Principios naturales vs leyes artificiales

Principios naturales vs leyes artificiales

Un principio natural es una verdad “universal” que proporciona libertad de acción a quien lo entiende y/o aplica. Una ley artificial es una aplicación restrictiva que promueve alguna faceta de la esclavitud y control del ser humano. Los principios naturales describen la realidad, son las leyes cósmicas, universales y aplicables en todos los ámbitos. Un principio natural te proporciona conocimiento y herramientas de crecimiento. Una ley artificial, en cualquier sentido, limita y se opone a ese crecimiento. Las leyes que dictamos se disfrazan de autoridad, y “necesidad” del bien común, para impersonar a los principios naturales. Cuando los seres humanos nos regimos por leyes impuestas, y no por principios, nuestra libertad se recorta. Cuando los seres humanos tomamos por verdades la idea y necesidad de autoridad de unos sobre otros, nuestras habilidades y potenciales se ven sistemáticamente disminuidos.
Entendiendo los principios naturales que rigen la vida adquirimos más conocimiento y expandimos nuestra consciencia. Los principios naturales nos ayudan a entender, y poder trabajar con las fuerzas de la naturaleza, el planeta, el cosmos. La aplicación de esos principios nos empodera en aplicaciones que nos ayudan en nuestra vida. Una ley artificial, como por ejemplo el sistema de clases sociales y élites existente en todo el planeta, crea una división entre aquellos que nacieron como iguales, disminuye el valor del ser humano donde unos pueden tener más que otros por tener un título o un “estatus”, que no existe definido en ningún principio natural, así como auto dotarse de una autoridad sobre otros que ningún otro principio natural les ha concedido.
Principio vs ley de autoridad
No existe poder en la Tierra que pueda ejercer ninguna autoridad sobre el ser/mónada que eres para gobernar tu vida de forma artificial. Es un principio natural inmutable. Nacido en este planeta, eres el único propietario, dueño y responsable de tu cuerpo, y de tu vida. Cualquier autoridad inventada, manipulada, insertada en el sistema bajo el que vivimos, para hacernos creer lo contrario u obligarnos a lo contrario está basada en el arquetipo de la esclavitud y el control, en cualquiera de sus facetas y máscaras bajo la que esta se disfraza (sistema económico, religioso, jurídico, sanitario, educativo, social, cultural, político, etc.,), y es opuesto a los principios básicos naturales que rigen la existencia del ser que somos cada uno de nosotros. La autoridad que debe mantenerse por la fuerza, forma parte de los mecanismos para mantener al ser humano alejados de los principios naturales que nos rigen. Los que gestionan desde siempre el sistema bajo el que vivimos lo hacen bajo la ilusión de una autoridad inexistente que se les ha concedido por engaño sin que ningún principio natural lo secunde. Tu, como tu propio ser, eres el único dueño de tu destino. La convivencia, de ser a ser, no necesita de autoridad ni de leyes, se rige por principios universales y cósmicos que se respetan sin imposición ni coacción por ninguna de las partes.
Principio vs leyes de libertad vs esclavitud
La libertad es expansiva. La esclavitud es limitante. Todo aquello que promueve las limitaciones del ser humano, y nos trata de inculcar que somos seres finitos o sin poder alguno (lo que realmente no somos en nuestra esencia), subyace bajo un precepto contrario al arquetipo que define la libertad infinita del ser que si somos. Entender el concepto de libertad es entender uno de los conceptos que subyacen bajo el arquetipo de ser humano. Como ser humano, no hay limite a nuestra naturaleza creativa y expansiva. No hay limite a tu capacidad para ser feliz o para obtener conocimiento. Como ser humano, no requieres de permiso de nadie para crecer o evolucionar. Como seres humanos, naturalmente, tendemos a buscar la felicidad y el mayor deseo que tenemos es aquel de vivir en amor y armonía. Todo lo que va en contra de estas tendencias y cualidades innatas naturales son imposiciones para coartarlas y tender a la esclavitud de nuestra especie.
Principio vs leyes sobre la verdad
La verdad es siempre simple. Todo el mundo puede sentir y reconocer intuitivamente aquello que es verdad en su interior, a través de su ser. Es naturaleza del sistema bajo el que vivimos inflar la verdad y rodearla de ideas artificialmente complejas, con el objetivo de ocultarla y ofuscarla, así como de insertar filtros y programas que la distorsionen. Hay una verdad “general” y “real”, que nosotros percibimos de forma limitada y que luego decodificamos de forma subjetiva. Si uno remueve las complejidades, programas, filtros mentales y miedos de uno mismo, uno descubre en si el acceso cada vez más fácil hacia la información consciente que forma el concepto real que subyace antes de toda decodificación subjetiva humana, y lo siente en su interior como “la verdad”, que, aunque no haya sido expresada o analizada, ha sido “sentida” y captada.
Principio vs leyes conceptuales “de moda” y “culturas sociales”
Las tendencias que aparecen y desaparecen como “modas”, las culturas artificiales hacia esto o lo otro, han sido creadas para proteger las estructuras de poder y redirigir a las masas hacia pensamientos y comportamientos determinados. Las modas y las tendencias “que se ponen de actualidad” en un momento determinado se usan para grabar diferentes tipos de arquetipos en la mente humana, así como patrones de comportamiento en el tablero rúnico de nuestra psique. El arquetipo moral define lo que percibimos como correcto o incorrecto, como bueno o malo en la sociedad, como moral o inmoral. Continuamente se nos regraba de forma artificial según los golpes de timón que se requieran para mover el barco de la raza humana en una dirección u otra. El arquetipo moral también limita al arquetipo conceptual de la libertad pues evita la expansión hacia aquello que en algún momento se considera “negativo” en un lado, o influye en la dirección de la gente hacia aquello que se vende como “positivo” por otro.
Otra forma de entender el mundo
Estos pequeños ejemplos de “conceptos abstractos”, que luego se manifiestan de diferentes maneras en nuestra realidad física, son los que nos proporcionan, a cada uno de nosotros, la noción de comprender, desde un punto más elevado, el tablero de juego en el que estamos llevando a cabo esta partida de nuestra existencia. El desarrollo de una forma de ver la vida a partir de la compresión y entendimiento de los principios naturales que la rigen, cambian todo para el individuo, que modifica con ello así su “concepto mental” del mundo, su programación, su sistema de creencias, sus paradigmas y programas, etc. Es un trabajo paulatino pero profundo, y, como todo, tarde o temprano necesario para seguir adelante en el camino.

Explicación (pseudo) científica de la Ley de la Atracción

por  ·

Imagino que no hay nadie que no haya oído hablar de la Ley de la Atracción y de todo lo que se ha creado alrededor de la misma. Con el lanzamiento de la película de “El Secreto” o “What the bleep do we know” (¿”Qué rayos sabemos?”), se empezaron a generar montones de libros, artículos, programas de auto ayuda, etc., que intentan explicarnos que es la Ley de la Atracción, y cómo hacer que venga a nuestra vida todo aquello que deseamos (no es que el tema no existiera antes, es que quizá no era tan conocido por las masas). Sin entrar en creencias, cada uno tiende a creer o no en aquello que resuena con sus valores internos, y hemos de decidir por nosotros mismos que es válido o no para nuestra realidad. Así que con ese espíritu de ingeniero que uno lleva dentro (y que sale de vez en cuando), me he propuesto escribir una explicación parcialmente técnica de como funciona la Ley de la Atracción según mi entendimiento actual de la misma.

Premisas básicas

La Ley de la Atracción parte de la premisa básica que todo en el universo es energía en diferentes estados,vibrando a una frecuencia determinada. Poco hay que discutir aquí al respecto ya que es uno de los pilares de la física cuántica. Una roca, una flor o Saturno, todos estamos formados por esa energía, en estado más sólido o más etéreo, cada uno con su frecuencia vibratoria específica, pero siendo el mismo componente básico. Así como nuestro cuerpo físico es energía con ciertas características, nuestros pensamientos y sentimientos emiten a su vez energía a una frecuencia determinada. Cuanto más focalizado o intenso es el pensamiento o sentimiento, más directo es el haz energético creado o lanzado al exterior.

La segunda premisa es que “lo semejante se atrae”. La frase exacta es el “like attracts like”, que expresa en inglés el concepto exacto de que aquello que es igual, acaba por acabar junto. Aquello que eres, sientes o tienes, es lo que siempre atraes hacia ti.

La tercera premisa es que el universo es una piscina enorme de energía, o por decirlo de otra manera, un montón de plastilina de la cual somos capaces de coger un trozo y moldearla según nos interese. Es decir, existe una fuente inagotable de recursos en los cuales nuestros pensamientos dirigidos son capaces de influir.

El proceso de atracción

Desde el momento que deseamos algo hasta que aparece en nuestra vida el impulso energético pasa por diferentes estados o fases. Es importante conocerlas pues nos indican en que punto se encuentra la materialización de nuestro deseo. El tiempo que tarda en materializarse algo que deseamos depende de muchos factores, siendo uno de los más importantes tu preparación y nivel de resonancia con el deseo esperado (la vibración a la misma frecuencia de la energía del deseo). Solo atraemos las cosas cuando estamos preparados para recibirlas, y eso es algo que puede retardar que aparezca en tu vida ese amor soñado, ese millón de euros o el chalet en Ibiza. Otro factor importante es la intensidad con la que mantenemos el deseo, no es lo mismo que nuestro “láser” mental este 24 horas moldeando la energía universal para crear tu petición, que una vez a la semana te acuerdes de aquello que pediste y te quejes porque nunca llegue.

El impulso Alfa

Se denomina impulso o onda Alfa al pensamiento inicial que lanzamos cuando deseamos algo. Es la energía concentrada, el láser de nuestra mente que dispara hacia el exterior la idea que deseamos atraer hacia nosotros. Al igual que un rayo lumínico, nuestro impulso alfa tiene diferentes niveles de potencia y alcance, un deseo débil, con dudas, con ahora lo quiero ahora no lo se, no genera más que una débil onda con el contenido energético de aquello que queremos manifestar. Un deseo fuerte, constante y seguro, es como un haz directo y potente que va directo a esa piscina de energía que es el universo con la imagen del deseo a atraer.

La reflexión Beta

Una vez hemos generado nuestro deseo (consciente o inconscientemente), el universo nos responde con lo que se denomina reflexión Beta. Es una especie de “acuse de recibo” que nos indica que se ha recibido nuestra petición. Funciona de forma casi instantánea y sutil, de forma que no siempre nos damos cuenta. Ejemplos de esta reflexión beta es por ejemplo querer manifestar cierta cantidad de dinero y de repente nos encontramos 5 euros en un bolsillo de un pantalón viejo, o escuchamos casualmente una conversación relacionada con el tema con alguna indicación referente al deseo de incrementar el dinero. La reflexión beta no falla nunca, pero no todo el mundo sabe detectarla.

La época de calma (y progreso)

Una vez hemos obtenido el “ok” de que nuestro deseo se ha recibido, debemos mantener la “concentración” y nuestro “láser” enfocado para que la energía que enviamos forme en esa enorme “piscina” universal aquello que queremos. En este caso, la única forma de mantener nuestra energía mental moldeando constantemente nuestro deseo es por medio de “sentir” aquello que deseamos como si ya lo tuviéramos. Es decir, si quieres un coche nuevo, produce mejores resultados y en menos tiempo sentir la sensación de conducir esa maravilla mecánica, el viento de la ventanilla, los fantásticos asientos de cuero, la potencia del coche. Tu imaginación y un poco de voluntad puede hacer el resto. Sentir es más potente que pensar, contiene más energía, por ello, cuando sientes lo que quieres como si ya lo estuvieras disfrutando, es como si pusieras la potencia de tu onda energética al máximo y sintonizaras tu frecuencia interior con la frecuencia del deseo.

Es en esta fase cuando la mayoría de personas abandonan y cuando sus ondas de deseo se diluyen. Como comentaba, debes estar preparado para recibir lo que pides, y debes dar tiempo a que esto aparezca en tu realidad. La clave aquí es mantener constante el sentimiento de que ya tenemos lo que hemos pedido, y puedes hacerlo de muchas formas: visualizando, con afirmaciones, concentrándote cada día en ello, etc.

Proceso de materialización y cambio de estado

Aunque no nos demos cuenta, nuestro deseo se empezó a formar desde el mismo momento en que el universo nos envió su reflexión beta. En estos momentos aquello que deseamos se encuentra en estado energético puro y debe pasar por varios estados hasta convertirse y adecuarse al nivel energético que precisa para aparecer en nuestra realidad. Así, nuestro deseo debe concentrarse, tornarse más sólido y convertirse al nivel vibratorio y frecuencial que se ajuste al nuestro ( a la vez que nosotros nos ajustamos al suyo, para que los iguales se atraigan). Una vez en este estado, ya tenemos prácticamente todo dispuesto para que la ley de la Atracción termine su cometido. Es en esta fase cuando empezarán también a llegarte las oportunidades o indicaciones que debes tomar o hacer para encontrar tu deseo. Estas oportunidades no tienen sino la finalidad de prepararte para recibir lo que has pedido o bien para indicarte el camino hacia donde vas a encontrarlo. Hay que estar atento y saber reconocerlas, pues las puertas que se abren, si no se cruzan, tardan tiempo en volver a abrirse.

La materialización final

Probablemente sin darte cuenta un buen día descubrirás de has conseguido aquello que deseabas y que lo tienes delante de tus narices. Esto es realmente impresionante si eres de los que por ejemplo pones objetivos en tu vida a 6 meses, 1 año y tres años. Cuando estás revisando aquello que pediste hace 1 año, te das cuenta que sin saber como ya se encuentra formando parte de tu vida.

En definitiva, la Ley de la Atracción es una herramienta muy potente para conseguir aquello que queremos, pero no es una varita mágica que hace aparecer en nuestro salón en pocos minutos nuestro deseo. Requiere constancia, demostrar que realmente estamos seguros de lo que queremos, nada de dudas y paciencia. Una vez te haces con el método, no dudas nunca más de su eficacia, y como todas las cosas, con la práctica, cuanto mejor lo haces más rápido se notan los resultados.

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Leyes Universales (I): Ley de la Creación Consciente
por David Topí ·
Empezamos una serie de varias entradas dedicadas a explorar algunas de las Leyes Universales bajo las cuales todos estamos influenciados por el simple hecho de vivir en este planeta. Probablemente la Ley de la Atracción sea la única “ley” que conocemos con algo de detalle gracias a todo lo que se ha publicado ya sobre ella, pero según algunas enseñanzas esotéricas, nuestra realidad en la Tierra está gobernada por nada más y nada menos que 48 leyes espirituales.
Nosotros vamos a tratar con algunas de ellas, todas complementarias, y todas derivadas y relacionadas unas con otras, empezando por la Ley de la Creación Consciente.
Ley de la Creación Consciente
“Aquello sobre lo cual emito pensamientos conscientes, es aquello que empiezo a atraer hacia mí. Aquello sobre lo cual pongo emoción complementando a mi pensamiento, es aquello que llega a mi más rápidamente.“
Como imagino os dais cuenta, esta ley y la Ley de la Atracción se meten normalmente en el mismo saco, siendo esta última el método o proceso por el cual se convierten en realidad aquello sobre lo que pensamos, pero desde el punto de vista del “universo”, ambas leyes son dos cosas ligeramente diferentes.
Observar vs Crear
La ley de la Atracción es como un bumerán, nuestros pensamientos crean nuestra realidad por proyección de la misma a través de la glándula pineal, y lo que emitimos ahí fuera, consciente o no, conforma lo que atraemos hacia nosotros. La Ley de la Creación Consciente es la ley que rige la emisión de una vibración o frecuencia con nuestros pensamientos de forma consciente, específicando aquello que deseamos manifestar.
Evidentemente cuando aplicamos la Ley de la Atracción y su método estamos aplicando esta Ley, pues somos conscientes de lo que estamos manifestando. Cuando vivimos y nos dejamos llevar por las manifestaciones del inconsciente colectivo, la realidad consensuada entre todos, y la realidad creada por nuestro subconsciente, esta Ley está inactiva, y solo la Ley de la Atracción se encuentra operando en nuestra realidad.
Cuando no aplicamos la Creación Consciente estamos siendo simplemente observadores del mundo, no creadores del mismo, al menos en el sentido de “ser conscientes” de ello, y es que la Ley de la Atracción puede trabajar a nuestro favor o en contra nuestro, dependiendo de como nos sentimos, que clase de pensamientos tenemos, que clase de emociones lanzamos al exterior y tenemos, pero está siempre operativa, por el simple hecho de que nosotros siempre estamos pensando y proyectando.
Integrar la Ley de Creación Consciente es usar solo la parte positiva de la Ley de la Atracción, decidiendo de antemano que tipo de pensamiento, vibración y emoción vamos a “lanzar”, deliberadamente, para atraer hacia nosotros aquello que queremos, no aquello que el conjunto de ideas y emociones del resto de personas han creado en nuestra realidad para nosotros.

Leyes Universales (II): La Ley de la Aceptación
por David Topí ·

Esta es la segunda entrada de nuestra serie “Leyes Universales”. Aquí puedes leer el primer post sobre la Ley de la Creación Consciente.

La Ley de la Aceptación es el principio de no acción, de no resistencia, de no juicio.
Esta ley nos dice que lo que resistes, persiste, y nos ayuda a traer libertad a nuestra vida, para ser lo que queremos ser, para estar con quien queremos estar, o para vivir como queremos vivir. La forma de usar esta ley de forma práctica es, primero, permitir a los demás ser como son, y, segundo, permitir a la vida, al universo, que nos envíe todo lo que deseamos recibir. Un bloqueo muy normal a nivel inconsciente de esta ley, que provoca que seamos y tengamos menos de lo que podríamos ser o tener es la idea, implantada en muchas personas, de que “yo no merezco esto”.
Dejar a los demás ser como son
“Soy como soy. Mientras soy como soy, permito totalmente a los demás ser como ellos son”
No hay dos personas en el planeta idénticas, y no hay forma de cambiar a nadie, por mucho que nos empeñemos en ello. Si no aceptamos que cada uno tiene un mundo, una realidad, una forma de ver las cosas, de ser, de comportarse, de amar, de vivir, etc., diferentes, primero, estaremos perdiendo el tiempo y gastando energía en cambiar a alguien que no puede ser cambiado y moldeado a nuestro antojo (por ejemplo nuestros hijos o pareja) y, segundo, con nuestro comportamiento estamos haciendo que los demás no nos dejen ser como somos, vivir como queremos o comportarnos como nos comportamos.
Solo si puedes aceptar, no simplemente tolerar, como son el resto de personas que te rodean, habrás entendido la Ley de la Aceptación. No hacerlo es lo que causa la gran mayoría del sufrimiento en nuestras relaciones con los demás, pues siempre tenemos esa imagen “ideal” de aquellos que queremos, e intentamos que se parezcan lo más posible a ella. Además, si crees de verdad que aquellos que no piensan o actúan de una forma determinada, “tu forma”, están “equivocados”, entonces estás juzgando a la gente.
Juzgando a los demás
Juzgar a los demás es una emoción de bajo nivel frecuencial, y, tal y como explica la Ley de la Atracción, cuanto más vibres con esa emoción más atraerás hacia ti las circunstancias, personas o eventos que te permitan seguir perpetuando ese juicio hacia todo lo que consideras que no está de acorde a tu forma de ver el mundo.
Si necesitas que siempre se actúe de acuerdo a tus criterios, jamás serás feliz y experimentarás la total libertad que proviene de aceptar el mundo tal y como es, y sentir que el mundo nos acepta en consecuencia a nosotros sin juzgarnos. Básicamente así es como empiezan las discusiones, peleas, batallas y guerras.
Siempre funciona
La Ley de la Aceptación es una ley universal. Es eterna, funciona siempre y en cualquier parte. Es una ley absoluta, creas en ella, la pongas en práctica o no, y tiene una gran influencia en nuestra vida, aunque no queramos aceptarlo.
Cuando nos rendimos a la aceptación total, el universo, sus energías y jerarquías creadoras, no encuentran ningún bloqueo para hacernos llegar todo lo que podemos tener, permitimos a todos ser como son y funcionamos con total libertad, sin cargas o proyecciones de los demás que nos limiten o nos pongan pesadas expectativas en la espalda esperando que seas como ellos quieren que seamos.
Leyes Universales (III): Ley de la Abundancia
por David Topí ·

Esta es la tercera entrega de la serie Leyes Universales. Aquí puedes ver la primera entrada sobre la Ley de Creación Consciente y la Ley de Aceptación.
La Ley de la Abundancia
Seguimos con nuestra serie descriptiva de las Leyes Universales, y hoy vamos a explicar la Ley de la Abundancia. Esta ley nos dice que “El universo es infinito. Todo aquello que deseas tiene el potencial de ser creado desde tu propio interior”
El universo, la realidad, el entramado de la Creación, todo es pura energía. La Tierra es energía. Nosotros somos energía. Nuestra vida y todo lo que contiene es energía, y esta energía es inagotable, ilimitada y siempre disponible. Esta energía puede transformarse en absolutamente todo lo que queramos, pues no es más que un gran montón de plastilina de la cual podemos coger un trozo y moldearlo con la forma que queremos que tenga, y encima, quedárnoslo para nuestro disfrute. Vivimos en un universo y un mundo de abundancia, aunque la mayoría de nosotros hemos aprendido que vivimos en un mundo de escasez, donde no hay bastante, y donde efectivamente, se manifiestan realidades en las cuales no hay bastante de nada, por no decir que hay escasez de todo.
La Ley de la Atracción nos dice que aquella vibración que emitimos, es la que atrae a nosotros aquellas cosas y situaciones que tenemos alrededor y que resuenan con nuestra frecuencia, la Ley de la Creación Consciente nos dice que si aprendemos a emitir cierto tipo de vibraciones, atraeremos exactamente aquello que deseemos, y la Ley de la Abundancia nos confirma que no existen límites para aquello que podemos manifestar.
Limitaciones auto-impuestas
Desde un punto de vista físico, energético, no existe ninguna limitación en la fuente de energía que existe en todo y en todos, y que podemos usar para moldear nuestra vida a nuestro antojo. Que sepamos y podamos hacerlo es otro tema, pues la sociedad nos impone unas creencias y limitaciones muy fuertes sobre cuánto podemos tener, cuanto podemos desear, o cuanto merecemos. Todos tenemos bloqueos, sentimientos de culpa, ideas pre-concebidas, miedos, que nos impiden, consciente o inconscientemente, darnos cuenta del potencial existente ahí fuera, o mejor dicho, en nuestro interior, para jugar y moldear esa energía según nuestros sueños.
Eliminar esas creencias limitadoras no es trabajo de un día, pues están bien puestas y programadas en nosotros, pero eso no significa que el universo no sea un infinito recurso que nunca se acaba y que siempre está a nuestra disposición.
Competir para tener más
Estamos tan centrados en la idea de la escasez, que siempre competimos por todo para conseguir cosas antes de que los demás “terminen con ellas” o “nos quedemos sin nuestra parte del pastel”. La competición entre las personas es el reflejo de la mentalidad de que “no hay bastante” para todos. Imaginaros si todos pudiéramos ser, hacer y tener absolutamente todo lo que quisiéramos. ¿En que sana cabeza entraría la idea de pelearnos o discutir por algo si todo el mundo puede tener todo lo que quiere? Sin embargo, puesto que la mentalidad humana y la mente colectiva han creado una realidad común para todos, en la que la norma es pensar que nunca hay bastante, estaremos siempre compitiendo, en cierta forma, para no ser quien se quede sin su parte. Si cambiáramos la forma de ver el mundo, siempre habría bastante. Si algo físico se “agotara”, se crearía otro equivalente inmediatamente y el ciclo sería infinito. Si se trata de algo no físico, ni siquiera tiene sentido plantearse que vayamos a quedarnos fuera del reparto. ¿Qué queremos? ¿más poder? ¿más amor? ¿más riqueza? ¿más carisma? ¿más amistad? ¿más control? De todo eso hay en el Universo, vibrando en la piscina de energía en estado potencial, todo lo que queramos y más. Solo es cuestión de saberlo materializar.
¿Cuándo tenemos bastante?
Uno de los problemas de nuestro condicionamiento es que nunca tenemos bastante, o creemos que no somos bastante “algo” (bastante buenos, bastante valientes, bastante libres, bastante independientes, etc.). La verdad es que somos más que bastante para todo. En este mismo momento, somos perfectos, completos y enteros tal y como somos. La cuestión de desear más no es sino la consecuencia de que nuestro ser está siempre creciendo y expandiéndose, lo cual trae la sensación de que debemos alcanzar más y tener más para estar completos. Pero, en el momento en que llegamos a ese nuevo nivel en el cual tenemos lo que ayer queríamos, estamos de nuevo creciendo, intentando llegar a otro nivel, y ya deseamos más de nuevo. Porque seguimos evolucionando y seguimos buscando nuevas experiencias, a nivel espiritual, y eso se transforma en la idea de que hay que tener y querer más. El problema es que si siempre estamos mentalmente con la sensación de que “no es suficiente”, ¿cuándo conseguiremos por fin sentir que tenemos lo que queríamos? ¿en qué momento será suficiente? ¿cuándo estaremos satisfechos? La respuesta es que nunca lo estaremos.
Si siempre miramos hacia el exterior, a las circunstancias y eventos, esperando que se conviertan en algo que nos de “más”, jamás estaremos un estado de aceptación de lo que somos ahora, en el presente, apreciando lo que ya tenemos. Si continuamos buscando en el exterior, a la caza de cosas para sentirnos llenos, jamás estaremos satisfechos, pues ahí fuera siempre hay más por coger, por obtener y por acumular.
Cuando vives a partir del sentimiento que aquello que tienes ahora es perfecto, que tienes lo que necesitas en este mismo instante, la vida se vive a través de una gran paz. No se trata de conformarnos, sino de aceptar que ahora, en este momento, somos seres completos y en evolución, y que a medida que evolucionemos iremos adquiriendo aquello que nos sea necesario.
Agradecer lo que uno tiene en estos momentos proporciona la tranquilidad y la alegría de saber que se pueden manifestar muchas más cosas; ese sentimiento dará paso a una seguridad de que no es necesario competir para obtener lo que uno quiere, para sentirse feliz, y esa vibración de felicidad será la que atraiga a nuestra realidad situaciones y cosas que sigan perpetuándola.
Las manifestaciones más impresionantes ocurren cuando nuestro estado interior es aquel que resuena con la satisfacción de saber que todo es perfecto en estos momentos y que estamos en paz con nosotros mismos por ello. El amor perfecto, el trabajo perfecto, el entorno social ideal o los recursos materiales, todo puede ser manifestado a partir del sentimiento de que las cosas están bien tal y como están, y el potencial para cambiarlas esta todo dentro de nosotros, y nunca fuera.
Cuenta tus bendiciones, aquello que tienes, y verás que tu vida es mucho mejor de lo que te habías planteado que era, y, por supuesto, sigue evolucionando y creciendo, pero siempre sabiendo que el potencial para tener todo lo que deseas está todo en tu interior, y que solo es necesario activarlo para llegar a disfrutar de la abundancia del Universo.

En anteriores artículos hemos hablado de algunas leyes o principios universales, conceptos que son parte de los procesos y “reglas” que rigen todo lo creado. En este tema, que muchas veces debe ser procesado de forma abstracta y genérica, para ser comprendido intuitivamente, creo que no hemos incursionado nunca en como, estas mismas leyes o principios, pueden llegar a tener aplicación o interpretación por el ser humano, convirtiéndolas en aquello que no son, y, en algunos casos, dándoles la vuelta por completo, para llegar a conseguir que, algo que tiene una “base” correcta en un principio “universal”, se convierta en decenas de “restricciones” y limitaciones para el manejo de nuestra sociedad, bajo el nombre de “normas”, que se nos fuerza a cumplir por parte de las estructuras bajo las que vivimos.
ley de los Opuestos
por David Topí ·

Una vez, una partícula de luz que vivía rodeada de otras muchas partículas de luz decidió que quería conocerse mejor a sí misma. Viviendo rodeada de luz, no le era posible, de ninguna de las formas, percibir en realidad todo lo que ella era, su esplendor, su magnificencia, pues todo lo que tenía alrededor era igual a sí misma, y no podía experimentarse. Así que, como nuestra partícula de luz tenía un fuerte sentimiento de crecimiento personal y sentía la necesidad de experimentar, se fue a la fuente del universo que la había creado y le pidió una fórmula para poder experimentarse a sí misma, para ser luz, y conocer lo que era ser luz. El Creador, para complacer su deseo, solo pudo hacer una cosa: creo la más profunda oscuridad y envió allá a la partícula, para que, en medio de esa nada, terrible y siniestra negrura, pudiera crear y experimentar a sus anchas. Así nació, dicen, la Ley de los Opuestos.
El universo dual
Nada puede existir sin su opuesto, al menos en esta realidad en la que existimos, ya que es producto de un desdoblamiento en dos de la octava original de la Creación. Por cuanto nada puede conocerse si no se conoce lo que representa su contrario, para nosotros, no puedes entender el amor si no existe el odio, no puedes entender y experimentar la libertad si no conoces la dependencia, no puedes expresarte en la abundancia si no existiera la falta de recursos. Todo tiene que tener un opuesto en este mundo en el que experimentamos la vida para poder conocerlo y vivirlo en todo su esplendor, y, aunque no queramos reconocerlo, si no existiera ese opuesto, que siempre vemos como negativo, jamás podríamos disfrutar plenamente de lo que queremos y percibimos como positivo. Esta percepción, aunque correcta al entendimiento del ser humano, es solo una mala decodificación por nuestra configuración mental de la realidad energética del universo, que funciona por tríadas, con tres energías, no dos, faltando en la ecuación la energía equilibrante o neutra.
Para nosotros, el frío no puede existir sin el calor, y el blanco sin el negro, y aunque solo sean extremos del péndulo para un concepto neutro, el de temperatura, aunque solo queramos vivir en sitios donde haga calor, tiene que existir un sitio donde haga frío para que ello sea posible. Aunque solo sea en un pequeño rincón minúsculo de un pequeño sitio del planeta, pero el opuesto de todo aquello que existe en nuestra realidad tiene que estar representado en algún nivel de la misma, para que nosotros podamos apreciar y experimentar eso que estamos deseando. Hasta el momento en el que el ser humano sea capaz de co-crear la realidad en la que vive basado en las tres fuerzas o energías del universo, seguiremos percibiendo está dualidad como la base para la estructura de nuestra existencia, tanto en cuanto, la octava cósmica o procesos que nos han llevado a este tipo de entendimiento, sigue en marcha hasta que la humanidad dé el futuro salto evolutivo al que está abocada.
La Ley de los Opuestos y la Ley de la Atracción
Tal y como dijimos en el post sobre el karma, y la ley de causa y efecto, si creas algo, se ponen primero en marcha las fuerzas opuestas a esa intención y causa original, y luego, se tiene que crear su opuesto también para poder mantener el balance en la estructura de la realidad. Y si ves que cuando deseas algo con todas tus fuerzas, lo que ocurre es que primero ves aparecer ante ti precisamente lo contrario, en vez de echarte atrás y pensar que el proceso de creación consciente no está funcionando, lo que tienes que hacer es alegrarte porque, precisamente, ese proceso está funcionando correctamente. Esto es debido al concepto de que toda fuerza que se emite ejerce una fuerza de igual fuerza pero sentido contrario hacia ella, y está relacionado con la tercera ley de Newton.
Cuando queremos manifestar más abundancia y de repente vemos como baja nuestra cuenta bancaria por un gasto inesperado, o como perdemos alguna posesión, o cuando queremos manifestar más libertad y de repente nos llegan más compromisos, estamos en el buen camino. El efecto de creación del opuesto pasará eventualmente si mantenemos la voluntad firme de ir a por lo que queremos inicialmente, y nosotros terminaremos disfrutando de aquello que habíamos querido crear en un principio, solo que, para que eso fuera así, primero por las leyes mecánicas que rigen el funcionamiento de la realidad, se ha de generar también la fuerza contraria en la cual tu deseo pudiera cobrar vida.
Lo que resistes, persiste
Cada vez que quieras hacer algo con toda tu energía, y te esté pasando precisamente lo contrario, déjalo actuar, no lo resistas y potencia tu voluntad para ganar la partida. Mientras no sepamos como neutralizar, que se puede, esta fuerza opuesta, es mejor dejar que se agote por ella misma. Es parte del proceso. Si ocurre algo que te molesta o que no es lo que quieres, pero que está precisamente relacionado, en el polo contrario, con aquello que estás intentando conseguir, no le ofrezcas resistencia sino que enfoca tu energía en reforzar lo que deseas. La energía de ese evento, hecho o situación pasará, para dar lugar a aquella que representa lo que realmente estás intentando alcanzar. Si te enfocas en el opuesto, le estás dando poder, le estás prestando una atención que no necesita y estas entorpeciendo el proceso de manifestación de lo que si que quieres de verdad.
Opuestos a nivel mundial
Nunca me he atrevido a decir que para que unos vivan en la abundancia otros tienen que vivir en la miseria. Me resulta extremadamente fuera de lugar y difícil de aceptar. Que para que unos vivan felices otros tienen que ser infelices o para que exista algo en un sitio, en otro debe dejar de existir, sobre todo cuando hablamos de cosas o necesidades básicas del ser humano. Hasta ahora no había encontrado una respuesta a esto, y precisamente gracias a unos comentarios que leí de Neale Donald Walsch (el autor de Conversaciones con Dios) he entendido que esto no tiene por que ser así.
A nivel personal, en la realidad de cada uno, la creación de algo pasa por la creación de una fuerza opuesta que se opone a ello, ya que es una ley global, pero esto no tiene mayor trascendencia que el pequeño impacto y beneficio que tiene en nosotros como personas. A nivel de la humanidad, del planeta y de la conciencia planetaria, esto no es del todo exacto. Para que el planeta viva en la abundancia, ¿debe existir la falta de esta en algún sitio?, sí, pero no necesariamente como representación material o real, sino como concepto. El universo no trabaja con sillas, trabaja con “energías”, con representaciones y abstracciones de eso que queremos. Si la conciencia del planeta, y de la raza humana, en su conjunto, decidiera crear una realidad en la cual todos somos felices, tenemos de todo y vivimos en armonía, los conceptos opuestos de infelicidad, falta de recursos y problemas no tendrían porque ser una realidad física en nuestro planeta, sino existir solo como concepto en una realidad superior. ¿Qué significa esto? Que para que algunos vivan bien, no es necesario que otros vivan mal, y que si yo soy capaz de crear una vida buena gracias al poder de mís pensamientos y acciones, todo el mundo puede hacer lo mismo. ¿Es esto cierto? ¿Qué opinarán de este concepto las personas que pasan hambre en África o son víctimas de la guerra? Esto es material para el siguiente post, pues es tema interesante que merece una entrada aparte sobre el que reflexionar
https://raulwexler.blogspot.com/2020/01/2412019-los-8-velos-de-la-percepcion.html
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