críticas o los indicios de ser rechazado. Cuando se siente herido, el “dos” se cierra en sí mismo y se hace agresivo. De vez en cuando aparece la envidia como expresión de su necesidad de mantener dependientes a las personas de su entorno.
  • El hedonismo: búsqueda del placer y de toda clase de gratificaciones, incluidas las culinarias, para compensar la falta de afecto y de ternura.
  • La seducción: empleo de técnicas, verbales o no, para atraer sobre sí la atención de las personas que despiertan su interés o admiración.
  • La proyección: método recurrente de atribuir a los demás los propios sentimientos y necesidades, como justificación para honrarles mediante el propio servicio y disponibilidad.
    La salida positiva del “orgulloso” consiste en practicar la humildad, que no es otra cosa que un orgullo sanado .
  • Verse desnudo es como verse desnudo delante de un espejo sintiendo gratitud por lo que éste refleja, sin exagerar orgullosamente los propios sentimientos, imaginándolos mayores de lo
    que son y sin minusvalorarse, negándose a aceptar lo que hay.
    La humildad se practica a través de actitudes como las siguientes:
  • Aceptar las propias limitaciones, necesidades y sentimientos,
  • Reconocer que las propias motivaciones, a la hora de ayudar a los demás, están a menudo mezcladas con exigencias personales de fondo.
  • Darse cuenta de que cuando estalla la cólera o el resentimiento es porque hay necesidades reprimidas o insatisfechas que piden ser atendidas.
  • Aprender a ser uno mismo, más que esforzarse en complacer a los demás.
  • Quererse a uno mismo independientemente de la utilidad práctica que uno pueda suponer para el prójimo.
  • Dejarse amar por los demás, sin ceder a la necesidad de comprar o ganarse su afecto con el propio esfuerzo.
  • Alegrarse cuando las personas se hacen independientes y autosuficientes.
  • Encontrar espacios para estar a solas con uno mismo, como oportunidad para la profundización interior.
    Exige aprobación y afecto. Busca ser amado y apreciado, volviéndose indispensable para otra persona.
    Entregado a satisfacer las necesidades de los demás. Manipulador.
    Los “dos” evolucionados son personas genuinamente consideradas y solícitas.
    Los “dos” poseen una tremenda necesidad de afecto y aprobación. “¿Les pareceré simpático?” Desean ser amados, protegidos y sentirse importantes en la vida de los demás. Durante su infancia estas personas obtuvieron amor y seguridad complaciendo las necesidades de los demás. Por ello son muy intuitivos para
    captar la necesidad ajena.
    La persona orgullosa se siente tan maravillosa que no necesita exhibirse, pero su máxima necesidad es la atención, para lo cual seduce: a cada uno le da lo que quiere. Promete más de lo que cumple. Le atraen las emociones y las caricias, necesita gente para abrazar y contactar. Es un dar para recibir, un estar en
    el otro para que le hagan caso. Como princesas. Es una niña buena pero puede resultar fatal. Seduce con total inocencia “Ya sé que soy maravillosa, pero no lo hago queriendo”.
  • 3-LA VANIDAD. El organizador. Falsificación.
    El engaño o la mentira es el pecado capital del “tres”, una personalidad que busca el éxito en todo cuanto hace, para lo cual trata de embellecer y manipular la realidad. El “tres” recurre a un montón de trucos para enmascarar la verdad o para vender sus propias ideas o productos. Es un maestro del arte de la manipulación, que emplea, en lugar de la honestidad, porque está convencido de que las mentiras son un modo de transmitir la verdad, pues considera que es verdadero todo lo que funciona.
    La tendencia al engaño, más o menos evidente, puede manifestarse de las siguientes formas:
  • La orientación al éxito: el “tres” es instintivo y competitivo por naturaleza, y no le interesan más que los resultados. Sabe imprimir enseguida la marcha adecuada para avanzar, tanto en el campo profesional como en el de las relaciones.
  • El arte de la manipulación: se expresa en su instintiva habilidad para suscitar la admiración y el favor de los demás, y para exponer sus proyectos de manera convincente a la hora de conseguir todo tipo de apoyos.
  • El pragmatismo: su filosofía de la vida está orientada a la acción, a posiciones y estrategias concretas.
    Para el “tres” es verdadero lo que es práctico, y no existen verdades objetivas.
  • La atracción sexual: esta personalidad se sirve de sus especiales aptitudes sociales y comunicativas para despertar la atención y ganarse las simpatías, convencido de que toda conquista afectiva es un nuevo éxito.
  • La ambigüedad. Tendencia a vivir de dos maneras diferentes: la más visible es la orientada al exterior, y está hecha de apariencia, de imagen y de adaptación; la otra tiene que ver con el mundo interior y es más genuina, privada y protegida.
    La salida buena de los organizadores consiste en integrar la virtud de la verdad, que se cultiva mediante la práctica de actitudes como las siguientes:
  • Ser transparente y jugar con las cartas boca arriba, sin esconderse detrás de la profesión, el cargo o la imagen.
  • Ser consciente de las máscaras y trucos que se emplean para manipular al prójimo o a uno mismo.
  • Prestar más atención a los sentimientos y las necesidades del corazón, sin proyectarse instintivamente en la acción o en los propios proyectos.
  • Saber percibir las diferencias entre la acción y el sentimiento, especialmente en las relaciones interpersonales.
  • Reconocer la discrepancia existente entre la imagen pública que se quiere dar y el mundo privado que se quiere esconder.
  • No permitir que la eficacia sea el principal criterio para valorar las situaciones y a las personas.
  • Afrontar con humildad el fracaso como sendero hacia la verdad de las cosas, y aprender a decir “me he equivocado, discúlpame”.
    Busca ser amado por su rendimiento y logros. Competitivo. Obsesionado con la imagen de triunfador y con status comparativo. Maestro de las apariencias. Pueden aparentar ser más productivos de lo que son en realidad. Confunden su ser real con la identidad del trabajo. Lo “tres” evolucionados pueden ser líderes
    efectivos, buenos presentadores, capitanes de los equipos vencedores.
    Los “tres” fueron niños que recibían premios por sus logros y, puesto que eran amados por sus logros, aprendieron a reprimir sus propias emociones y a adquirir el rasgo que les garantizara el amor. La idea era esforzarse mucho para lograr el reconocimiento, asumir posiciones de liderazgo y ganar, siendo muy
    importante evitar el fracaso. Aparentan optimismo y bienestar, abandonando sus emociones y trabajando para obtener recompensas externas. El trepador, el ejecutivo, la “supermujer” que a todo llega.
    Son muy activos y evitan el tiempo libre si no les hace escalar u obtener buenos resultados. Su autoestima depende de su rendimiento. Su vida familiar es de anuncio: “Viajamos juntos, hablamos mucho con los chicos, jugamos a tenis”. Interpreta la imagen profesional requerida. Competitivos, pasión por el éxito. Sienten que son sólo lo que aparentan; una mujer puede identificarse con su bonita forma, su modo de vestir (su máscara). Muy perfecto pero alienado. “No sé quien soy, pero lograré lo que me proponga”. “Debo ser el mejor para que me tengan en cuenta”. Arrogantes, ambiciosos, entusiastas, enérgicos, dominantes, tipo neutro, controlado, frío en las emociones, gestos estudiados. Se encuentra
    mal en soledad, necesita ser admirada. No pierde las formas, sólo muestra su tristeza en la intimidad.
  • 4-LA ENVIDIA. El Romántico – La comparación
    La envidia, el pecado capital de los “cuatro” es un sentimiento provocado por el deseo de tener lo que no
    está al alcance de uno. Nace de percepción de la carencia de algo o de alguien. Este sentimiento puede
    asumir una connotación sexual (el deseo de mantener relaciones con alguna persona), social (la ambición
    de pertenecer a una clase privilegiada o de desempeñar un papel importante), material (la codicia de bienes físicos, casas, vestidos, alimentos…), intelectual (la atracción por personas cultas, eruditas y estimulantes).
    La envidia puede manifestarse de las siguientes maneras:
  • La pobreza de la imagen personal: La envidia parte de una insatisfacción por lo que se es o lo que se tiene; el individuo tiene dificultad para aceptarse y reconciliarse consigo mismo.
  • La competición: el miedo a encontrarse con alguien que podría resultar más atractivo e interesante que él lleva al “cuatro” a entablar una competición para no perder la batalla. La pugna puede situarse en el campo de la imagen, del vestido, del estilo de la vida, de las armas de seducción empleadas para conquistar la atención de alguien. . .
  • La intensidad emotiva: para sentirse vivo y especial, el “cuatro” busca todo cuanto es profundo, hermoso y doloroso, y rechaza la rutina y la vulgaridad.
  • El casamiento con el sufrimiento: el sufrimiento es un aliado porque crea intensidad de sentimientos, riqueza de vida, sensibilidad exacerbada y mayor profundidad en el encuentro con los demás. A veces el “cuatro” se desposa con el sufrimiento, ensimismándose en el papel de víctima o incomprendido.
  • La búsqueda de afecto: la superación del sentimiento de vacío, de soledad y de abandono, se produce mediante la búsqueda de alguien que le ame de verdad; para conseguir esa relación puede hacerse dependiente del otro.
    La salida de los “cuatros” consiste en saber descubrir el equilibrio y la armonía mediante la práctica de actitudes como las siguientes:
  • Aceptar serenamente la insatisfacción de los propios deseos.
  • Aprender a satisfacerse sanando la tensión entre la atracción por lo que no hay y la repulsión por lo que hay.
  • Vivir el presente, sin dejarse llevar por la nostalgia del pasado ni buscar compensaciones imaginarias, soñando con un futuro maravilloso.
  • No ceder a la autocomplacencia, sino encauzar las propias energías en acciones constructivas, desarrollando las propias capacidades sociales.
  • Valorar con serenidad y apertura lo que es único y exclusivo y lo que es normal y ordinario, tanto dentro como fuera de uno mismo.
  • Transformar las propias heridas en compasión y comprensión para con los sufrimientos de los demás.
  • Recuperar el equilibrio de la propia vida sentimental.
  • Amarse y aceptarse, aprendiendo a ser buena compañía para uno mismo.
    Atraído por lo inaccesible; el ideal nunca está presente en el aquí y el ahora. Trágico, triste, artístico, sensible, original; concentrado en el amante ausente, la pérdida de un amigo.
    Los “cuatro” evolucionados son creativos y pueden ayudar a mitigar el dolor en los demás; están comprometidos con la belleza y vida apasionada: nacimiento, sexo, intensidad y muerte.
    De su infancia, los “cuatro” recuerdan el abandono, y como resultado sufren de un sentimiento de carencia y de pérdida. Se quedan concentrados en el amor perdido, en el amor imposible. Se deprimen con frecuencia. Algunos lo aceptan de forma fatalista, permaneciendo en largos períodos de auto-aislamiento: otros luchan contra la depresión a través de una frenética hiperactividad, si bien los hay que pueden profundizar en el lado más oscuro de las personas a través del arte. La melancolía crea una atmósfera de dulce lamento, haciendo que los “cuatro” se sientan intensamente vivos en estos cambios emocionales.
  • Se mantienen a una distancia segura, no muy lejos, para que la nostalgia familiar no se convierta en desesperación. Tienen miedo a ser nuevamente abandonados. Están en la comparación. “Aquel tiene algo que a mi me falta”. Buscan seres poderosos para emparejarse, gente protectora. Tienden a despreciar a quien les ama, ya que sienten: “Qué poco vale esa persona que me aprecia, siendo como soy tan poco valiosa.”
  • Carencia, necesidad de ser llenado con algo de fuera. Están en la queja. Rasgos físicos, marcado entrecejo, falta de volumen corporal, imagen original, cara de bruja. Atraen el amor necesitando más. “Se echa al suelo para que le levanten”. “Intentos de suicidio para llamar la atención”. Nunca están conformes con su pareja. Intentan ampliar su cultura y conocimientos para emular a los otros, llegando a ser muy refinados o artísticos. No se conforman con ser como el otro, además quieren cortarle la cabeza. Hay cierta relación con las maneras homosexuales. Son celosos “Si me quieren, no valen lo suficiente”.
  • Críticos y mordaces
  • 5- LA AVARICIA. El Observador-La Negación
  • El “cinco” tiende a retenerlo todo para sí. Tras haber construido con esfuerzo su patrimonio intelectual y su mundo personal, no está dispuesto a privarse de lo que tiene o de lo que sabe por miedo a empobrecerse. La avaricia se manifiesta en distintos contextos: en el ámbito intelectual como tendencia a no comunicar los propios conocimientos e intuiciones; en el ámbito afectivo, como inclinación a no compartir los sentimientos y a mantenerse emotivamente distante; en el ámbito social como resistencia a implicarse y a emplear el tiempo en cosas superficiales; en el ámbito material, como apego excesivo a las cosas queridas.

Las modalidades concretas en que puede expresarse la avaricia son las siguientes:

  • La autonomía: el “cinco” tiene una especial necesidad de exclusividad e independencia; posee una gran capacidad de supervivencia y manifiesta un estilo de vida austero.
  • Acumular conocimientos: esta personalidad se distingue por su especial predilección por ampliar su patrimonio intelectual mediante la reflexión y la discusión, incluso sobre conceptos abstractos y mediante la lectura de temas interesantes y estimulantes.
  • Distanciamiento emotivo: esta tendencia se advierte en el limitado nivel de auto-consciencia emotiva, en la sensación de vulnerabilidad en la relación con las personas al nivel de los sentimientos y en el miedo a la implicación afectiva y al consiguiente peligro de dependencia.
  • La huida de los compromisos: el “cinco” se siente incómodo a la hora de asumir compromisos a largo plazo, porque podrían privarle de la necesaria libertad e independencia. Puede, por ejemplo, negarse al matrimonio, porque el nacimiento de los hijos le exigiría emplear un tiempo y unas energías que no
    está dispuesto a sustraer a otras esferas vitales de su existencia.
  • Dejarlo para más tarde: Prefiere observar y pensar a actuar, y tiende a diferir la acción y a renunciar al propio protagonismo.
    La salida que tienen los “cinco” para su crecimiento consiste en cultivar la virtud del desinterés que se practica mediante actitudes como las siguientes:
  • Compartir los propios conocimientos, sin temor a empobrecerse.
  • No dar por supuesto que la manera de pensar de uno sea superior a la de los demás, sino ser conscientes de que hay diversos tipos de inteligencias.
  • Tomar la iniciativa de revelar los propios sentimientos para establecer relaciones de intimidad.
  • Implicarse en la acción y con los demás, a fin de disminuir el propio aislamiento
  • Esforzarse por trabajar en equipo, sin limitarse a confiar en los propios recursos.
  • Dejar que la vida sea maestra, mejor que depender de los propios esquemas mentales de referencia.
  • Mantenerse en contacto con la propia corporeidad, y encauzar las energías hacia la acción.
    Mantiene una distancia emocional con respecto a los demás. Protege su privacidad; no se conecta. Se siente agobiado por los compromisos y las necesidades de los demás. Se aísla de los sentimientos, de las personas y de las cosas.
    Los “cinco” evolucionados pueden poseer excelente poder de decisión, pueden ser grandes intelectuales y monjes.
    Son personas tímidas, cerradas e introvertidas; les gusta vivir aislados o solos, lejos de las tensiones emocionales. A menudo desconectan el teléfono y están apartados de los grupos.
    De niños, los “cinco” se sintieron invadidos, por lo que guardan su espacio y su privacidad. El mundo exterior es percibido como invasor y peligroso; así que se conforman con lo poco que tienen antes de arriesgarse a salir de casa. Y lo que tienen es gran imaginación y gran capacidad de pensamiento.
    Encontrarán formas de evitar el contacto. Viven su propia vida como espectadores, intentando no involucrarse. Sienten gran necesidad de afecto, pero se ven paralizados para acercarse, por lo que viven desconectados de sus emociones, creando un enlace mental con el mundo. Son los sabios solitarios.
    Avaricia de Tiempo o de energía (no sólo de dinero). Es un cerrarse para no dar. “Si doy lo poco que tengo, me quedo sin nada”. Se cansa de la vida social pero en su retiro goza de cada relación con el recuerdo. Se siente carente, retiene lo que posee. Agrede mediante la retirada del cariño. Prefiere estar libre de obligaciones, huye del compromiso. Prefiere confiar en sí mismo. Se guarda lo que siente, no llora fácilmente. Tiene problemas sociales de comportamiento. Se amuralla para no ser invadido. Sin movimiento, como catatónico. Desconecta del otro a través del desconectar de sí. Orden intelectual.Inaccesible. Se siente atrapado por todo.
  • 6-LA COBARDIA. El que duda.
    El pecado radical del “seis” es el miedo, un sentimiento que surge cuando se prevé una amenaza y que puede deberse a causas externas o internas. La amenaza o la sensación de peligro puede ser real o imaginaria, y puede guardar relación con realidades presentes o futuras. El “seis” es un especialista en idear escenarios catastróficos y es prisionero de sus propias trampas mentales.
    Los miedos que le torturan tienen diversos nombres: miedo al cambio, miedo a equivocarse, miedo a lo desconocido, miedo a la soledad, miedo a la critica, a la hostilidad, al engaño o a la traición…
    Frente a estos miedos, encuentra seguridad y refugio en la autoridad externa y en aquellas instituciones que representan puntos firmes de referencia para su acción. Los sufíes definieron a la Iglesia Católica como una iglesia constituida por tipos “seis”; pensaban efectivamente que el sistema romano se basaba
    excesivamente en el temor, y que había llevado a muchas personas a tener miedo de Dios, del clero, de los pecados mortales, de sí mismos y de su propio cuerpo. Especialmente en el período que precedió al Vaticano II, la Iglesia, a través de la fidelidad y la obediencia a sus verdades absolutas e indiscutibles, se presentó como un lugar ideal para las personas inseguras.
    El miedo de los “seis” puede asumir diversas manifestaciones:
  • La incertidumbre crónica: el “seis” vacila, no porque esté confuso acerca de las tareas que debe realizar, sino porque cuestiona sus propias capacidades. A menudo carecen de confianza personal, dudan de sí mismas, vacilan a la hora de tomar decisiones y tienden a recoger constantemente nuevas informaciones para no correr el peligro de equivocarse.
  • La dependencia: La recuperación de la seguridad personal se produce a través de la fiel observancia de reglas y normas y la obediencia a la autoridad, mientras que las situaciones no estructuradas provocan ansiedad.
  • La sospecha: El “seis” no se fía fácilmente de las personas y tiende a dudar de las intenciones de los demás. Presta atención a dudar de las intenciones de los demás. Presta atención a los mensajes verbales y no verbales o a los significados ocultos, desconfía y critica a quien transgrede, y está siempre atento a prevenir eventuales peligros.
  • La intolerancia ante la ambigüedad: esta personalidad tiene necesidad de claridad, de llamar a las cosas por su nombre, y no soporta la idea de la ambigüedad; por eso puede mostrarse rígido e inflexible frente a aspectos o interpretaciones de la verdad que no coinciden con la suya propia o que le parecen dudosas y ambivalentes.
  • La búsqueda de amistad: el “seis” evita el peligro de ser rechazado promoviendo una imagen positiva de si a través de la hospitalidad, la afabilidad y la amabilidad, a veces pecando de obsequioso o exageradamente fiel.
    La salida del “seis” está en desarrollar la virtud del valor, que puede cultivarse mediante la práctica de actitudes como las siguientes:
  • Consolidad la propia autoridad interior.
  • Aprender a correr riesgos y a tomar decisiones para ganar confianza en uno mismo.
  • Crecer más en los valores de fondo que en las normas o en las instituciones.
  • Privilegiar la acción, en lugar de obsesionarse con elucubraciones mentales teñidas de miedos y peligros a menudo imaginarios.
  • Responsabilizarse de las propias opciones y acciones, sin esconderse detrás de la autoridad.
  • Expresar con claridad las propias ideas, sin dejarse llevar por el miedo o por la duda frente a las posibles reacciones o críticas.
  • Promover la propia autonomía e independencia, tomando decisiones en sintonía con los propios valores, aunque puedan contrastar con el parecer de los demás.
  • Ser audaces, no tener miedo a tener valor.

Temeroso, obediente, lleno de dudas. El pensar sustituye al hacer, teme hacerlo por temor de ser atacado al exponerse. Es leal a la causa, vacila, se siente perseguido y se rinde cuando le acorralan. Al sentirse acorralado sale a enfrentar el terror de forma agresiva.
Los “seis” más trabajados pueden ser excelentes miembros de un equipo, soldados leales y buenos amigos. Trabajan en una causa de la misma manera que otros trabajan para su beneficio personal.
Los “seis”, de jóvenes, recuerdan haber temido a las personas que tenían poder sobre ellas y haber sido incapaces de actuar por sí mismos. Para aliviar esta inseguridad tratan de encontrar una figura protectora sólida o ir en contra de la autoridad. Brindan lealtad a una institución protectora como la Iglesia, una
empresa, etc. Son en extremo leales, encuentran en el grupo su identidad y su seguridad. La duda,incapacidad para decidir, miedo al castigo. Su vacilación deriva de su inseguridad.
Son paranoicos, se sienten vigilados. Son bastante tímidos, depende del subtipo (“seis”-belleza, “seis”- fuerza o “seis”-conservación). Luchan contra el miedo. Obedientes con los de arriba, autoritarios con los de abajo. Necesitan apoyarse en otros, buscan la alianza por temor a la propia indefensión. Tendencia a controlar sin permitirse el instinto o la intuición. Los hombres “seis” tuvieron problemas con el padre.
Tienen un nivel muy alto de culpa. Una vez tomada una decisión, aún continúan con la duda. Los “seis”-fuerza necesitan demostrar su poder en cualquier situación para prever que nadie se les vuelva en contra,
por miedo.

  1. LA GULA. El epicúreo-El escapista
    El pecado de los “siete” es la destemplanza. No se trata sólo de una avidez limitada a los pecados de la gula, sino de una inclinación general al exceso y a la inmoderación.
    El Peligro está en idolatrar el placer, un peligro especialmente presente en la actual sociedad del bienestar, que alimenta la cultura de la gratificación y de la satisfacción inmediata de deseos y apetitos diversos. El pecado de destemplanza puede expresarse a nivel cultural, en la necesidad de asistir a cursos, de vivir nuevas experiencias, de hacer viajes. A nivel físico, en la necesidad de satisfacer al cuerpo con los placeres de la cocina y del sexo. A nivel social, en la exigencia de establecer nuevos contactos, conocer a otras personas y vivir nuevas e interesantes aventuras. Si el “cuatro” tiende a fijarse en sus
    carencias, el “siete” considera que nunca ha experimentado lo suficiente.
    La tendencia a excederse puede manifestarse de las siguientes maneras:
  • El permisivismo: orientación instintiva a satisfacer las propias necesidades, concediéndose la libertad de obrar de acuerdo con el deseo del momento
  • El narcisismo: amor desmesurado a uno mismo, que puede traducirse en el exhibicionismo y el protagonismo o en la necesidad de aparecer como superior a los demás intelectual o socialmente.
  • La seducción: el “siete” puede valerse de su encanto social para resultar agradable y ganarse la benevolencia, el apoyo y la admiración de los demás.
  • La falta de perseverancia: el entusiasmo demostrado ante los estímulos y las novedades se traduce en abandono frente a las dificultades; a menudo los “siete” escurren el bulto cuando hay que sacrificarse, ser tenaces y seguir adelante.
  • La rebelión: se da en el “siete” una actitud de oposición a la autoridad, especialmente cuando ésta puede turbar su optimismo o ejercer algún tipo de control sobre su libertad y su imaginación.
    La salida de los “siete” consiste en interiorizar la virtud de la sobriedad, que se cultiva mediante la práctica de actitudes como las siguientes:
  • Valorar cada momento con todo lo que de bueno y creativo puede ofrecer.
  • Llevar adelante los compromisos adquiridos, sin buscar evasiones, distracciones o cambios.
  • Escuchar al que sufre, sin necesidad de pintar las cosas de color de rosa
  • Saber discernir prudentemente las prioridades, sin dejarse llevar por el impulso del momento.
  • No imponer el propio ritmo ni el propio humor a los demás, sino saber adaptarse a las circunstancias y a las personas.
  • Amar y celebrar la vida y su aspecto gozoso, pero no a expensas del lado oscuro de la existencia.
  • Aceptar la enfermedad y las cruces cotidianas como aportación a la propia maduración humana y espiritual.
  • Experimentar el silencio y la reflexión como ocasiones para acceder a lo profundo de las cosas y no quedarse en la superficie.
    Locuaz seductor, busca el placer, evita el dolor. Gastrónomo, simpático, aventurero pero evasivo del compromiso y de los límites. Abierto, compañero divertido, no termina lo que empieza, hace planes pero no los ejecuta. Vende su proyecto pero embauca a otros para que lo realicen.
    Los buenos “sietes” pueden ser buenos teóricos, renacentistas, elegantes y amables.
    Los “siete” en su infancia eludieron el miedo escapando por medio de las infinitas posibilidades de la imaginación. Suele haber un padre al que se han revelado. Se acercan a las personas para tratar de atraerlas y desarmarlas con su encanto. Adictos a la planificación y a la diversión. Confunden los proyectos con la realidad, son unos soñadores, unos fantasiosos. No tienen límites y sienten que la vida
    tampoco los tiene. Ansia de satisfacción. Búsqueda del placer, que es una huida del dolor. Complacientes.
    Capacidad verbal extrema, charlatanes. Vendedores, embaucadores, tramposos, encantadores; poder de persuasión. “No hay”. La vida es juego. Son bastante payasos y les importa la popularidad. Utilizan la astucia, son listos. Son generosos, nunca renuncian a nada, son dulces. Su lema es “más y . Tipo gozador. Es narcisista, posee gustos exquisitos y una atracción por las experiencias cumbre. Rehúsa el compromiso o si lo hace no suele cumplir, y aunque parece poco fiable suele ser muy responsable en el trabajo y lo hace con gusto. Es optimista y siempre ve abiertas futuras posibilidades de éxito.

  • 8LA LUJURIA. El mandón
    El pecado original del “ocho” es la arrogancia y/o la lujuria. Ambas tendencias nacen de la pasionalidad y del exceso.
    La lujuria es el deseo vehemente de placeres carnales. La arrogancia es la pretensión de estar en la verdad, de imponérsela a los demás o de afirmarla sin amor. Aún manteniendo abiertas ambas tendencias, tomaremos en consideración especial la arrogancia como expresión de poder que puede manifestarse de los siguientes modos.
  • El control: exigencia de dominar las situaciones, vencer en una competición, imponerse en un
    enfrentamiento directo, hacer respetar el propio espacio y las propias opiniones.
  • El predominio de la acción: la identidad de esta personalidad está vinculada a la acción y a los resultados concretos, con el peligro de descuidar o infravalorar la importancia de los sentimientos en las relaciones.
  • El sarcasmo: a veces el “ocho” puede recurrir a actitudes punitivas para hacer valer su superioridad, como el sarcasmo, la ironía, la intimidación y la humillación.
  • La contestación: frente a las fuerzas que obstaculizan su voluntad y sus convicciones, el “ocho” puede oponer resistencia rechazando la colaboración, provocando el conflicto, denunciando la injusticia y
    asumiendo una actitud rebelde.
  • La intensidad: la determinación y la aparente seguridad del “ocho” puede significar falta de sensibilidad a su propio mundo afectivo, inclinación a enmascarar su vulnerabilidad y falta de respeto para con la dignidad y el valor del otro.
    Lo que deben aprender los “ocho” es interiorizar la virtud de la sencillez, que se cultiva mediante la práctica de actitudes como las siguientes:
  • Dejar que el niño que todos llevamos dentro se manifieste y pueda expresarse.
  • Aprender a ser amados y no temidos por los demás.
  • Hacerse más capaces de expresar el aspecto tierno y vulnerable de la propia naturaleza.
  • Ser más atentos y sensibles a los sentimientos propios y a los ajenos, sin tratar de negarlos o esconderlos.
  • Convencerse de que nadie es autosuficiente, y de que una sana dependencia de los demás es señal de humanidad y madurez.
  • Reconocer que cada cual tiene su parte de verdad qué ofrecer, y no pretender imponer la propia.
  • Aprender a adaptarse a las personas y a las situaciones, sin pretender ejercer el control sobre las cosas.
  • Ser pacientes con el prójimo, reprimiendo el impulso da formular juicios apresurados y sumarios sobre las personas.
    Tiene que tener el control. Hace demostraciones de fuerza, le encantan las luchas de poder y los enfrentamientos. Forma de vida excesiva: demasiadas cosas, sexo, trasnochador, ruidoso. Da la cara por sí mismo y por sus amigos, combativo, extremadamente protector.
    Los “ocho” evolucionados son excelentes líderes, poderosos. Tratan de proteger a sus amistades de cualquier peligro.
    Los “ocho” acusan una infancia combativa, donde los fuertes eran los respetados y los débiles no lo eran.
    La sólida coraza del “ocho” protege el corazón de un niño dependiente, prematuramente expuesto a circunstancias adversas. Para protegerse captan de inmediato las intenciones negativas de los demás.
    Encuentran su identidad como justicieros, enorgulleciéndose de su deseo de defender a los débiles. Su asunto principal es saber quién tiene el poder para ejercer su propio poder sobre la situación y mantener el control. Si los “ocho” se encuentran en una posición subordinada, minimizarán el hecho de que la
    autoridad posee control sobre su comportamiento y abusarán de los límites y de la interpretación de las reglas, hasta tener claro cuales serán las consecuencias. El “ocho” siempre considera que la verdad siempre surge durante una riña. El “ocho” no permite que se cuestione su propia opinión. En lugar de buscar alianzas o acuerdos, su estrategia es la total usurpación del poder. El modo de liberar la
    sobrecarga de energía que tiene consiste en excederse, crear problemas, interfiriendo en la vida de sus amistades, excediéndose con la comida, el sexo o las sustancias.
    Intensidad sin medida; rebeldía. No sienten culpa ni miedo. Primitivos pero no rencor, pena o vergüenza.
    Posesivos, celosos, agresivos, competitivos. Llevan la verdad hasta el escándalo. Gusto por los peligros, temerarios, niegan las normas sociales; intolerancia a la frustración. Son la pura acción. No piden para no arriesgarse a una negativa, lo arrebatan. Atropelladores. Rechazan la autoridad, rompen con todo
    obstáculo que les impida realizar sus deseos. No aparecen por los psiquiatras.
  • 9-LA PEREZA. El mediador
    La pereza es el pecado capital del “nueve”, que tiene el peligro de abandonarse a la inactividad y dejar para mañana lo que tendría que hacer hoy, o de dejarse influir por el humor del momento o por las decisiones de los demás. Los pecados del “nueve” son por “omisión” y tienen que ver con cosas que no se han hecho, con oportunidades que se han perdido y con cualidades que se han reprimido y se han
    mantenido ocultas. Prefieren dejar a otros, evitando los conflictos y no afrontando los problemas. La pereza puede asumir las siguientes manifestaciones:
  • La resistencia al cambio: predilección por las cosas habituales y rutinarias, agresividad pasiva,
    tendencia a la resignación.
  • El olvido de sí mismo: dificultades para la introspección y para la consciencia de las propias
    necesidades, renuncia a los deseos para responder a las expectativas ajenas; tendencia a
    desacreditarse, necesidad de pasar inadvertido.
  • La compensación: tendencia a colmar la inercia mediante actividades compensatorias, como la
    dependencia del alcohol, de la comida, de la televisión, de la lectura o de un hobby. Trata de
    narcotizarse para no enfrentar las situaciones difíciles
  • La distracción: inclinación a despilfarrar las energías en intereses del momento, sin objetivos de fondo
    hacia los que orientar el propio esfuerzo.
  • Intensidad a través de las pertenencias: La imagen que el “nueve” tiene de sí mismo está mediatizada
    por sus contextos de pertenencia, como la familia, el ambiente de trabajo o el grupo de amistades,
    que contribuyen a definir las funciones y la identidad. Y sobre todo está la búsqueda de fusión con la
    pareja para compensar la débil identidad personal.
    La salida para los mediadores está vinculada a la capacidad de desarrollo de la virtud de la diligencia, que
    se cultiva mediante la práctica de actitudes como las siguientes:
  • Asumir la responsabilidad por los dones recibidos, implicándose en la vida y con los demás.
  • Encender el fuego interior de la motivación y apretar algo más el acelerador.
  • Firmar el propio valor y dignidad, conscientes de que no es posible amar al prójimo sin amarse a uno
    mismo.
  • Desarrollar la pasión por la vida, sacando a la luz las propias energías y capacidades.
  • Expresar las opiniones propias y afrontar de manera constructiva los conflictos y las diferencias, evitando hacer creer a toda costa que todo es paz y armonía.
  • Establecer límites y plazos en la realización de los proyectos, sin perderse en infinitas distracciones o casas no esenciales.
  • Aprender a centrar la atención tomando la iniciativa, estableciendo prioridades y tomando decisiones.
    Obsesivamente ambivalente, ve todos los puntos de vista. Conoce las necesidades de los demás mejor que las propias; agradable, manifiesta la ira en formas indirectas. Los “nueve” evolucionados pueden ser excelentes pacifistas, consejeros, negociadores. Los “nueve” fueron niños que se sintieron ignorados durante su infancia; no se sentían escuchados, y las necesidades de los demás eran más importantes que las propias. Se adormecieron y olvidaron sus verdaderos deseos, procurándose pequeñas comodidades y sustitutos para el amor. Aprendieron a anestesiarse y a olvidarse de sí mismos al darse cuenta de que sus prioridades probablemente no serían consideradas. Pierden el contacto con lo que quieren al fusionarse con los deseos de los demás. Tienen dificultad en decir que no y sienten que al entablar una relación ni siquiera se han preguntado su necesidad sino la del otro. Se encargan de mantener la paz, de mediar, de estar de acuerdo con los otros. No discuten nada; enseguida asumen la opinión ajena. Son lentos, se
    pierden en los detalles y dan rodeos. No llegan al grano de la cuestión. Sin embargo, toda esa tolerancia guarda dentro de ellos un volcán de rabia a punto de erupción. Contienen la ira, pero la expresan como terquedad o agresión pasiva.
    Es un adormecimiento psíquico; no quieren ver ni trabajarse. Pereza de ser, de sentir su interior, Pereza a la intensidad. Su depresión es resignada. Excesivo conformismo. Aspecto sano, como el campesino satisfecho, Sancho Panza. Tapan la realidad para no enfrentar el dolor. “La vida es simple. No sé por qué la gente se complica”. Ni siquiera se dan cuenta que sufren, está narcotizados. Se suelen evadir a través del hacer cualquier cosa inútil. Aparentan no tener problemas, si bien van experimentando un empobrecimiento. Adoptan valores del entorno.




La vida es real solo cuando yo Soy – Libro
https://drive.google.com/file/d/1S77V1HdCEy4J0VSUyIN6UOzmzZetMEdC/view?
Yo soy… ¿en qué se ha convertido entonces esta sensación entera de la totalidad de mí
mismo, que experimentaba antes cuando pronuncié estas palabras en estado de
recuerdo de sí?
¿Es posible que esta aptitud interior, adquirida al precio de tantas renuncias y
auto-mortificaciones de todo tipo, justo hoy, que su acción sobre mi ser es más
indispensable que el aire mismo que respiro, haya desaparecido sin dejar traza
alguna?
No; esto no puede ser.
Tiene que haber otra cosa… de otra manera todo, dentro del mundo de la Razón, es
ilógico.
No; el poder de hacer esfuerzos conscientes y de asumir un sufrimiento voluntario no
se ha atrofiado aún en mí.
Todo mi pasado y todo lo que me aguarda exigen que yo vuelva a SER.
Yo quiero… yo volveré a ser.
Con mayor razón que mi ser es necesario no sólo para mi egoísmo personal, sino para
el bien de toda la humanidad. Mi ser en realidad es más necesario a los hombres que
todas sus satisfacciones y toda su dicha de hoy en día.
Yo todavía quiero ser… Yo todavía soy.

Ejercicio del cuarto camino – Libro usp=sharinghttps://drive.google.com/file/d/1VbmSTdt7mlygifvw5KeVGQ6mDMo-H3yF/view?usp=sharing

Ejercicios

LA MEDITACION CHAN, ZEN O TANTRICA:

FOCO ABIERTO

Mientras estás leyendo estas líneas, tu atención está concentrada en ellas. Tu atención está dirigida a captar el significado de las frases escritas en la pantalla de tu monitor. Estás focalizando tu atención en la pantalla.
En Meditación, y concretamente en esta Técnica Tcha’n o Zen, trataremos de conseguir el tipo de atención inverso al que estás utilizando ahora. Ahora estás focalizando, y trataremos de des-focalizar. El paso de focalización a des-focalización, la eliminación del deseo de ver algo en concreto, provocará la liberación de la energía retenida por el proceso de la atención, aumentando el nivel de consciencia.
Aparecerá “el Testigo”, que es el primer escalón en el desarrollo del pleno nivel de consciencia humano.
Estando en cualquier lugar, a cualquier hora o realizando cualquier tipo de actividad,podemos practicar esta técnica de Meditación Tcha’n.
Ni necesitamos ni nos estorban velas, cristales, mandalas, imágenes o incienso. Simplemente des-focalizamos. Damos la misma cantidad y calidad de atención a TODOS los puntos de nuestro campo visual.
No centramos la atención en un punto o área de nuestro campo visual, sino en TODOS los puntos. El Prestidigitador, atrae nuestra atención hacia una de sus manos y, con la otra,realiza el truco. Pero, si no focalizas, si permaneces en Foco Abierto , verás ambas manos, y el truco.
Un día le preguntaron a Boddhidharma, el fundador de la secta Tcha’n o Zen: “Maestro, ¿cuál es el mayor obstáculo para la Iluminación?” Boddhidharma, que estaba meditando, no contestó, y siguió en su meditación.
Su respuesta fue bien clara: “Hay que practicar”. El mayor obstáculo para la Iluminación es posponer la práctica para después. Prueba ahora mismo. Frente a tu monitor, des-focaliza e incluye en tu atención todos los puntos de tu campo visual. Permanece ahí, sin fijar tu atención en ningún punto concreto dos o tres minutos.

Cuando te acuerdes, en el curso de tu vida normal, introduce el Foco Abierto. Un par de veces al día, al despertarte y antes de dormir, siéntate a practicar la des-focalización, durante unos 10
minutos. No es necesario más. Para los practicantes de Tai Chi Chuan y de Chi Kung, introducir Foco Abierto durante su práctica dará una nueva dimensión a ésta.
Decíamos, pues, que la técnica de foco abierto no necesita de ningún accesorio para su práctica, y que puede llevarse a cabo en cualquier sitio y en cualquier situación. Pero, si estás empezando, te ayudará el seguir estas pautas, al menos durante el primer mes de práctica:
Siéntate una vez al día, por no más de 20 minutos ni menos de 10, con la espalda recta.
Procura colocar tu cuerpo en una postura cómoda y relajada.
Si te sientas en una silla, mantén los pies planos en el suelo.

Si te sientas en el suelo, la postura del loto es muy adecuada.
Siéntate mirando al Este.
En cualquier postura que adoptes, relaja tu cuerpo.
Deja que tu respiración sea tranquila y suave y se regule por sí sola.
Comienza a practicar la des-focalización o foco abierto. Da la misma importancia a todos los puntos de tu campo visual. Procura no centrar tu atención visual en nada en concreto.
Si te distraes y focalizas en algo, sea interno (ideas) o externo (luces, colores, formas, sonidos) no te culpes. Simplemente vuelve a la des-focalización.
Los primeros días es bastante difícil. No te desanimes y practica al menos una vez cada día.
Si te es posible, al principio de tu práctica, medita en la naturaleza; esto lo facilita, pero no es imprescindible.
El silencio ayuda, pero no es imprescindible.
Si tu mente interrumpe tu práctica con frecuencia, no te preocupes; es normal.
Toma nota de la interrupción y vuelve a la des-focalización.
Cuanto más a menudo te interrumpa tu mente, más beneficios obtendrás con la práctica. Persevera.
Tras un mes de práctica deberías ser capaz de obtener períodos de al menos un minuto de silencio mental y de des-focalización ininterrumpida.
Cuando esto suceda, comienza a practicar la des-focalización siempre que te acuerdes, en cualquier lugar o situación.
Recuerda que la práctica no puede ser sustituida con la charla.
Si eres practicante de artes marciales o de tai chi chuan, introduce el foco abierto durante el tiempo que dediques a tu práctica.

EL EJERCICIO DE MANEJO DE LA ATENCIÓN
Propósito: Ganar experiencia en el uso de la atención aplicada.
Ejercicio: Relaje todas las tensiones del cuerpo. Ponga atención a la máscara facial, tratando de detectar tensiones.
Haga su visión difusa.
Recoja toda la atención del pasado y tráigala al presente. Notará que una parte de su atención se ha quedado trabada
en ciertos eventos y experiencias del pasado (en una manera similar a la que los niños pequeños dejan la ropa tirada al
azar tras de ellos, formando un caminito a su paso). Traiga cada pedazo de atención hacia el presente, que estén con
usted aquí y ahora. Indudablemente, parte de su atención se encuentra en el futuro, aún cuando no sea más que una
leve preocupación general por el “qué va ser de mí y de mi vida”. Traiga esta atención también hacia el presente. Es
posible que algo de su atención esté en sus deseos personales, ambiciones, miedos, incomodidades, antojos, e incluso
en la noción de “qué siento acerca de mi situación actual.” Tanto sus deseos como sus inseguridades y sus vanidades
no deben escapar de esta captura total de su atención.
Ahora, recoja toda esta atención que ha recuperado. Recuerde mantener la máscara facial relajada y su visión difusa.
Seleccione tres objetos dentro de su campo visual actual. Coloque su atención deliberadamente en el primer objeto. Al
momento de colocar su atención, exhale—como quien pone una piedra sobre ese objeto, sin soltar la piedra antes de
que la haya colocado sobre el objeto. Ahora, levante la atención del primer objeto y colóquela sobre el segundo objeto de
la misma manera. Luego, quite la atención del segundo objeto y deliberadamente póngala en el tercer objeto. Repita este
proceso de colocar, levantar, y reemplazar su atención varias veces usando los mismos tres objetos.
(Para penetrar más profundamente en este tema lea el Capitulo 17 de “La Maquina Biológica Humana como Aparato de
Transformación Alquímica”: “Calentando el Alma”. También lea la Plática del Mes #54: “El Shamanismo 101”)

DEJANDO CAER LA MÁSCARA

Propósito: Demostrar el uso de la máscara facial como indicador y controlador del estado de tensión y relajación del
cuerpo.
Ejercicio: Relaja el cuerpo como en el Ejercicio de Drenaje, pero mantén los ojos abiertos. Enfoca tu atención en la
cara. Utiliza las manos para quitar las tensiones, arrastrando las manos sobre la cara hacia abajo (incluyendo la
mandíbula, el cráneo y las orejas). Deja caer las tensiones, y entonces utiliza el sensar—que es el percibir con la
esencia, de manera interna. Mientras se vaya notando las tensiones en la máscara facial, suéltalas.
Comentarios: Usar una máscara facial relajada no quiere decir dejar de percibir otras tensiones corporales. La
máscara facial es un mecanismo de retro-alimentación. Aunque pueda parecer demasiado complejo mantenerse al tanto
de todas las tensiones del cuerpo, a través de enfocar en la máscara facial, puedes llegar a estar más consciente de las
tensiones en el resto del cuerpo. Dejar caer la máscara no significa tener una cara de palo ni estar “como ido”. La cara
debería estar viva mientras se activa una máscara relajada. No dejes que la energía baje al dejar caer la máscara. La
máscara sirve como director al resto del cuerpo. Podemos aprender a mantener todo el cuerpo relajado al manejar las
tensiones en la máscara facial. Al hacer este ejercicio, date cuenta de cómo reaparecen las tensiones. Sólo porque nos
relajamos una vez no significa que ya quedamos relajados. Haz el esfuerzo de atención adecuada para notar tensiones
cuando aparezcan.

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